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sábado, 6 de septiembre de 2014

MI CORAZÓN NO ESTÁ AQUÍ


Robert Burns nació el 25 de enero de 1759. Falleció a temprana edad debido a problemas cardiacos. En Escocia el recuerdo de su persona sigue presente, considerado por todos como un icono nacional. Arvo Pärt, compositor estonio, puso música a uno de sus poemas, "My heart's in the Highlands", pieza incluida en la banda sonora de la reciente y ya clásica La gran belleza (puede escucharla en Youtube mientras lee el texto): 

My heart's in the Higlands, my heart is not here,
My heart's in the Highlands, a-chasing the deer;
Chasing the wild-deer, and following the roe,
My heart's in the Highlands, wherever I go.

Farewell to the Highlands, farewell to the North,
The birth-place of Valour, the country of Worth;
Wherever I wander, wherever I rove,
The hills of the Highlands for ever I love.

Farewell to the mountains, high-cover'd with snow,
Farewell to the straths and green vallies below;
Farewell to the forests and wild-hanging woods,
Farewell to the torrents and loud-pouring floods.

My heart's in the Highlands, my heart is not here,
My heart's in the Highlands, a-chasing the deer;
Chasing the wild-deer, and following the roe,
My heart's in the Highlands, wherever I go.

Uno puede imaginar a un hombre que camina solitario por la gran ciudad, ausente del ruido que lo rodea, ajeno a las miradas curiosas que suscita, mientras su espíritu parece en comunión con una naturaleza lejana. La voz del poeta recuerda a la de Jesús en el pasaje bíblico: "Mi reino no es de este mundo [...] Pero mi reino no es de aquí". Las palabras de Burns tienen, por lo tanto, un eco que trasciende lo puramente poético para entronizar la voz del poeta, identificado con la figura de Cristo, y sacralizar sus versos.

Quién hubiera podido, como hicieron los hombres de su tiempo, haber sido testigo de su paso por este mundo, haber visto a ese hombre en tierras de Judea con la mirada puesta en un cielo que está más allá de nuestra limitada percepción humana. Quién pudiera haberlo acompañado, haber visto como sólo Él vio. La historia del hombre no volvería a ser la misma desde entonces. Dos mil años buscando esa línea del horizonte, tan cercana y a la vez tan distante. Pronto, allá en lontananza, un pescador y un poeta, sentados a la vera del camino, nos están esperando.

miércoles, 18 de junio de 2014

COLECCIONES POLÍGLOTAS, LECTORES FELICES


El diario EL PAÍS pondrá a la venta una colección de 20 libros bilingües (inglés-español) a partir del domingo 22 de julio de 2014. Todos los volúmenes incluirán un CD con audio en inglés, y un glosario en ambos idiomas para facilitar la lectura. Se podrán adquirir por 4,95 euros cada domingo al comprar el periódico. El primer título será El fantasma de Canterville, de Oscar Wilde, y  valdrá 1 euro. Otros autores de la colección: Edgar Allan Poe, Charles Dickens, Mark Twain, Jack London, Rudyard Kipling, Arthur Conan Doyle, Joseph Conrad, G. K. Chesterton, etcétera. Esta brillante iniciativa recuerda lejanamente a la colección Read & Listen, de la editorial PONS. En definitiva, dos pequeñas bibliotecas que acercan al lector hispanohablante algunos tesoros de la literatura en inglés. 

No olvidemos las lecturas graduadas, como la excelente serie Penguin Readers, o la audioteca The Classics, de CSA WORD, hoy propiedad de Canon Gate y cuyo catálogo puede adquirirse en formato físico o digital (en este último caso, a través de iTunes). La web actual no me convence si he de ser sincero (antes podías escuchar una muestra de cada disco, se indicaba si la lectura era completa o abreviada, y la navegación resultaba mucho más cómoda). Recuerdo con agrado la edición que hizo Simon Callow del Animal Farm

Los ingleses han sabido enseñar su idioma con gran amenidad. Su literatura, reflejo de ese espíritu, no es una excepción. Tal vez carezca de la gravedad de otras producciones nacionales, pero a cambio suele resultar asequible a la mayoría de los lectores, por lo que no resulta necesario dominar la lengua para entender los textos clásicos. Su vocabulario, heredero mayoritariamente del latín, y una gramática sencilla hacen el resto. Lástima que la fonética le reste puntos. De ahí, me imagino, que se apoyen en los audios. La literatura alemana, al contrario, puede leerse fácilmente desde las primeras lecciones y su potente industria editorial cuenta también con una abultada oferta de audiolibros. Su literatura infantil y juvenil es una de las mejores de Europa. La gramática y el vocabulario, mucho más germánicos que el inglés, dificultan su estudio, pero también estos obstáculos pueden entenderse como un juego que los estudiantes aprenderán a superar con un poquito de esfuerzo. Como dice el refrán, Übung macht den Meister, es decir, la práctica/el ejercicio hace al maestro. El lector puede iniciarse leyendo los entretenidísimos e inolvidables clásicos de Christine Nöstlinger (Intercambio con un inglés Filo entra en acción) ; las míticas Aventuras de La mano negra, de Hans Jürgen Press, o la terroríficamente divertida serie de El pequeño vampiro, de Angela Sommer-Bodenburg. Cosas similares podrían decirse de la literatura en francés, ruso, danés, italiano, etcétera. Quien tiene una buena biblioteca tiene muchos amigos.

lunes, 6 de febrero de 2012

EL BICENTENARIO DE DICKENS EN EL MUNDO (ENTRADA REVISADA)

El diario español EL MUNDO ha preparado una amena introducción a Dickens aprovechando la ocasión de su bicentenario. Valga la excusa para descubrir sus libros o releerlos. En mi caso, ha servido para despertar mi interés por la lectura de La tienda de antigüedades.

miércoles, 16 de diciembre de 2009

HISTORIAS PARA NO DORMIR

Existen dos monumentos de la historiografía literaria inglesa: The Cambridge History of English Literature y The Oxford History of English Literature.

La primera obra consta de once mil páginas y se publicó en Nueva York entre 1907 y 1921. Los expertos opinan que nadie ha logrado superarla. Fue dirigida por Adolphus W. Ward, quien escribió catorce capítulos de su especialidad, y Alfred R. Waller, quien se encargó de otros cuatro. En la obra intervino la flor y nata de la época (J. W. H. Atkins, G. Saintsbury, H. V. Routh, W. J. Courthope, F. W. Moorman, F. E. Schelling, entre otros). En 1927 se añadió un decimoquinto volumen con el índice. Hoy es imposible encontrar una edición moderna, pero el investigador y el lector aficionado pueden leer la obra completa de forma gratuita pinchando aquí (este enlace permite leer, además, cuatro volúmenes extra dedicados al estudio de la literatura norteamericana). También pueden descargarse la obra por volúmenes en formato pdf si acuden al excelente portal The Internet Archive.

George Sampson publicó en 1941 un resumen que condensa los catorce volúmenes de su hermana mayor y lo actualiza incluyendo material posterior a 1916. R. C. Churchill revisó la edición en 1970: The Concise Cambridge History of English Literature, cuya tercera edición en rústica está agotada desde febrero de 2009 (y en tapa dura desde agosto de 1987).

Hoy la página web de Cambridge University Press (USA) ofrece, entre otras, The Cambridge History of American Literature, en ocho volúmenes (no es la misma obra que la incluida en el primer enlace de esta entrada), y The New Cambridge History of English Literature, edición completamente nueva dividida en cinco volúmenes.

Oxford (USA) comenzó la reedición de su mentada historia de 1945. Hasta la fecha se han publicado sólo siete de los quince volúmenes previstos (la reedición incluye dos más que la edición original). Según la crítica, el texto de Oxford tenía varias ventajas sobre la de Cambridge; por ejemplo, contaba con mayor unidad, pues cada volumen estaba redactado por un único especialista a diferencia de la de Cambridge, en la que intervinieron numerosos (aunque reconocidos) expertos. Para Oxford escribieron H. S. Bennett, Edmund K. Chambers, C. S. Lewis, James Sutherland, John Butt, Ian Jack o J. I. M. Stewart.

La misma editorial (Reino Unido) ha comenzado la publicación, a su vez, de una nueva historia de la literatura inglesa. Hasta la fecha, ha lanzado cinco de los trece volúmenes previstos. La obra se titula Oxford English Literary History. Presenta un enfoque diferente. En lugar de una obra de referencia convencional, basada en los autores y libros principales de cada periodo literario, se ha preferido destacar el contexto en el que el libro fue escrito y enfatizar la relación de éste con su época. Después de leer varias muestras, no me convence la idea en absoluto: a una historia de la literatura se le pide lo que es porque lo otro parece más propio de un ensayo académico.

Andrew Sander publicó en Oxford (Reino Unido) un manual que figura en todas las bibliografías universitarias de primer curso: Short Oxford History of English Literature, de cuya tercera edición escriben los editores que es "the most comprehensive and scholarly history of English Literature on the market".

Por último, una obra curiosa: Oxford History of Literary Translation in English.

Ahora que ha llegado el frío y apetece poco salir a la calle, aprovechemos cuando se oculta el sol para leer cerca del calor que brinda una buena estufa. Hoy les ofrecí varios títulos relevantes. Yo siempre sentí mayor interés por estos manuales que por las obras sobre los que me informaban con tanto amor los autores de aquellos. La historiografía tiene algo de artesanal y fantástico. Qué loco propósito pretender informar sobre todos los libros escritos y ordenarlos según un criterio previo. ¡E incluso comentarlos y discutir con otros críticos acerca del valor de cada uno! A los que se dedican a esto les mueve una noble pasión, una certeza romántica: no dejar nada al olvido, preservar lo que un día fue, que el nombre de aquellas personas nunca se extinga. Siento que yo tengo el deber de perpetuar esa verdad humana.

jueves, 30 de abril de 2009

DAUNT BOOKS, EVERYMAN´S LIBRARY Y LOS CUENTOS DE W. SOMERSET MAUGHAM

He pasado unos días en Londres (muy calurosos, por cierto). Voy a redactar una entrada sobre el tema más adelante. Ahora querría escribir sobre Collected Stories, la antología en tapa dura que la editorial Everyman´s Library ha editado de los relatos de W. Somerset Maugham. Tuve el privilegio, además, de comprar mi ejemplar en la que los redactores de Daily Telegraph han bautizado como "the most beautiful bookshop in London - designed for travellers who like reading". Yo creo que no les falta razón. Si el lector es tan afortunado que entre sus planes de futuro se encuentra el proyecto de un viaje a la capital inglesa, le incluyo la dirección postal (no tienen página web, otro encanto más de la librería) de la tienda, por si desea visitarla:

DAUNT BOOKS for travellers, 83/84 Marylebone High Street, London, W1U 4QW. Abre de lunes a sábado, de nueve de la mañana a siete y media de la tarde, y los domingos, de once a seis. Un correo electrónico: orders@dauntbooks.co.uk

Permítanme que incluya unas palabras que encuentro al dorso de su marcapáginas oficial:

"The heart of Daunt Books is an original Edwardian bookshop with long oak galleries and graceful skylights. Its soul is the unique arrangement of books by country - where guides, novels and non-fiction of all kinds will interest traveller and browser alike. Natural light further fills the children´s room full of books for all ages. Here you will also find large selections devoted to gardening, cookery, style and interior design. The galleries hold second-hand travel literature, whilst the front rooms are home to new titles of every category. Here, and throughout the shop, displays suggest the very best books we have read and loved. We are often rated the best travel bookshop, but we try to be much more than that..."

Doy fe de que cada una de esas palabras es cierta. Además, la joven que me atendió, creo que al igual que buena parte del resto de sus compatriotas, rezumaba cordialidad. Cuidan el detalle: la bolsa de la librería, fabricada con productos naturales y reciclable, es una pasada. Visita no sé si obligada, pero sí muy satisfactoria para el turista que se acerque hasta allí.

He leído la entrada que Wikipedia dedica a W. Somerset Maugham. No tuvo una vida fácil, desde luego. Me sorprende que sus relatos no estén traducidos al castellano. En cualquier caso, podemos encontrar varias de sus novelas en nuestro idioma. La más famosa, sin duda, es El filo de la navaja, distinguida con varias adaptaciones cinematográficas, siendo la más conocida de ellas la protagonizada por Tyrone Power en 1946 (se deja ver, recomendada). La edición inglesa incluye una introducción de dieciséis páginas de Nicholas Shakespeare, una completa cronología de otras tantas páginas y una selecta bibliografía. A continuación, el índice de los relatos incluidos:

In a Strange Land - Rain - The Fall of Edward Barnard - The Pool - Mackintosh - The Happy Couple - The Unconquered - Before the Party - The Yellow Streak - The Vessel of Wrath - The Force of Circumstance - The Alien Corn - Virtue - The Bum - The Treasure - The Colonel´s Lady - The Human Element - Footprints in the Jungle - The Book-bag - The Back of Beyond - Mayhew - Mirage - The Letter - The Outstation - Red - Miss King - The Hairless Mexican - Giulia Lazzari - The Traitor - His Excellency - Sanatorium

Everyman´s Library edita sus libros en Alemania (y eso se nota para bien). El formato de los libros de poesía me resulta incómodo, demasiado pequeño, pero el de novela es excelente. La calidad del papel, la impresión, los márgenes... todo está perfecto. Ha seleccionado los cien libros fundamentales que todo lector debería tener en su biblioteca. Los títulos se pueden ver aquí. Yo me quedo con la nómina de autores de relatos que ha publicado la editorial hasta la fecha. Destacaría a los autores ingleses de misterio: J.M. Cain, R. Chandler, D. Hammet o P. Highsmith. Para mi gusto, es la editorial inglesa más selecta que he conocido. Y, lo mejor de todo, con una relación calidad-precio insuperable. El volumen de cuentos de Maugham, sólo 14,99 libras.

sábado, 4 de abril de 2009

PRACTICAR INGLÉS CON LA AYUDA DE INTERNET

Un buen ejercicio para mejorar nuestro conocimiento de la lengua inglesa consiste en leer alguno de sus textos clásicos al mismo tiempo que seguimos atentamente su corresponidente audiobook. Desgraciadamente, comprar un ejemplar de cada sale caro (y, a diferencia de lo que ocurre en Alemania, por poner un ejemplo, el mercado anglosajón no ofrece un gran catálogo de títulos). Internet nos ayuda en este caso. Por ejemplo, podemos leer y escuchar 1984, de George Orwell, si buscamos el texto aquí y el audiobook aquí. Recomiendo leer cada capítulo antes de seguir la lectura con el audiobook (el hombre lee perfectamente, pero algo rápido para mi gusto).

miércoles, 14 de enero de 2009

TIERRAS DE PENUMBRA

[Aviso: Esta entrada contiene información sobre el argumento de la película que quizás usted no desea conocer antes de haberla visto.]

Tierras de penumbra (o, en su inglés original, Shadowlands) fue el título que sirvió a Sir Richard Attenborough para adaptar la novela de C. S. Lewis Una pena en observación. Se rodó en Inglaterra en 1993 y debe su guión a William Nicholson, quien llevó previamente el libro al teatro.

Me imagino que el lector de este blog conocerá bien el argumento, pero tal vez lo haya olvidado parcialmente. Como bien recordará de inmediato, la película cuenta el romance que surge entre el profesor de literatura en Oxford, Clive Staples Lewis, y Joy Gresham, una escritora estadounidense que se instala en Londres con su hijo pequeño. Como es evidente, la obra está basada en hechos reales (por alguna razón que se me escapa, todos llaman cordialmente Jack a C. S. Lewis).

No hay romance en el cine que termine bien. Desconozco la ley que lo exige, pero funciona con inflexible crueldad. Parece que el ser humano estuviera condenado a ser infeliz. Se dice que, por ese motivo, todos recordamos con intensa emoción nuestros amores pasados y, con especial dolor, alguno de ellos.

La esposa de Jack, como bien sabemos todos, fallece tempranamente debido a un cáncer. La relación con Joy había despertado en el profesor una alegría inusitada. Pero será una relación breve. Pronto aparecerá la enfermedad, su lucha y, finalmente, la terrible claudicación ante lo inevitable. Una pena en observación es el recuerdo de aquel amor, una reflexión dolida, el relato de una pérdida. Joy fue muchas cosas para el autor. Fue también la experiencia, esa "maestra brutal" que comenta en un momento de la película, que le hizo ver su equivocación, lo erradas que habían sido todas las palabras pronunciadas hasta entonces en sus célebres discursos acerca de Dios y del dolor.

Me gustaría destacar, al margen de lo brevemente apuntado hasta ahora, la maravillosa capacidad inglesa para recrear ambientes y su refinado estilo a la hora de escoger los mejores decorados. Una película rodada en el Reino Unido suele ser sinónimo de buen gusto en todos los sentidos. Nadie mejora, por otra parte, la soberbia interpretación del actor inglés.

Si alguien desea familiarizarse con este estilo de cine y, más allá, con la vida reposada de mediados del siglo pasado en aquella pequeña localidad de Oxford, aquí tiene una cinta extraordinaria. Debo señalar que desconozco si el interior del campus universitario era tal y como aparece en la película y tampoco sé si el vagón de tren que aparece en un par de ocasiones coincide con el que se usaba en la época. Por otra parte, nunca tuve la oportunidad de visitar el interior de una casita de campo inglesa. Con esto quiero decir que no sé si la película es un retrato fiel de aquel Oxford lejano ya en el tiempo, pero me imagino que coincidirá bastante con la impresión que todos tenemos de aquél (y eso ya es un logro mayúsculo: al menos, haber creado la ilusión de ser real). Confiemos en que la reputación de los responsables que hicieron posible Tierras de penumbra estuviera, también en esta ocasión, a la altura de su merecida fama. En tal caso, podremos estar seguros de que la realidad se asemejó bastante a todo cuanto hayamos visto en la película.

Permítanme que termine esta entrada citando el pasaje en el que Jack recuerda las palabras que dan título al largometraje. Son parte breve de un supuesto relato del autor:

"Vivimos en tierras de penumbra. El sol siempre brilla en otra parte."

sábado, 3 de enero de 2009

LAS VIEJAS BIBLIOTECAS


Cuando al atardecer paseo por la ciudad, las luces de los domicilios demoran mi paso. Entonces me fijo discretamente en el interior de alguna casa. Su dueño quizás ha dejado las cortinas descorridas o las ventanas están parcialmente abiertas, lo que se dice entornadas, para que se ventile la estancia. A veces, si hay suerte, puedo ver la biblioteca. Suele ocupar una habitación de tamaño medio y es un placer cuando todas las paredes están tapadas por un hermoso mueble de madera oscura. Personalmente, las librerías en color blanco me desagradan. En ocasiones, no es frecuente pero aún se ve, las estanterías, que en esos casos no tienen puertas de cristal, se han pintado de verde. Un verde botella bastante alegre. Suelen ser baldas largas, están abombadas por el peso de los libros y estos se han colocado con descuidado esmero y, a diferencia del mueble de anticuario, éstas han sido trabajadas a medida por un ebanista del barrio. Me gustan mucho porque no suelen dejar demasiado espacio entre los anaqueles: es como ver un muro de papel, un muro que no divide, sino que cobija (no obstante, se sabe de casos en los que la librería sepultó a su desgraciado dueño).

A mí me gusta el mueble sobrio y sencillo, con puertas de cristal, que suele alcanzar los dos metros. La madera, en esos casos, es maciza y se ha escogido un acabado elegante, quizás en un tono oscuro. Personalmente no me gustan los detalles dorados. Una cornisa lo distingue del mueble de fábrica. Resulta importante la elección de unos pomos discretos. No es necesaria una cerradura, pero subjetivamente ésta siempre añade un toque de distinción al mueble (parece así que custodiara objetos de enorme valor dignos de protegerse con llave), aunque generalmente no pase de ser un adorno o un complemento y, por lo tanto, sea prescindible. La simetría es fundamental, pero no suele resultar práctica: los libros se editan en distintos formatos, conque ocuparán más o menos espacio en cada caso. Si las baldas no están situadas a la misma altura, entonces convendría que el cristal fuera opaco o que aquella irregularidad se disimulara de algún modo. En los muebles aparadores, me refiero a los de cocina, se puede colocar una cortinilla interior que impide ver el tótum revolútum de platos, vasos, ollas y latas en conserva; no obstante, ese caos universal puede dejarse a la vista en el caso de la librería. Desconozco la razón.

En mis paseos no suelo ver dos tipos de muebles que también me gustan mucho: el aparador de salón y el librero bajo. Si paseamos por Madrid, por ejemplo, en los barrios del centro como Chamberí o los Austrias, las casas son de techo alto y suelen rematarse con un falso balcón en la fachada. Al tener ventanas tan altas, uno puede apreciar los detalles más íntimos de la casa y casi podría ver hasta el tipo de suelo (el otro día aprendí que en la Argentina llaman piso al suelo y que éste suele ser en madera, un parqué formado por listones de la mejor madera que aquí suelen costar una fortuna y con los que allí se equipan casi todos los apartamentos de Buenos Aires o, al menos, los que yo he podido ver hasta la fecha). Si uno camina por los antiguos bulevares, esto es, desde Colón hasta Princesa aproximadamente, los viejos edificios con ese aire tan castizo de la capital hispana no suelen albergar domicilios particulares, sino oficinas, a veces departamentos ministeriales, clínicas privadas o el estudio de algún modisto de renombre; en cualquier caso, inmuebles que han pasado varias revisiones y que han sufrido, por lo tanto, numerosas reformas en su interior. No esperemos allí la estética original del edificio, el viejo salón oscuro ni la librería de toda una vida custodiada por un anciano devorador de gestas históricas, romances decimonónicos y aventuras de ultramar. Lo más probable, lo más triste, es que aquellos hombres oscuros, los que solían caminar como bultos negros en la noche fría de la capital, hayan muerto ya derrotados tras la implacable lucha que siempre gana el tiempo, abandonados en su vejez por hijos ingratos, quizá solteros, sin amigos reconocibles, iluminados por la clarividencia que concede la soledad y la lectura de años, mustios, comidos por la humedad de la buhardilla eterna a la que nunca se asomaron para ver pasar las nubes blancas, el sol regio ni las jóvenes que cruzaban la avenida y pasaban su alegría de una acera a otra cerca de la animada plaza en cuyos cafés, igual que en un tiovivo, desfilaban las modas, las generaciones, las alegrías, los sueños y alguna tristeza. Y no sé por qué razón, aquellos bohemios a su manera se llamaban Sansón, Jacinto, Eliodoro, Salustiano o Gregorio y a algunos los vecinos de la escalera los conocían por su apodo. Todos ellos habrían conocido una existencia más feliz si hubieran bajado, de vez en cuando, al café de la plaza y allí hubieran pasado un rato distraídos y acompañados.

Y es que en el café podemos entretenernos mirando a la gente o leyendo un libro ligero. La ligereza es un don exclusivo del buen escritor y no debe confundirse con la vulgaridad. Chesterton es un ejemplo de lo que escribo. En 2008, con medio siglo de retraso, llegó a nuestras librerías Lectura y locura (Ediciones Espuela de Plata), libro póstumo que recoge numerosas columnas que el autor inglés publicó semanalmente en el periódico Daily News. Cuando uno lee a Chesterton tiene la impresión de estar perdiendo el tiempo, a veces de perderlo con aburrimiento, hasta que encuentra un pasaje ingenioso, un juego de inteligencia o una broma imprevista que justifican sobradamente el intento y rechazan nuestra crítica anticipada. Sin embargo, el lector considerará que muchos de sus libros son excepcionales. Desconozco la razón de esta irregularidad. Los artículos que integran Lectura y locura no representan una excepción: si bien el texto que da título al libro y lo introduce promete bastante, "Mudanza", que es el siguiente, decepcionará al lector, pero "Un cuento de hadas" o "El inglés curioso" lo emocionarán. He notado que las palabras de Chesterton suelen evocar los textos clásicos y al poeta inglés, que bien podrían ser todos y todos podrían ser Shakespeare. La inteligencia del autor crea juegos de palabras, generalmente paradojas, que, sin embargo, yo me resisto a considerar como tales, pues veo en aquellos una verdad revelada de un modo sorprendente y, no obstante, una verdad al fin y al cabo. Nadie diría que resulta paradójico afirmar que "dos más dos son cuatro" por muy poéticamente que se dijera. Por otra parte, todos sabemos que Chesterton hizo una defensa de la fe católica desde la razón, la inteligencia y, nuevamente, el talento verbal. No se trataba de doblar cucharas con insólitos adjetivos: el inglés veía la verdad y nos la contaba tal cual la veía, tal cual era, digamos, de un modo que él considera platónico o simplemente infantil. De hecho, la infancia y el juego son dos constantes en este libro. Quien decida leerlo convendrá conmigo en que las palabras de Chesterton transmiten un optimismo vital. Yo creo que esa sola característica hace merecedor de lectura al autor. Por último, conviene indicar que la editorial El Acantilado ha publicado en español otros muchos ensayos en dos volúmenes (creo que varios de los artículos reunidos en Lectura y locura se encuentran en aquellos): Correr tras el propio sombrero (y otros ensayos) y Lo que está mal en el mundo.



Chesterton despierta la imaginación del lector. Éste, a raíz de una anécdota leída en el libro, ramifica su argumento y crea una historia nueva y original. Por ejemplo, cuando uno se encuentra con el siguiente fragmento:

Todo cuanto podemos hacer es aceptar [...] el principio general de que hay una especie de relación extraña, muchas veces repetida pero hasta ahora aún sin explicar, entre encender la pólvora y oír una fuerte explosión. Es aquí donde podemos percibir la filosofía profunda y sabia del cuento de hadas. El químico nos dice: "mezcle estas tres substancias y se producirá la explosión". El buen mago del cuento de hadas nos dice: "cómete estas tres manzanas y al gigante se le caerá la cabeza" [...] El químico habla en un estilo y un tono particulares que sugieren la existencia de una filosofía abstracta, una especie de relación inevitable entre las tres substancias y la explosión. [...] El método del cuento de hadas, por el contrario, es mucho más filosófico. El mago nos dice: "Haz sólo esta cosa extraordinaria y sucederá esta otra cosa extraordinaria totalmente distinta. Ignoro por qué ocurre, y ni siquiera sé si siempre va a ocurrir. Pero es algo que merece la pena tener en cuenta cuando nos disponemos a matar a un gigante" (Páginas 143-144)

¿En qué piensa el lector a continuación? Probablemente intente recordar si leyó alguna vez un cuento de hadas en el que algún personaje llevara a cabo experimentos según el criterio científico de nuestros días. Al no recordar ninguno, imaginará cómo sería la historia. De repente, el lector se ha convertido en autor y está fantaseando con el argumento inaudito de un intrépido investigador empírico que se enfrenta a los mecanismos de la profunda filosofía del sinsentido que habita en el universo literario de los cuentos de hadas. Forzosamente recalará en el misterioso puerto de la novela gótica. Allí su navío echará el vuelo y generará monstruos como el Dr. Frankenstein, el Capitán Nemo o el pobre Inventor, padre de Eduardo Manostijeras. Parece que la literatura reprobase al científico y maldijese su obra. Seres inocentes y extraños en un mundo hostil donde padecen la condena que no les fue impuesta sufrir a sus hacedores. Criaturas malditas... Igualmente, la realidad no ve con buenos ojos a aquellos que ven en la naturaleza una magia oculta, una sorpresa constante. Por eso aquélla se encarga de hacer tempranamente adultos a los niños, pues todos saben que la infancia es la edad de la fantasía y, forzosamente, ha de durar poco tiempo aquí, entre nosotros. Si el lector es benévolo, inventará una historia fabulosa en la que ambos mundos convivan armoniosamente. Creo que el musical es una aproximación. Yo, sin embargo, prefiero adentrarme en el universo literario e imaginar las peripecias de un científico entre magos y hechiceros. Imaginen a los pacientes de ese posible doctor: pudiendo curar las caries de sus pacientes con una piruleta mágica, estos optarían por la angustia del quirófano y el empaste dental.

Creo que la ciencia es un castigo a nuestra soberbia. Como dejamos de creer que podíamos cubrir largas distancias con sólo desearlo, el hombre tuvo que estudiar el modo de desplazarse y así estudió física, mecánica, ingeniería y otras disciplinas para "descubrir" el avión, el tren, el carburante o la electricidad. Por supuesto, sería mucho más práctico entrar en el armario de la habitación y decir tres veces "Qué tiempo tan excelente hizo ayer en Londres" para salir nuevamente de allí a tres mil kilómetros de distancia. Pero, en fin, cualquiera contradice a uno de esos locos de bata blanca...
Para terminar, referiré las palabras que escribió un autor que no consigo recordar ahora: "Y, sin embargo, creo que la cortesana sabe mucho más que yo". De eso precisamente escribiré en otra ocasión.

miércoles, 24 de diciembre de 2008

NAVIDAD DEL 2008


Según tengo entendido, era una tradición victoriana leer cuentos de fantasmas en la noche de Navidad. Pensé que Charles Dickens sería la elección perfecta.


lunes, 22 de septiembre de 2008

UN PASEO POR HOLANDA E INGLATERRA (ENTRADA REVISADA)

La serie "Paraísos cercanos", que se emitió ininterrumpidamente durante semanas hasta hace poco, aún puede seguirse en el segundo canal de TVE algún que otro domingo a la hora del almuerzo. Ayer se ofreció a los espectadores el dedicado a Holanda. Desde la página web "tve a la carta", puede verse íntegro si se pincha en el siguiente enlace:

A Vision of Britain Through Time es una página web donde se repasa el devenir de la isla desde 1801 hasta 2001. Incluye mapas, estadísticas, descripciones históricas escritas por sus principales talentos literarios y otros muchos datos de enorme interés para los lectores más curiosos.

lunes, 18 de agosto de 2008

LOS SEÑORES DE LA VIDA Y LA MUERTE

"El mejor relato del mundo", escrito por Rudyard Kipling hará un siglo, contiene, entre otras, estas líneas finales:

"Now I understood why the Lords of Life and Death shut the doors so carefully behind us. It is that we may not remember our first and most beautiful wooings. Were this not so, our world would be without inhabitants in a hundred years [...] Grish Chunder was right. Charlie had tasted the love of woman that kills remembrance, and the finest story in the world would never be written."

Doña Gema Vives tradujo el texto del siguiente modo (v. página 162 de El hombre que quiso ser rey y otros relatos, ed. Taifa, Barcelona, 1986):

"Ahora comprendía por qué los Señores de la Vida y la Muerte cierran las puertas con tanto cuidado detrás de nosotros. Es para que no recordemos nuestros primeros y más bellos amores. De no ser así, el mundo se quedaría sin un solo habitante en cuestión de cien años [...] Grish Chunder tenía razón. Charlie había gustado el amor de mujer, que mata el recuerdo, y el mejor relato del mundo no se escribiría nunca."

Es ese tipo de amor el que impulsa a los hombres a arriesgarse, a probar otra vida distinta a la que han cultivado. Esta mañana revisé El jardinero fiel (The Constant Gardener, 2005). La película muestra la lucha entre varias ongs internacionales y una empresa farmacéutica europea que utiliza a la población marginal de Nairobi como conejillo de indias en las pruebas de un nuevo fármaco. Más allá de esta trama, el largometraje cuenta la historia de amor de dos personas muy diferentes: Rachel Weisz es Tessa, una joven idealista, enérgica y valiente que redacta un demoledor informe contra los intereses de la empresa farmacéutica, industria amparada por los amigos de Ralph Fiennes, quien interpreta a un exitoso diplomático inglés, Justin Quayle.

La escritura, al igual que la jardinería en el caso del personaje de esta película, retiene a ciertos hombres. Sin embargo, para algunos sólo la vida de acción resulta auténtica y por ella están dispuestos a morir. No sé si llega a tanto el hombre de letras de nuestro tiempo. A todos nos consta que, en momentos de dificultad, el escritor de raza da lo mejor de sí. Ahí tenemos a tantos mártires del siglo XX que terminaron sus días en siniestros rincones de este pobre mundo por el que muchos pasaron sin gloria alguna, salvo la de resistir con y sin fe, eso tan necesario para andar el camino del martirio. El personaje de Roth sublima sus desdichas con absenta y otros licores, y, entre vapor y vapor, expía su culpa y dignifica su existencia con un último gesto de grandeza moral, que es la humana. Justin Quayle lo logrará por el amor, ese amor de mujer que probó Charlie, el joven protagonista del relato de Kipling, y, sin embargo, despertará: Quayle despertará al mundo, se abrirá intensamente a la vida y renunciará a ella cuando, lejos del refugio, compruebe que nada merece la pena en ausencia del verdadero amor, uno de los primeros y más bellos, excepto terminar la obra que no pudo acabar Tessa, quien fue para él, sin lugar a dudas, el sentido último de su existencia, la flor principal de su querido jardín.

P.S.- La película se rodó en varios poblados chabolistas de Kenia. Con "poblado chabolista" uno no puede hacerse una idea aproximada de lo que son esos infiernos. La pareja protagonista y el escritor John Le Carré, en cuya novela homónima está basada la película, decidieron abrir una fundación para paliar la miseria de aquel lugar. Más información en su página web: The Constant Gardener Trust. El sitio contiene, además, enlaces que el lector de EL BLOG ILUSTRADO debe visitar sin falta. Nuestra propia dignidad y la vida de millones de seres inocentes están en juego. ¿Cuántos días más podrá el mundo rico mirarse al espejo y no sentir asco por permitir tanta iniquidad? ¿Hasta cuándo durará nuestra autocomplacencia? No somos culpables del mal que cometen otros, pero muchos de nosotros podríamos decir BASTA. Si no lo hacemos, si seguimos mirando hacia otro lado, nos convertimos en cómplices de esa vileza.

domingo, 22 de junio de 2008

ENTRETENIMIENTO 100%

He dedicado este fin de semana a ver cine. Seis interesantes películas de las que quiero destacar dos:

Conversaciones con mi jardinero. Existe una completa web que hace innecesaria mayor écfrasis. Para visitarla, pinchen aquí. Creo que los espectadores pasarán un rato agradable.

Stardust (existe una versión española de la web oficial). Les recomendaría que no visiten el enlace, que se acerquen primero a su videoclub o que compren el deuvedé en alguna tienda. Stardust es una película que hace justa la consideración del cine como séptimo arte. Una historia de aventuras, brujas, estrellas caídas del cielo, amores verdaderos, unicornios, encantamientos, rivalidades entre herederos y muchas más cosas que pueden ver los niños (a partir de los siete años) y que los adultos disfrutarán igual que estos. Stardust es puro espectáculo, emoción sin tregua, fantasía y magia a raudales, tradición e innovación, en fin, una obra de arte. Robert de Niro merecería un Oscar por su interpretación. La película está basada en la novela homónima de Neil Gaiman.

domingo, 27 de abril de 2008

EL JARDINERO, DE KIPLING

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Borges dirigió una colección de literatura fantástica para el editor italiano Franco Maria Ricci. Aquélla se llamó "La Biblioteca de Babel" y conoció su versión castellana en la editorial Siruela. Uno de los títulos se consagró al escritor inglés Rudyard Kipling. Borges afirma en el prólogo a la antología La Casa de los Deseos que decidió incluir "The Gardener" ("El jardinero") porque es uno de los relatos cuya lectura más le ha conmovido. Afirma que hay un milagro en sus páginas y que el lector puede advertirlo, no así su protagonista. Sin embargo, Borges se cuida mucho de determinar cuál es el milagro en cuestión y apela a nuestro criterio. Muy elegante, pero inútil para nuestras pesquisas. Escribo esto por lo siguiente:

Acerca de la figura del jardinero del relato de Kipling se han escrito muchas páginas. La crítica lo ha asociado con Cristo, aunque es una afirmación demasiado atrevida que no pasa de lo puramente conjetural. Desde hace poco sostengo la teoría de que a Kipling hay que leerlo en su idioma natal. En este caso fueron dos: el inglés y el que conoció antes en su India natal, a saber, el hindi, la lengua oficial de la nación más extensa de Asia después de Rusia y China, y de la que alguien afirmó paradójicamente que "es más grande que el mundo entero". Si leemos el texto en inglés, dice así al final: “and she went away, supposing him to be the gardener.” ¿Qué nos hace suponer que el jardinero es Cristo? Simplemente Kipling nos dice que la mujer se marcha del cementerio y que, al volver la vista atrás, ve al hombre con el que ha hablado antes y que ahora sigue trabajando con sus plantas. De lo que obviamente supone que se tratará del jardinero. ¿Por qué no dejarlo ahí? Porque todos conocemos las aficiones de Kipling y sus textos. Además, si en inglés quedara tan claro que simplemente la mujer supone que se trata del jardinero, ¿a cuento de qué vendrían los estudios que han publicado los críticos ingleses? ¿Quién es el jardinero? Nadie lo sabrá nunca.

El propio autor escribe, unas pocas líneas antes de concluir el relato, que se trata evidentemente de un jardinero. Eso me hace recordar que Kipling perdió a su hijo en la I Guerra Mundial. También, que Kipling sirvió de cerebro en la formulación de la "Imperial War Graves Commission". Todo el argumento del relato -que escribió en un par de días y de cuya elaboración fue dando cuenta en sus diarios- le tocaban muy de cerca. Yo sostengo que la figura del jardinero es la de un buen hombre conmovido por el dolor de todos aquellos que se acercan a él preguntando por la tumba de su familiar. Tal vez éste sirvió, en el propósito de Kipling, de figura consoladora. Me imagino la terrible tragedia de esas madres y pienso que muchas de ellas podrían leer ese relato. ¿No sería bueno pensar que un hombre anónimo puede lamentar la pérdida de nuestro hijo y que, mostrándose tan compasivo, nos acompañe, nos aliente y nos reste parte del dolor? ¿Me equivoco si pienso que una persona así podría hacernos mucho bien en una circunstancia como ésa? La literatura y el cine están llenos de personajes como éste: el buen sacerdote que acompaña a los olvidados, el abogado honrado que defiende la causa perdida, el médico infatigable que investiga la cura para una enfermedad terrible, etc. Tal vez identifiquemos a ese buen hombre, a ese anónimo jardinero con la parte más noble y merecedora de nuestra naturaleza humana. Introducir personajes como éste es afirmar que aún existe la bondad y que persiste después de la tragedia. Su compañía, aunque breve, aunque humilde, nos da eso que necesitamos para parar un instante, respirar hondo y seguir nuestro camino. Esas personas, reales o ficticias, son las enfermeras del alma y gracias a ellas recobramos el ánimo. No me extraña, entonces, que los críticos y los lectores crean que el jardinero es Cristo.

Acaban de publicarse dos antologías de los relatos de Kipling: una en la editorial Sexto Piso y otra en Acantilado. Recomiendo la lectura de los siguientes dos ensayos en inglés: ensayo 1 y ensayo 2.

jueves, 6 de diciembre de 2007

DOS INGLESES EN KAFIRISTÁN

Quien quiera conocer bien cómo fue la vida de Rudyard Kipling puede empezar leyendo las palabras que Jorge Luis Borges le dedicó en sus ensayos literarios (v. tb. las palabras de Chesterton aquí). Vida y obra se terminarán confundiendo a la postre, pues la biografía del escritor inglés -nacido en la India- parece nutrirse de las aventuras, lugares y personas que después encontraremos en sus libros, de modo que el azaroso devenir del inglés podría considerarse, sin miedo a equivocarnos, el perfecto argumento de una gran novela de aventuras.

Al igual que en el caso de Stevenson, no encontraremos ningún renglón aburrido en Kipling. Muchos han apuntado ya que, además de Shakespeare, nadie como aquél escribió en inglés con tan rico vocabulario. Se dice que "usaba el diccionario completo", pero que nunca resultaba pedante. ¿Quién puede olvidar su poema If?

El director John Huston llevó a la gran pantalla uno de sus cuentos. "El hombre que pudo reinar", que los lectores españoles encontramos publicado en varias ediciones, se tituló en el cine The Man Who Would Be King. Sean Connery y Michael Caine protagonizaron este clásico del cine de aventuras y Christopher Plummer dio vida al propio Kipling en una breve -pero memorable- actuación. Si tienen la oportunidad, aprovechen los lectores españoles este puente de la Constitución para disfrutar de este largometraje que reune las esencias del gran cine de aventuras: una buena historia enmarcada en un lugar lejano y exótico, una pareja protagonista con la que el espectador se identifica o simpatiza al instante, dosis de humor y acción, un elemento misterioso (en este caso, la masonería) y la belleza épica del inconfundible sello Huston.

Existe una Sociedad Kipling con página web en inglés que recomiendo a todos los lectores. Me interesó, entre sus muchos enlaces, el catálogo de cuentos y los comentarios a cada uno.

En la imagen superior, Christopher Plummer como Rudyard Kipling; en la inferior, Daniel Dravot (Sean Connery) y Peachy Carnehan (Michael Caine) llegando a la ciudad santa de Sikandergul.

jueves, 28 de junio de 2007

ALBION NOS SALUDA DESDE LOS CIELOS

Gilbert Keith Chesterton nació en Londres el 29 de mayo de 1874. En las librerías de la capital inglesa terminaría por burlar a la Muerte con el paso de los años. Sus múltiples libros han llegado hasta nosotros en diferentes idiomas y algo de su ingenua frescura y su irreverente buen gusto perduró: eso que llamamos estilo y que es el sello inconfundible del genio. Tanto harán los traductores para respetarlo.

En la obra del escritor londinense destacan los ensayos, la balada y la narración breve, aunque también publicó un par de novelas. Hoy me limitaré a su faceta como ensayista, pues quiero dar noticia de una nueva traducción. Me refiero a la biografía que escribió Chesterton sobre ese raro hombre inglés que se llamó William Blake, aunque puede ser que tuviera algo de irlandés y, sin embargo, poco importa eso ahora. Chesterton también sintió curiosidad por otras figuras de las que redactó sendas biografías: Santo Tomás de Aquino, San Francisco de Asis, Robert Louis Stevenson, William Cobbett o Charles Dickens. ¿Quién olvidó, por poner otro ejemplo, su breve introducción a la historia de Inglaterra?

De Chesterton, aparte de sí mismo, han dado noticia de su biografía un buen puñado de escritores. Y, casualmente, la vida de un autor es, para los lectores, la relación de sus escritos. La mejor definición de aquél, pues, la encontraremos en sus páginas. Pero no me resisto a recordar una cita de mi admirado Jorge Luis Borges, que reconoció siempre su feliz deuda con el orondo escritor londinense:

"Hubiera podido ser un Edgar Allan Poe o un Kafka; prefirió -debemos agradecérselo- ser Chesterton [...] El escritor más popular de su tiempo es una de las figuras más simpáticas de la literatura"

Se acaba de editar su William Blake en castellano. Lo ha publicado Ediciones Espuela de Plata (o, lo que viene a ser algo similar, la Editorial Renacimiento) con un prólogo de André Maurois. Debemos la impecable traducción de este clásico inglés a Victoria León, quien ha realizado una tarea excelente. Da gusto leer así.

domingo, 1 de abril de 2007

UNA DE CINE


Me llama la atención que, después de llevar unos meses con el blog, no haya escrito practicamente nada sobre cine. Creo que las películas me gustan más que los libros. Salvo excepciones, creo que aquéllas superan a los otros: son un arte más perfecto, más acabado. Cuando uno lee, por ejemplo, ¿qué banda sonora acompaña la lectura de los renglones aparte de la voz que los lee? Algunas de las más grandes recreaciones cinematográficas de los clásicos de aventuras no serían nada si no se apoyasen en la imaginación de un escritor extraordinario. El sustrato fílmico, por lo tanto, es deudor de la empresa literaria; no obstante, la película siempre va más allá que el libro. Algunos textos son ingeniosos y nos hacen reír a carcajadas, pero no siempre la maestría de un gran escritor puede compararse con la chispa repentina de una escena magistral en la gran pantalla. El cine permite la yuxtaposición de planos: la literatura, que se construye con palabras, es tan lineal como la propia lengua (un punto a favor más del cine). La literatura exige mucho al lector; el cine, muy poco: quien toma un libro en sus manos debe adoptar una postura, prestar atención, mostrarse activo y dar por hecho que todo lo que va a leer lo comprende; en cambio, el espectador es pasivo, puede ponerse cómodamente a sus benditas anchas y da igual si conoce el nombre y la utilidad de la mitad de las herramientas de un barco pirata: ya está el sabio director ahí para enseñárselo todo nada más se nombre. Por ejemplo: ¿quién sabe qué es una "braza" y qué ocurre si ésta es "arrancada de su perno" o qué significa "mantenerse a sotavento"? Cuando el narrador nos dice que "desde el frente de la toldilla gritó el contramaestre", ¿quién sabría explicar qué es una toldilla y qué papel cumple un contramaestre en un barco? ¿A qué hace mención un marinero si éste grita: "¡la cubierta se larga! ¡El barco se libra!"? Y estos son ejemplos bastante sencillos: ¡imaginen la descripción somera de la cubierta de un buque o la narración de una batalla naval! En Piratas del Caribe o Master and Commander: al otro lado del mundo, por citar un par de ejemplos modernos, esas dudas son asunto de mínima consideración. Si leemos algún clásico literario, como El negro del Narcissus, de Joseph Conrad, todas esas preguntas exigen una respuesta. El diccionario nos da la respuesta, pero rompemos el ritmo de la lectura y ello acaba con la magia del instante, de la escena trepidante que dejamos a medias. Por eso las salas se llenan para ver a Russell Crowe, pero las librerías agonizan porque nadie quiere leer los avatares de James Wait, el negro del Narcissus que da nombre a la novela de Conrad. Los puristas afirmarán que hay algunas recreaciones cinematográficas infieles, que los vestuarios y la decoración no se ajustan a la realidad y que la escenificación de los hechos resulta patética. El cine también es cultura, pero hoy en día se convirtió en puro espectáculo y a nadie le importa si las calzas de los romanos son como las que aparecen en Ben Hur o no.

Esta semana he recibido una importante remesa de libros. Entre los muchos títulos, el ya citado de Joseph Conrad. Ayer compré un DVD: Lord Jim, protagonizada por un pletórico Peter O´Toole y dirigido por el célebre Richard Brooks, responsable de otras magníficas producciones: A sangre fría, Dulce pájaro de juventud o La gata sobre el tejado de Zinc. Creo que van a volver los clásicos que han cubierto, desde hace años, esa franja tonta de la sobremesa del fin de semana que ninguna cadena ha sabido muy bien cómo tratar (y menos mal que así ha sido). Gracias a ello, en cadenas como Telemadrid se han podido ver los mejores clásicos de aventuras de todos los tiempos. A partir de ahora, EL BLOG ILUSTRADO recordará algunos de esos títulos inolvidables de cuando en cuando. Así todos podremos recordar glorias pasadas que siempre han estado ahí, en el lugar que suelen ocupar los clásicos por derecho propio.

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sábado, 31 de marzo de 2007

ROBINSON CRUSOE, DE DANIEL DEFOE



Llegó el fin de semana y las recomendaciones literarias con él. Escribo esta entrada en la noche cerrada del viernes y me temo que me acompañará durante las primeras horas del sábado. Por lo tanto, me imagino que voy a retrasar un día la entrada prometida al viernes. En cualquier caso, nunca es tarde si la dicha es buena. Yo así lo creo.

Daniel Defoe nació hacia 1660 y su gloria lo volvió inmortal. De su interesante y movida existencia nos da noticia una generosa entrada de la Encyclopaedia Britannica y podemos saber más de él si buscamos en alguna buena historia de la literatura inglesa, por ejemplo, The Cambridge History of English and American Literature, en dieciocho volúmenes (v. 1). No he consultado la monumental obra publicada por Oxford, pero creo que el volumen correspondiente a Defoe aún no se ha publicado.

Sorprende que Borges no haga referencia al autor salvo en un artículo de tres páginas que lleva por título "Daniel Defoe: Las venturas y desventuras de la famosa Moll Flanders". El lector lo encontrará en Biblioteca personal. Robert Barnard, también escueto, nos informa sobre el autor, sus visicitudes y las dos obras literarias que lo encumbraron: Robinson Crusoe y Moll Flanders. Esteban Pujals, en su Historia de la literatura inglesa, ofrece una imagen del escritor y sus libros más allá del simple esbozo, aunque no deja de resultarnos un boceto de algo mejor. Volviendo a Borges, que sentía debilidad por las paradojas, escribió que Swift pasó a la historia de la literatura infantil por un libro dirigido a los adultos, él, que tan poca simpatía demostró por los niños. Esteban Pujals introduce la obra de Defoe y Swift como los dos principales precursores de la novela inglesa moderna.

La crítica literaria siempre estuvo en contra de Defoe, pero hoy se le rinde el culto que su obra merece. No obstante, el éxito de Robinson Crusoe fue inmediato y conoció varias traducciones en toda Europa. El libro está basado en un hecho real: Alexander Selkirk, después de discutir acaloradamente con el patrón de un barco, pidió ser conducido a la isla de Juan Fernández, donde sobrevivió más de cuatro años. Defoe tuvo oportunidad de que el propio Selkirk le narrara sus hazañas. El libro, no obstante, es más extenso y no se limita a narrar la crónica de un naúfrago llegado a una isla semidesierta. Su autor viajó por el sur y el centro de Europa llevado por sus obligaciones laborales. Había recibido una esmerada educación. A pesar de todo, conoció la ruina e incluso la cárcel. Esteban Pujals concluye así su análisis:

"El éxito de Robinson Crusoe no se debe tan solo a sus cualidades literarias, sino a su significado. La clase media lectora de la Inglaterra del siglo XVIII entendió el simbolismo que contenía la figura de este hombre activo y resuelto, dominador de la naturaleza, triunfador de las dificultades que presenta la vida. En esta novela Defoe exaltaba el individualismo y, al mismo tiempo, expresaba las ambiciones y el espíritu emprendedor de un grupo social capaz de crear riqueza de la nada, de salir adelante con los restos de un naufragio, de vencer la adversidad a fuerza de perseverancia y valor"

Lindas palabras, ¿no es cierto?. En español existen diversas traducciones. Sin desmerecer la labor de otros, querría destacar de entre todas la traducción clásica, la que Julio Cortázar realizara para una publicación bonaerense de 1945 y que los editores españoles rescataron en Debolsillo, Mondadori y Valdemar. A continuación, me referiré a esta última, pues contiene las hermosas imágenes a todo color que N. C. Wyeth, aquel mítico ilustrador de aventuras clásicas, incluyera por primera vez en 1920. En algunos de sus dibujos veo algo de Beruete y de Sorolla, sin dejar de ser un lejano eco fortuito de aquellos, que me llenan la vista de luz y colores vistosos como algunos verdes y otros de tonos violáceos. Existe, incluso, un museo en la costa este de los Estados Unidos de Norteamérica dedicado a su obra que puede consultarse electrónicamente (v. 2). ¿Quién podrá olvidar sus ilustraciones de La isla del tesoro, por citar tan solo un ejemplo más?

Una lectura pensada para jóvenes y mayores. Algunos libros de la buena literatura no entienden de edades: son universales y aguardan el momento propicio para la lectura. Lectura dichosa, sin duda alguna.

Los amigos de EL BLOG ILUSTRADO que busquen un título con el que iniciarse en la lectura materna de obras extranjeras, encontrarán el inglés de Daniel Defoe muy asequible y se alegrarán cuando comprueben que podrán pasar páginas enteras sin apenas hacer uso del diccionario. Para finalizar la entrada, acabaré con el párrafo inicial del libro en su lengua original y en la traducción de Julio Cortázar:

I was born in the year 1632, in the city of York, of a good family, though not of that country, my father being a foreigner of Bremen, who settled first at Hull. He got a good estate by merchandise, and leaving off his trade, lived afterwards at York, from whence he had married my mother, whose relations were named Robinson, a very good family in that country, and from whom I was called Robinson Kreutznaer; but, by the usual corruption of words in England, we are now called - nay we call ourselves and write our name - Crusoe; and so my companions always called me.

Nací en el año 1632 en la ciudad de York, de buena familia aunque no del país, pues mi padre, oriundo de Bremen, se había dedicado al comercio en Hull, donde logró una buena posición. Desde entonces, y luego de abandonar su trabajo, se radicó en York, donde casó con mi madre; ésta pertenecía a los Robinson, una distinguida familia de la región, y de ahí que yo fuera llamado Robinson Kreutznaer, aunque por la habitual corrupción de voces en Inglaterra se nos llama Crusoe, nombre que nosotros mismos nos damos y escribimos y con el cual me han conocido siempre mis compañeros.

lunes, 26 de marzo de 2007

TRES BUENAS EDICIONES


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Podemos decir que Dante Alighieri fue un escritor perfecto. En toda su producción literaria, no se encontró ningún error. Sólo hay un punto que mantiene dividida a la crítica, que no sabe cómo juzgarlo: Manto es ubicada en dos lugares distintos, lo que resulta imposible, pues a cada personaje le corresponde un único lugar. Borges dedicó un ensayo a la Commedia (Nueve ensayos dantescos) y la edición castellana de la editorial Océano incluye un prólogo del escritor porteño que empieza así: "Imaginemos, en una biblioteca oriental, una lámina pintada hace muchos siglos. Acaso es árabe y nos dicen que en ella están figuradas todas las fábulas de las Mil y una noches; acaso es china y sabemos que ilustra una novela con centenares o millares de personajes. En el tumulto de sus formas, alguna -un árbol que semeja un cono invertido, unas mezquitas de color bermejo sobre un muro de hierro- nos llama la atención y de ésa pasamos a otras. Declina el día, se fatiga la luz y a medida que nos internamos en el grabado, comprendemos que no hay cosa en la tierra que no esté ahí. Lo que fue, lo que es y lo que será, la historia del pasado y la del futuro, las cosas que he tenido y las que tendré, todo ello nos espera en algún lugar de ese laberinto tranquilo... He fantaseado una obra mágica, una lámina que también fuera un microcosmo; el poema de Dante es esa lámina de ámbito universal". La lectura de la Commedia conlleva otras paralelas: la Summa Theologica, de Santo Tomás; el Roman de la Rose, cuya interpretación en la Commedia es análoga a la que los exégetas hicieron de El Cantar de los Cantares; el Tratado de la Trinidad, de Agustín de Hipona, llamado santo; la obra de Aristóteles, entre otras. En sus páginas se plantea el dilema que mantuvieron tomistas y averroístas durante la Edad Media: ¿podrá ver el hombre a Dios en vida o sólo después de muerto? La Encyclopaedia Britannica dedica una extensa entrada a la voz "Dante" que merece toda nuestra atención. La lectura de la Commedia soporta cuatro niveles de significado: literal, alegórico, moral y anagógico. Existe una Società Dantesca Italiana (v. 1) que ha publicado, en tres volúmenes, la mejor edición crítica del texto. Ilustraron la Commedia Sandro Botticelli, William Blake y Gustave Doré, siendo el tercero de estos el más sobresaliente, aunque el retrato más famoso del autor se lo debamos a Luca Signorelli (v. 2). Ángel Crespo fue el mejor traductor en castellano y le debemos un librito introductorio titulado Dante y su obra. La edición de Aguilar, hoy disponible en una colección de quioscos, incluye la traducción de aquél y las ilustraciones de Doré. En España existe una revista universitaria dedicada a la vida y obra de Dante (v. 3). Nada hay gratuito en la Commedia y todos los castigos son justos (v. "ley del contrapaso"), de ahí que se cometa una injusticia al llamar "escena dantesca" a los escenarios de catástrofes naturales o atentados, pues así se afirma inconscientemente que las víctimas merecían ese castigo cuando, en realidad, son víctimas de un accidente que, en este caso, solemos llamar "acto terrorista". Preferimos entender que se trata, antes bien, de un descuido al hablar.


Thomas Mann escribió La montaña mágica para la posteridad. El tiempo y la eternidad tienen algo en común con el transcurso de los días y sus respectivas noches en el sanatorio para tuberculosos de la montaña. La consciencia de la quietud, como la de las aguas mansas de un río que nunca es el mismo. Der Zauberberg, una novela para leer durante el resto de nuestras vidas. La edición que se muestra más arriba es una de las más elegantes. Existe otra que incluye un libro igual de voluminoso que la novela con notas y un gran aparato crítico. El texto comienza así: "Ein einfacher junger Mensch reiste im Hochsommer von Hamburg, seiner Vaterstadt, nach Davos-Platz im Graubündischen. Er fuhr auf Besuch für drei Wochen". Tres semanas... El lector que desee una buena traducción al español cuenta con una nueva edición que merece muchísimo la pena. La encontrará publicada en Edhasa (v. http://www.edhasa.es/).

EL BLOG ILUSTRADO ya dedicó varias líneas a William Blake. Remito a los lectores a la entrada del día 26 de enero de 2007 titulada "Blake, Fromm y Gutenberg".

domingo, 18 de marzo de 2007

TEATRO, NOVELA Y CINE

María Mercedes Romero Peña puede ser considerada la voz más autorizada sobre el teatro español de las primeras décadas del siglo XVIII. La Fundación Universitaria Española acaba de publicar una parte de su impresionante tesis doctoral. El libro se titula El teatro en Madrid durante la Guerra de Independencia, 1808-1814. Mis mejores deseos de futuro para esta prometedora joven.

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Un par de novelas/autores para (re)descubrir a partir de la semana que viene:

Herman Hesse: Bajo las ruedas

La crónica de una estancia en el infierno y el final trágico de una joven vida. Otros libros del autor: Siddhartha, Demian, El lobo estepario, Leyendas medievales, El último verano de Klingsor, Peter Camenzind o El juego de abalorios. Herman Hesse nació hace ciento treinta años, el dos de febrero de 1877 en Calw (sur de Alemania). Hijo de una familia de misioneros protestantes, el éxito de Peter Camenzind en 1903 le permitió vivir con independencia económica. Vivió cerca del Lago Constanza y viajó a la India. Su obra tiene algo de autobiográfico y los protagonistas de sus libros, un trasunto de sí mismo, una especie de alter ego del autor. La búsqueda del yo, el contacto con la naturaleza y la sociedad hostil son constantes de su literatura. En 1946 recibió el Premio Nobel de Literatura. Sus acuarelas son celebradas por su colorido y delicadeza, y acompañan páginas imperecederas del propio Hesse. Fue un hombre de fuerte personalidad. Nunca dejó sin contestar cada una de las cartas que le llegaban diariamente a su domicilio. Falleció en Montagnola, Suiza, el nueve de agosto de 1962. Herman Hesse es uno de los autores alemanes más leídos de todos los tiempos. Gunnar Decker escribió un ameno diccionario sobre la vida y la obra del autor titulado HESSE-ABC. Lo publicó la editorial Reclam en 2002. Existe un portal en internet dedicado a la memoria del escritor. Facilito la versión en castellano: http://www.hermann-hesse.de/es/

Joseph Roth: La leyenda del santo bebedor

Joseph Roth escribió esta novelita en 1933. Se la considera su testamento autobiográfico y literario. Nació en Brody, actual Ucrania, en 1894. Falleció en París a finales de mayo de 1939 sin conocer los horrores de la II Guerra Mundial, pero habiendo condenado los excesos del régimen nazi. Dio cuenta de ello en sus artículos de prensa. Hoy se han recogido varios volúmenes en los que denuncia abiertamente los crímenes de la Alemania hitleriana y de su dictador: El Anticristo, El juicio de la historia o La filial del infierno en la tierra son buenos ejemplos. Relató a sus contemporáneos el ocaso de una civilización y el final de un orden social: la caída del imperio austrohúngaro. Lo que le sucedió fue la banalización del mal y la democratización de la vulgaridad. Los lectores del autor recordarán breves piezas como Confesión de un asesino, Hiob o sus célebres Marcha Radetzky y La cripta de los capuchinos. Podríamos acabar estas líneas afirmando: Joseph Roth o el triunfo de la melancolía.

Naguib Mahfuz: El ladrón y los perros

Sorprenderá a muchos que, pasados un par de meses de la muerte del Premio Nobel egipcio Naguib Mahfuz, aún no se haya hecho eco de la noticia ninguna publicación especializada de nuestro país y que no se le haya rendido ningún homenaje. A la espera de que llegue y se le haga justicia, hoy recomiendo a los lectores de EL BLOG ILUSTRADO un par de novelas del autor: El ladrón y los perros está basado en un hecho real que conmocionó a la opinión pública de El Cairo; El callejón de Midaq (o de los milagros) narra la historia de las gentes de un viejo callejón de la gran ciudad egipcia, sus miserias, aspiraciones, sueños y desdichas. Esta última novela es un fresco mosaico de los fondos de El Cairo: sus personajes perduran en nuestra memoria vívidos y reales como la triste vida que les tocó vivir (el tipo que lesiona las extremidades de los mendigos para que puedan ganarse la vida pidiendo una limosna que luego pasa él mismo a recoger, la joven muchacha que sueña con un futuro de lujo y termina prostituyéndose para el proxeneta que le había prometido medrar, el dueño del antiguo bazar y sus sueños de enamoradizo frustrado, el barbero Abbas...). Quizá de menor consideración sean, entre otras, El café de Qushtumar, a donde acuden cuatro viejos amigos para hablar sobre el paso del tiempo y cómo les fue en la vida; Amor bajo la lluvia o La guerra de Tebas. La llamada Trilogía de El Cairo le valió al autor reconocimiento mundial como el gran narrador de la literatura en árabe de nuestro tiempo. Amenazado de muerte por considerarle hereje un grupo extremista, vivió recluido en su casa durante el final de su vida. Falleció el treinta de agosto de 2006 a los noventa y cuatro años de edad en su ciudad natal. El Cairo ha enmudecido con su pérdida. La literatura de nuestro tiempo, también.

Ray Bradbury: Fahrenheit 451

Tres novelas fundamentales del siglo XX con un denominador común: 1984, Fahrenheit 451 y Un mundo feliz. En una sociedad futura, los bomberos ya no apagan incendios, sino que los provocan. Leer se ha convertido en una actividad ilegal y los libros son pasto de las llamas. Algunas personas esconden bibliotecas en sus casas y los hay que viven libres en el bosque: cada uno de estos ha memorizado un libro y se les conoce por el título y no por su nombre de pila. La historia narra la conversión de Montag, un joven bombero que un día decide pasarse al bando contrario cuando descubre la pasión de la lectura que le había sido arrebatada por un estado que le privó del derecho a decidir bajo el supuesto de que la lectura hace infelices a las personas. El resultado es un mundo aséptico cuyo principal pasatiempo es ver la televisión interactiva que cuelga de todas las paredes de la casa. Algunos de los pasajes de este libro son antológicos. François Truffat llevó al cine esta poderosa novela con gran acierto y fidelidad.

Christopher Isherwood: Adiós a Berlín

Bastaron dos novelas al inglés Christopher Isherwood para convertirlo en un escritor de culto y de éxito mundial. Adiós a Berlín está inspirada en la estancia del autor en la capital alemana antes de los trágicos años de la II Guerra Mundial. Berlín está presente en los personajes, ahorrándose el autor la topografía de las avenidas y parques de la harapienta ciudad a excepción de un par de ocasiones, sobre todo cuando describe la zona elegante donde reside uno de sus alumnos adinerados. El señor Isherwood vive en la casa de Frau Schroeder, donde siempre falta comida y hace un frío espantoso. Allí convive con otros inquilinos: la cantante bávara Fräulein Mayr, Frau Kost... Sin embargo, Isherwood hará amistad sincera con la joven Sally Bowles, quien se enamorará de él y con quien pasará todo el tiempo. Otros personajes entran en escena, pero es la relación de Sally y el autor la que da sentido a la novela. Una adaptación musical de Adiós a Berlín se llevó al cine: la oscarizada Cabaret. Si Truffaut acertó con su versión de Fahrenheit 451, no menos éxito cosechó Bob Fosse con su versión del clásico inglés. Liza Minnelli, Michael York y Helmut Grien dieron forma a tres protagonistas eternos, la forma exacta de los sueños.

John Kennedy Toole: La conjura de los necios

Ignatius Reilly es, por derecho propio, uno de los protagonistas literarios de la novela norteamericana del siglo XX. Eso a pesar de que los libros no debieran adscribirse a ninguna corriente literaria ni agruparse en función de caprichosas diferencias políticas o idiomáticas: el escritor escribe al margen de dichas consideraciones. Pero resulta cómoda su ubicación si concedemos validez al protocolo académico e historicista. Bueno es aceptarlo, aunque tampoco le demos demasiada validez. Consideraciones metaliterarias aparte, fue la madre del autor, de John Kennedy Toole, quien se puso en contacto con Walker Percy para que leyera la novela que había escrito su difunto hijo. Lo que continuó fue la crónica de un éxito editorial y de crítica sin parangón. El contenido de la novela tampoco permite establecer comparación alguna. La comedia, que poco a poco se nos atragantará como un nudo en la garganta, deviene en tragedia. Texto autobiográfico de un joven que terminaría suicidándose en 1969 a los treinta y dos años de edad; tal vez sus páginas recojan aquello que no supo decir a su madre, una forma de justificación, un "yo acuso" a la sociedad que le tocó en desgracia soportar. John Kennedy Toole también es autor de otra novela: La biblia de neón.

Libros, libros y más libros... A nosotros nos es tocado pasar, ellos perdurarán. A veces, mirando a través de la ventana, me gusta soñar con las generaciones venideras, ilusionarme fútilmente con todo lo que un día mis ojos no verán. ¿Cómo recibirán nuestros biznietos el legado que hoy transmitimos a nuestros hijos? ¿No pensaron que somos el fruto de la ilusión de miles de generaciones? ¿Imaginaron los días que vivió un ancestro ignoto, tal vez una tatarabuelo? Tan lejano y misterioso, tan determinante y cercano. Nosotros, que somos textura tejida por los hilos de la Historia, pasaremos... Disfruten, queridos amigos de EL BLOG ILUSTRADO, de sus días. Nos volveremos a ver por aquí en breve: dicen que hay vida más allá de los cincuenta centímetros que me separan de la pantalla del ordenador. Ahora deseo redescubrir el barrio y quizás haga una incursión al centro de la ciudad. Hasta el jueves.