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miércoles, 12 de agosto de 2009

007 Y LAS MATEMÁTICAS (ENTRADA REESCRITA)

Ayer vi Quantum of Solace y La verdad oculta (proof).

Lo que más me ha gustado de la primera es la canción de Alicia Keys y Jack White para la banda sonora.

La verdad oculta (proof) cuenta la historia de un brillante matemático, interpretado por Anthony Hopkins, que en su juventud logró demostrar un teorema matemático de enorme dificultad. Pasados los años, sufre una penosa enfermedad que lo incapacita. Su hija, Gwyneth Paltrow, ha heredado su amor por los números, pero sacrificará sus estudios y una prometedora carrera para cuidar de él. Tras fallecer éste, la joven revela un descubrimiento asombroso, pero su hermana y su novio no la creerán. Se trata de una película sobre el sacrificio, el amor y ese límite impreciso entre locura y genialidad. Merece la pena.

P.S.-Las mejores canciones de la saga Bond (a mi parecer): You only live twice (Nancy Sinatra), From Russia with love (Matt Monroe), The spy who loved me (Carly Simon), Diamonds are forever y Goldfinger (Shirley Bassey), Tomorrow never dies (Sheryl Crow) y Golden Eye (Tina Turner, con permiso de Shirley Bassey, la mejor).

viernes, 6 de marzo de 2009

VENGANZA

Querría recomendar una película que se estrenó el año pasado y que ahora podemos encontrar en el videoclub. Se trata de Venganza, de Pierre Morel. Su título original es Taken y su actor principal, un lúcido Liam Neeson. La película trata el escabroso tema de las mafias internacionales, la prostitución forzosa y el tráfico de menores.

Liam Neeson está separado de su mujer. Ambos tienen una hija. Ésta vive con ella y su nuevo marido, un multimillonario que intenta ocupar el lugar de Neeson con afecto y lujosos regalos. No adelantaré nada si revelo que a la chica la secuestran en París en compañía de una de sus amigas. Pero los secuestradores han cometido un error: Neeson no es un padre coraje, es la versión civil de Rambo, un agente al margen de la ley, duro e implacable, que no dudará en dejar títere sin cabeza hasta lograr su fin. Y cómo lo disfruta el espectador, tan necesitado de ver que los malos también reciben lo suyo de vez en cuando...

Cuatro imágenes de la película:

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A la izquierda, el padre, de visita en casa de su ex; a la derecha, su hija, emocionada tras recibir el consentimiento firmado de Neeson para que se vaya de viaje a Europa.

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Neeson encontrará a varias jóvenes en ese lamentable estado de abandono durante la búsqueda de su hija. Las muchachas que son secuestradas son inmediatamente drogadas, violadas y, bueno... A la derecha, un primer plano de Neeson, cara a cara con los malos. Su rostro lo dice todo.

Me pregunto acerca de la venganza. Si puede ser, entre otras, justa, necesaria, ciega y deseada. Creo que el crimen y la represalia son expresiones de nuestra condición humana, pero antes deberíamos conocer su naturaleza. Si se descubriera que el mal es una enfermedad, habríamos alcanzado un logro importantísimo.

Al margen de esto, quise incluir en esta entrada un ensayo titulado Sin conciencia. El inquietante mundo de los psicópatas que nos rodean, de Robert D. Hare (editorial Paidós). Cuesta leer algunas cifras, por otra parte optimistas, que ofrece el libro: en la ciudad de Nueva York viven aproximadamente cien mil psicópatas y dos millones en los EE.UU. No todos son asesinos y muchos nunca pisarán una cárcel. Pueden ser el buen vecino, el médico de prestigio, la maestra de sus hijos, tal vez usted mismo. Son seductores, narcisistas, mentirosos, fríos... Pueden arruinar la vida de quien se cruce en su camino. Nuestros profesores, en una clase de cuarenta alumnos, probablemente estén educando a varios de ellos.

¿Cuántos de estos desposarán a hijas queridas? ¿De cuántas niñas se abusará terriblemente hoy en el mundo? ¿Cuántos seres amados perderemos para siempre? Si nos ponemos en la piel de personajes como el que interpreta Neeson, todos comprendemos su reacción y puede que también la aplaudamos. En una sociedad más ordenada, tal vez no; sin embargo, el nuestro es un mundo turbulento donde el brazo ejecutor no restituye a las víctimas, pero condena sin piedad a los infractores.

Crimen, castigo y conciencia... Parece que no hayamos avanzado nada en mucho tiempo.

domingo, 13 de enero de 2008

DIAMANTE DE SANGRE

Edward Zwick dirigió Diamante de sangre (Blood Diamond) en 2006. Está protagonizada por Leonardo DiCaprio, Dijmon Hounsou y Jennifer Connelly. La acción se sitúa en Sierra Leona a finales del pasado siglo. DiCaprio fue soldado y ahora se dedica al tráfico de diamantes; Hounsou es un hombre que pierde a su hijo, raptado por la guerrilla para su causa militar, y Connelly interpreta el papel de joven periodista en busca de un artículo que narre la realidad de aquel país.

Es una película de acción, cruda, dramática, emotiva e intensa. Ningún espectador quedará defraudado. El refinado ciudadano de la rica Europa no debería perderse este largometraje por varias razones, aunque todas pueden resumirse en dos: dar gracias por lo que tiene para no perder el norte y tampoco su humildad; y cobrar conciencia de una realidad inhumana que, sin embargo, sufren millones de personas.

He vuelto a borrar una entrada que escribí hace poco sobre la situación actual en Kenia y aún no sé el porqué, pero he decidido volver a incluirla, aunque con algún cambio. Sin duda, Diamante de sangre refleja una realidad. Las escenas de Kenia parecían un trailler del largometraje. Será que la violencia en África es igual para todos sus pueblos... inversamente proporcional a nuestra bonanza europea.

Cuando la película termina, uno siente alivio y, al mismo tiempo, una ligera desolación. Alivio porque se acabaron las escenas trágicas de niños fusilando a adultos, de adultos drogando a niños, de hombres buscando diamantes bajo la amenaza de un fusil empuñado por otro hombre, de seres humanos sin rumbo, de un pueblo cercado tras una alambrada extranjera que supuestamente lo protege, de sangre derramada por la codicia de terceros, de caos, de iniquidad... Desolación porque todas esas imágenes se habrán inspirado en hechos reales, porque uno no sabe qué hacer, porque ahora mismo está ocurriendo en muchos lugares algo parecido y seguimos sin hacer nada.

Ojalá un día los diamantes tuvieran para los seres humanos el mismo valor que una piedra común. Quien lleva un diamante, ¿cómo puede saber que no procede de un escenario de guerra promovido precisamente por ese tráfico de joyas que enriquece a los verdugos y sume en el más oscuro fango a los habitantes de las regiones afectadas?