Mostrando entradas con la etiqueta Prostitución. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Prostitución. Mostrar todas las entradas

jueves, 5 de mayo de 2011

LA DROGA Y LAS PESADILLAS DE LA REALIDAD

Réquiem por un sueño fue dirigida por Darren Aronofsky en el año 2000. Basada en la novela homónima de Hubert Selby Jr. (Requiem for a Dream, de 1978), cuenta la historia de una madre, un hijo, su novia y un amigo. La madre vive sola, pegada al televisor del salón y recordando a su marido ya fallecido. Teme las visitas de su hijo, que sólo acude a casa para llevarse la televisión que luego pretende empeñar para conseguir dinero fácil. Suele acompañarlo un colega. Los dos gastan el dinero en droga, pero pronto se les ocurre la idea de trabajar como camellos. El negocio les funciona al principio, hasta que todo se tuerce un día en el que se produce un tiroteo y su proveedor es asesinado. Enganchados a la droga, buscan desesperadamente una salida a sus problemas económicos. La novia del chico, también con mono, comienza a prostituirse por una dosis. Mientras tanto, la madre del protagonista inicia un plan para adelgazar tras haber recibido la llamada de un programa de televisión anunciándole que ha sido escogida para participar como invitada especial. Un especialista le receta unas pastillas que le harán perder peso y, con él, la cabeza.

La película cuenta la caída de estos cuatro personajes. Los abismos de la droga, de la soledad y del pasado. Si no fuera por su excesiva dureza, algunas imágenes demasiado explícitas y momentos realmente angustiosos, debería ser una cinta de visionado obligatorio en los centros de enseñanza secundaria; no obstante, éstas son sus principales virtudes. Por eso, tal vez por eso, quizá por su realismo crudo, por la violencia descarnada, por la angustia sin maquillaje, por la alienación de la vida moderna que expone, también por su hipnotizante música... quizá por eso y por más deberían echarla en todas las aulas de España.

lunes, 11 de mayo de 2009

YO, CRISTINA F.

Acaba de salir a la venta el dvd Yo, Cristina F. Es la primera vez que disponemos en español de esta interesantísima película alemana que cuenta la historia real de Christiane Vera Felscherinow, una joven berlinesa que, en la década de los setenta, siendo una adolescente de trece años, vagaba por las calles de la capital prusiana en busca de una dosis. La cinta es dura, pero hay que verla. Si alguna película debe pasarse en los institutos españoles es ésta. Los jóvenes están muy confundidos con el tema de las drogas. Es un asunto gravísimo que se nos está yendo de las manos. No es posible que aceptemos impotentes las cifras que nos ofrece el Ministerio de Sanidad, que el Plan Nacional Sobre Drogas no surta efecto, que la irresponsabilidad de los padres y la inconsciencia de los hijos arrojen datos tan inquietantes. Según el Informe Anual 2008 del Observatorio Europeo de las Drogas y la Toxicomanía, el 22% de los ciudadanos adultos de Europa (setenta y siete millones de habitantes) consume cannabis habitualmente (este año la cifra de consumo llegó a veintitrés millones de personas), doce millones toman cocaína, once millones han consumido anfetaminas a lo largo de su vida y más de dos millones y medio tomaron este año éxtasis.

Todos sabemos que la mayoría de los jóvenes asocia drogas a tiempo de ocio. ¿Cuántos chavales drogados condujeron este fin de semana por las carreteras de Europa? ¿A cuántos inocentes se habrán llevado por delante con ellos? ¿Cuántas familias han quedado rotas para siempre? Si eso es diversión...

Yo, Cristina F. está a la venta en las tiendas FNAC con un 50% de descuento. Será por facilidades, ¿no?

Más información sobre esta película en EL BLOG ILUSTRADO pinchando aquí y aquí.

viernes, 6 de marzo de 2009

VENGANZA

Querría recomendar una película que se estrenó el año pasado y que ahora podemos encontrar en el videoclub. Se trata de Venganza, de Pierre Morel. Su título original es Taken y su actor principal, un lúcido Liam Neeson. La película trata el escabroso tema de las mafias internacionales, la prostitución forzosa y el tráfico de menores.

Liam Neeson está separado de su mujer. Ambos tienen una hija. Ésta vive con ella y su nuevo marido, un multimillonario que intenta ocupar el lugar de Neeson con afecto y lujosos regalos. No adelantaré nada si revelo que a la chica la secuestran en París en compañía de una de sus amigas. Pero los secuestradores han cometido un error: Neeson no es un padre coraje, es la versión civil de Rambo, un agente al margen de la ley, duro e implacable, que no dudará en dejar títere sin cabeza hasta lograr su fin. Y cómo lo disfruta el espectador, tan necesitado de ver que los malos también reciben lo suyo de vez en cuando...

Cuatro imágenes de la película:

...

A la izquierda, el padre, de visita en casa de su ex; a la derecha, su hija, emocionada tras recibir el consentimiento firmado de Neeson para que se vaya de viaje a Europa.

...

Neeson encontrará a varias jóvenes en ese lamentable estado de abandono durante la búsqueda de su hija. Las muchachas que son secuestradas son inmediatamente drogadas, violadas y, bueno... A la derecha, un primer plano de Neeson, cara a cara con los malos. Su rostro lo dice todo.

Me pregunto acerca de la venganza. Si puede ser, entre otras, justa, necesaria, ciega y deseada. Creo que el crimen y la represalia son expresiones de nuestra condición humana, pero antes deberíamos conocer su naturaleza. Si se descubriera que el mal es una enfermedad, habríamos alcanzado un logro importantísimo.

Al margen de esto, quise incluir en esta entrada un ensayo titulado Sin conciencia. El inquietante mundo de los psicópatas que nos rodean, de Robert D. Hare (editorial Paidós). Cuesta leer algunas cifras, por otra parte optimistas, que ofrece el libro: en la ciudad de Nueva York viven aproximadamente cien mil psicópatas y dos millones en los EE.UU. No todos son asesinos y muchos nunca pisarán una cárcel. Pueden ser el buen vecino, el médico de prestigio, la maestra de sus hijos, tal vez usted mismo. Son seductores, narcisistas, mentirosos, fríos... Pueden arruinar la vida de quien se cruce en su camino. Nuestros profesores, en una clase de cuarenta alumnos, probablemente estén educando a varios de ellos.

¿Cuántos de estos desposarán a hijas queridas? ¿De cuántas niñas se abusará terriblemente hoy en el mundo? ¿Cuántos seres amados perderemos para siempre? Si nos ponemos en la piel de personajes como el que interpreta Neeson, todos comprendemos su reacción y puede que también la aplaudamos. En una sociedad más ordenada, tal vez no; sin embargo, el nuestro es un mundo turbulento donde el brazo ejecutor no restituye a las víctimas, pero condena sin piedad a los infractores.

Crimen, castigo y conciencia... Parece que no hayamos avanzado nada en mucho tiempo.

miércoles, 23 de julio de 2008

NATASHA EN LA GRAN VÍA

El programa "Documentos TV" que ofrece el segundo canal de la televisión pública española desde mediados de 1986 ha emitido hoy un documental necesario para la dormida conciencia europea. "Esclavas del sexo" es el retrato de varias jóvenes eslavas llevadas a Turquía para prostituirse contra su voluntad. Se les considera mercancía que puede comprarse y venderse impunemente.

He escrito sobre este problema en entradas anteriores (v. Prostitución). Hoy quería facilitar el enlace que conecta con el documental emitido hoy en televisión. Desgraciadamente, RTVE sólo ofrece en internet los primeros minutos de emisión, pero son suficientes para que el lector se pueda hacer una idea:

La página de RTVE dedicada al documental:

En el documental participa el investigador Víctor Malarek, autor de un libro titulado Las Natashas tristes. Se llama Natasha, o se entiende por tal, a la prostituta eslava. La semejanza entre esclava y eslava, al menos en este caso, excede tristemente los límites de la paranomasia. Y eso, para vergüenza propia. Resulta interesante la lectura de la entrevista que el señor Malarek concedió al diario español EL MUNDO:

Kailas Editorial publicó Las Natashas tristes en castellano.

Me parece increíble que algunas de estas chicas se prostituyan en calles de España como la Gran Vía. Tenemos el inhumano escaparate de la esclavitud en nuestra propia ciudad. Basta con salir a última hora y darse una vuelta desde Callao hasta la Red de San Luis. Pasas al lado de esas pobres jóvenes y cada una de ellas es la cara de una historia más cruel que las anteriores. Veo pasar a varios hombres de vez en cuando. Ellas se acercan porque están ahí para encontrar clientela y ellos las rechazan con asco, con fingida indiferencia, a veces las desprecian violentamente y sólo unos pocos las miran a la cara y pasan de largo sintiendo lástima. "Hola, guapo", te dicen. Y uno no sabe qué hacer. ¿Qué hacer para que esas chicas puedan vivir una vida feliz con sus seres queridos? Quizá sea mucho pedir. Tal vez las cosas son como son y punto. A lo mejor hay que aprender a resignarse y a aceptar el mundo que nos ha tocado. ¿Dónde están los políticos, los jueces, la voz del pueblo? No todo puede valer indefinidamente.

Natasha salió hoy. Espera junto al escaparate de la Casa del Libro. Mira a sus compañeras. Se acerca a varios hombres. Piensa en su familia. Se detiene unos segundos aburrida en las promociones editoriales que destaca en su escaparate la librería. Se acerca su proxeneta. "¿Qué pasa? ¡Espabila, niña tonta, putita de mierda!" Ella dirá en voz baja "Que te jodan, hijo de puta, cabrón, cobarde". Y, cuando termine la noche, habrá sido violada, porque ésa y no otra es la palabra, ¿quién sabe cuántas veces? ¿Cuántas veces tendrá Natasha que repetir en silencio a su proxeneta "Ojalá te mueras" para que hagamos algo por ella? ¿Esperaremos a que el "Ojalá te mueras" se lo diga a sí misma o moveremos el culo a tiempo? "Me aburro. Tengo mucho tiempo libre." ¡Qué gran frase imperdonable! Lo que podríamos hacer y no hacemos porque no nos da la puta gana...

Natasha es más joven que yo. Podría ser el recuerdo de algún intercambio de estudiantes que uno tenía en la universidad. No hace mucho de eso. Nada más lejos de la realidad. "Hola, guapo" ¡Qué terrible humillación! A veces querría uno ser el oprimido: la vergüenza es una losa muy pesada, pero Natasha no carga con ese peso. La vergüenza la deberíamos sentir nosotros por consentir que esa pobre chica siga ahí. Pasamos de largo, ella se convierte en una anécdota más de nuestra jornada, aunque el día nunca acaba para ella. Así son las pesadillas. Pero sería muy fácil romperla. Sólo se necesita voluntad de acción.

Occidente tiene de su lado la fuerza militar, el peso de la ley, la razón moral y la infraestructura civil, ¿a qué esperamos?

miércoles, 2 de julio de 2008

LUBRICANTE PARA LA LOCOMOTORA

La vida es breve y, al menos durante una buena parte de la misma, merece la pena vivirse y vivirse, además, con una cierta y mesurada alegría.

Acabo de enterarme de la repentina muerte de una joven modelo kazaja. Ruslana Korshunova cumpliría hoy veintiun años; pero, hace unos días, se arrojó desde una ventana de su apartamento neoyorquino. Aunque aún no se ha aclarado el motivo del trágico suceso, todo apunta a que Ruslana se suicidó. Se han sugerido varias posibilidades: la soledad, la mafia rusa y/o un conflicto personal.

Dejo a un lado la hipótesis de la mafia y me centro en las siguientes: la soledad y el conflicto personal.

El mundo de la moda somete a personas aún inmaduras a un tipo de vida que muy pocas personas pueden soportar con indolencia. En la mayoría de los casos, ¿quién lleva y mantiene ese submundo? Locos. ¿Cuál es el resultado de vivir bajo el gobierno de un puñado de locos? La locura. ¿Y qué es propio de los locos? El suicidio. No hay más que ver la galería de excéntricos, por ser suave con el calificativo, que labran su imagen social escándalo tras escándalo en los programas televisivos de este país. Drogas, prostitución, dinero... malas compañías. Ahora crecen como setas esos programas de lapidación social, cámaras indiscretas, nominación sms y febril sexualidad entre cortinas. Lo peor es que uno pregunta a los jóvenes qué quieren hacer con su vida y la respuesta es unánime: salir en Gran Hermano o en Operación Triunfo. El caso es que estos engendros de inmoralidad son muy rentables excepto para sus víctimas. Los focos no calientan eternamente, el paso del tiempo no lo borra el botox y hay quien no puede con el anonimato después de haber saboreado la gloria efímera de una portada, de la pasarela de quita y pon, del glamour del canapé en la embajada y del resplandor de aquella juventud perdida. Es un drama. Peor suerte corren quienes llevan mal ese mundo ficticio y sucumben. La joven Ruslana no lo soportó.

¿Qué joven soporta el desarraigo? ¿Quién puede cambiar de la noche a la mañana y abandonar unos saludables hábitos para convertirse en nómada, en esclavo del anonimato que la habitación individual depara (por mucha suite que sea) a su triste y solitario huésped? ¿Quién puede mantener la máscara eternamente delante de los focos y fingir ser quien no se es? Demasiadas desgracias que no merecen la pena. ¿Fama? ¿Quién la quiere? ¿Fortuna? ¿En manos de alguien sin criterio? ¿Éxito? A juzgar por el final de muchas personas, ni personal ni social, más bien una ruina de vida. Eso le espera al que se sube a esa montaña rusa.

Sumemos a esa desgracia que la persona que la padece es psicológicamente inestable. La adolescencia es para muchos un momento de crisis. Durante los años que lleva la forja de una personalidad adulta, hay quien se enreda y hay quien se pierde. El entorno inestable predispone negativamente al sujeto. Si éste, para colmo de males, cultiva el halago ajeno y se reserva las guindas del desprecio para sí mismo, sólo podremos esperar un pronto y amargo final. Algunos recogen unas declaraciones recientes de la modelo kazaja en las que se deduce que estaba pasando una etapa de tristeza. Tristeza disimulada. Pero es bien sabido: los que se quitan la vida no avisan. Quizás esas palabras fueran el canto del cisne, el grito de una agonía que nadie supo interpretar a tiempo. Que descanse en paz.

Escribía al comienzo que la vida merece la pena. Y así es. A pesar de las dificultades, aun cuando todo parece ponerse cuesta arriba, cuando nos abraza la desdicha, si vemos el futuro en el fondo de un pozo oscuro, bah, igual mañana cambia todo. Las enfermedades pueden curarse, la soledad no dura eternamente y el dinero llamará a nuestra puerta si trabajamos con honradez y sabemos gastar lo justo. Cubiertas las necesidades, disponiendo de tiempo y gozando de una salud razonable, ¿qué necesidad hay de complicarse la existencia con pensamientos negativos?

He visto repetidamente a tantas personas sufrir de lo lindo aun teniéndolo todo a su favor que ya me cuesta creer que los desfavorecidos tengan alguna posibilidad. Sin embargo, todos siguen adelante. Mientras conservemos la esperanza, hay posibilidades. La fe es el as que guardamos en la manga para jugarnos la vida en la última ronda. Siempre todo puede cambiar. Es posible ser feliz y confiar en el futuro. Son las exigencias modernas las que nos arrastran consigo. Convendría que a muchos nos enseñaran a renunciar.

Nadie lamenta más que un famoso la pérdida de su anonimato, nadie reconoce estar más solo que el que vive rodeado de multitud de rostros anónimos, nadie conquista la felicidad detrás de sueños ajenos ni nadie es tan pobre como aquél que teme perder bienes inútiles... Quisiera, pues, aspirar a la mediocridad. No hacer daño a nadie, ayudar y ser ayudado, vivir en paz con todos y conmigo, no ver nunca más el dolor ajeno y desterrar definitivamente el mío, ser valiente para aceptar que todo inicio tiene un final y, entre tanto, poder descubrir los pequeños y grandes tesoros que aguardan detrás, siempre detrás. Esta canción me inspiró esta noche. Dulces sueños.

P.S.- Extraña y sorprendente página web.

miércoles, 11 de junio de 2008

CHRISTIANE F. Y LA GUÍA SOBRE DROGAS DEL PNSD

Hace días que leo Christiane F. Wir Kinder vom Bahnhof Zoo, el libro-reportaje que inspiró la conocida adaptación cinematográfica de Uli Edel. Sobre ésta escribí unas líneas hace poco tiempo [v. la entrada en este blog titulada "Los hijos de la droga" (viernes, 23 de mayo de 2008)]. Hoy quise ratificar cuanto expuse en la entrada anterior acerca de los males que denunciaba el testimonio de aquellos pobres chicos de la Bahnhof Zoo. Bastaría con leer el excelente prólogo de Horst E. Richter para confirmarlo: siete páginas que son la radiografía exacta de una sociedad enferma y responsable del destino de muchos de sus hijos. Tómese cualquiera de sus extensos párrafos al azar y se acertará de lleno. Voy a copiar para ustedes el primero de ellos:

Was dieses Buch an Enthüllungen über ein vom öffentlichen Bewusstsein verdrängtes Elend innerhalb unserer Gesellschaft liefert, erscheint mir wichtiger als zahlreiche einschlägige Analysen sozialwissenschaftlicher Experten. Dieses einzigartige Dokument wird hoffentlich vielen endlich begreiflich machen, dass jugendliche Drogensucht -- wie der sich rasch ausbreitende Jugend-Alkoholismus und der Zustrom zu den Jugendsekten -- nicht von aussen gemacht wird, sondern mitten aus unserer Gesellschaft heraus entsteht. In unseren Familien, in unseren Schulen, in den jedermann zugänglichen Diskotheken entspringt, was die meisten immer noch für eine eingeschleppte exotische Seuche halten. Und der Bericht, den das Mädchen Christiane mit Hilfe von Kai Hermann und Horst Rieck angefertigt hat, lehrt ein weiteres: Es sind nicht die Tollheiten einer Sonderkategorie primär abartiger Kinder und Jugendlicher, die zum Heroin führen, sondern eine Vielzahl miteinander verzahnter Probleme von inhumanem Wohnen, Unterdrückung der kindlichen Spielwelt, Krisen in den Zweierbeziehungen der Eltern, allgemeine Entfremdung und Isolation innerhalb der Familie wie in der Schule, usw. So mancher wird, wenn er dieses Buch zu Ende gelesen hat, ernstlich und mit Recht zweifeln, wen er letztlich als menschlicher empfindet, die verwahrloste kriminelle Fixerin Christiane oder diejenigen aus ihrer Umgebung, welche die sogenannte anständige, die ,,normale" Gesellschaft repräsentieren.

Las declaraciones de la madre de Christiane delatan una falta absoluta de atención y cuidado. Resulta sorprendente leer cómo aquélla se lamenta de haber reaccionado tarde, de no haberse dado cuenta antes de lo que le estaba pasando a su hija. Vamos, de no estar en el mundo y atender a Christiane como se espera de una madre. Y el mismo problema, tanto social como familiar (¿acaso no van de la mano los conflictos de ambos entornos?), lo vivimos hoy en día. ¿Puede alguien extrañarse de que tantos adolescentes españoles sean toxicómanos a los quince años? ¿Qué se piensan sus respectivos padres que pasa con sus hijos? ¿Se creerán que a las tantas de la noche y con más dinero en el bolsillo del que debieran llevar consigo los chicos matan el rato jugando al ajedrez? ¿Los padres ignoran que se trafica con drogas en las discotecas de este país incluso en horario para menores? ¿No se podrían dar un paseo en coche por algunas calles y plazas de nuestras ciudades; si no para buscar a sus hijos, al menos para comprobar lo que hacen otros jóvenes de su edad?

Que algunos adultos no deberían ser padres es una obviedad tan grande como que en Burgos hay catedral. Lo alarmante es que muchos lo son, pero no ejercen. ¿Les da igual lo que les ocurra a sus hijos? ¿No saben reconocer que muchas noches les llegan borrachos o drogados a casa? ¿Que no lo saben? ¿Es que el chaval o la chica entran en casa y los padres ni saludan? Eso si los padres llegan antes que ellos, claro. O no están a esas horas peor que sus hijos. Incluso los hay que salen juntos, como una familia bien avenida, y llegan a casa igual de tajados. Esos son los que se reconocen como "el mejor amigo/la mejor amiga de mi hijo/a".

Atención a estas dos declaraciones de la madre de Christiane, que ni tienen desperdicio ni dejan de sonarnos familiares hoy en día:

Ich habe mich oft gefragt, wieso ich nicht früher gemerkt [sic? Entiéndase, "bemerkt", es decir, "dado cuenta, observado, reparado"] habe, was mit Christiane los ist. Die Antwort ist einfach, doch ich konnte sie erst nach Gesprächen mit anderen Eltern ertragen, denen es mit ihren Kindern ähnlich ging: Ich wollte einfach nicht wahrhaben, dass meine Tochter rauschgiftsüchtig ist. Ich habe mir so lange wie möglich etwas vorgemacht.

"Sencillamente no quería convencerme de que mi hija era toxicómana", dice la madre. Y continúa:

Mein Freund, mit dem ich seit der Scheidung von meinem Mann zusammenlebe, hatte schon frühzeitig einen Verdacht. Ich habe dann immer nur gesagt: ,,Was du dir bloss einredest. Sie ist ja noch ein Kind." Das ist wahrscheinlich der grösste Fehler, sich einzubilden, die Kinder seien noch nicht soweit.

Dice la madre que su pareja sospechaba desde el comienzo y que ella le había contestado que se dejara de chorradas, que sólo era una niña. Literalmente, "ése fue verdaderamente el mayor error: pensar que los niños no estan listos". Con "están listos" la madre entiende que, siendo niños, no van a consumir drogas, pues se entiende (mal entendido) que el consumo de heroína es cosa de aldultos. Pues no, la puerilidad no aleja de la droga a los niños.

Hacia la mitad del libro, la madre de Christiane aparece de nuevo declarando:

An diesen Sonntag, an dem ich die Blutspritzer im Badezimmer sah und Christianes Arme untersuchte, fiel es mir wie Schuppen von den Augen. Es war ein harter Schlag. Christiane präsentierte mir sozusagen die Quittung für meine Erziehung, auf dich ich so stolz gewesen war. Jetzt sah ich es, ich hatte alles falsch gemacht, und das nur, weil ich die Erziehungsfehler meines Vaters nicht wiederholen wollte.

Traduzco literalmente:

Cuando ese domingo vi la jeringuilla en el suelo y examiné el brazo de Cristina, se me cayó la venda de los ojos. Fue un duro golpe. Cristina me presentaba, por decirlo de algún modo, la factura por mi educación [entiéndase por 'educación' el modo en que ella había educado a su hija], de la cual yo me sentía tan orgullosa. Entonces vi que había hecho todo mal y eso solo porque no quise seguir los errores que mi padre había cometido al educarme.

Continúa la madre diciendo que no le pareció mal que su hija fuera a la discoteca Sound, pues todos los jóvenes de la "Haus der Mitte" acudían allí en su tiempo de ocio. Lo terrible del caso es que la "Haus der Mitte" era un centro evangélico donde se reunía la juventud que vivía en la zona de Gropiusstadt (Berlín, Distrito de Neukölln). El Padre Jürgen Quandt, director del centro, terminaría comprobando cómo su local se convertiría, con el paso del tiempo, en un centro para drogadictos.

La madre llega a afirmar que Detlef, el chico del que se enamora Christiane y con quien terminará manteniendo una relación amorosa, le había dado una buena impresión: era educado y tenía un carácter abierto, dice aquélla en una de sus confesiones. No queriendo prohibir casi nada a su hija, justo al contario de cómo el padre de ésta había hecho con ella de joven, permite que Christiane pase más y más tiempo en compañía de sus nuevas amistades. En aquella época, afirma la madre, Christiane estaba más tranquila y sacaba mejores notas en el colegio. En fin, la ceguera total.

Ya sabemos cómo termina la historia. Me preocupa, no obstante, que, a fecha de hoy, aquellos testimonios se sigan repitiendo y que la historia de Christiane F. pueda ser la de cualquier adolescente de la actual España.

Para prevenir más dramas y alguna triste tragedia, el Ministerio de Sanidad y Consumo (Gobierno de España), a través de la Delegación del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas, lanzó en 2007 cuatro millones de cuadernillos gratuitos (agencias como la inglesa cobran por sus publicaciones, que muchas veces no somos conscientes del país de jauja en el que vivimos). En la Guía sobre drogas se informa de un modo claro cuáles son las principales drogas de consumo y qué efectos provocan: tabaco, alcohol, cannabis, cocaína, heroína y drogas de síntesis. Al final del cuadernillo, que tiene ochenta y seis páginas nada más y nada menos, vienen unos apartados muy eficientes que explican a los padres qué hacer en caso de que sospechen que sus hijos consumen algún tipo de droga.

Para mayor información:

DELEGACIÓN DEL GOBIERNO PARA EL PLAN NACIONAL SOBRE DROGAS, Ministerio de Sanidad y Consumo, Secretaría General de Sanidad, Teléfono: 91 822 61 00/ 60 88/ 60 89, e-mail: cendocupnd@msc.es, Página web: http://www.pnsd.msc.es/, Centros de tratamiento: http://www.pnsd.msc.es/Categoria1/directorio/home.htm

Para los ciudadanos de Cataluña y Madrid, respectivamente (hay centros para todas las comunidades autónomas del Estado):

CATALUÑA: Departamento de Salud, Dirección General de Salud Pública, Teléfono: 93 412 04 12, e-mail: drogues.salut@gencat.net, Página web: www.gencat.net/sanitat/depsan/units/sanitat/html/es/dir86/index.html

viernes, 23 de mayo de 2008

LOS HIJOS DE LA DROGA (ENTRADA NUEVAMENTE REVISADA)

Cuando los periodistas alemanes Kai Hermann y Horst Rieck investigaban en 1977 la muerte por sobredosis de una joven berlinesa de tan solo catorce años, Babette D. "Babsi", no imaginaban que sus pesquisas les conducirían a la amiga íntima de Babsi, Christiane Felscherinow, una adolescente precoz de imaginación despierta, gran personalidad y vivo discurso. De aquella investigación, de múltiples testimonios y de las entrevistas a Christiane y a su entorno familiar nació un libro que fue inmediatamente traducido a diversos idiomas. Se tituló Christiane F. Wir Kinder vom Bahnhof Zoo (en español se tradujo libremente como Hijos de la droga). Al poco tiempo de salir al mercado la primera edición alemana, el director Uli Edel decidió adaptar el texto, que no es una novela en sí, y hacer la versión cinematográfica.

A continuación, un par de imágenes tomadas de la película y varios comentarios:

Título de la cinta al comienzo de los créditos y primer plano de la protagonista, Christiane, papel interpretado por Natja Brunckhorst. El largometraje narra la vida y sucesiva caída a los infiernos de la drogadicción de esta niña de trece años y del grupo de amigos que conoce en la discoteca Sound. Estos frecuentan la estación de metro Zoologischer Garten, (de ahí el título: "Cristina F. Nosotros, niños de la estación del zoológico") uno de los puntos neurálgicos de la compra y venta de droga en el Berlín de los setenta y ochenta. La película se ha rodado con una frialdad de quirófano tanto delante como detrás de la cámara. Es el retrato descarnado de un viaje sin rumbo que termina trágicamente. En esta crónica no hay lugar para la misericordia porque es la vida misma, cruel y violenta. Si bien la protagonista salva la vida milagrosamente, no así varios de sus amigos. [Sería interesante comparar Christiane F. con Lilja 4-ever para averiguar qué las diferencia, sobre todo el modo en que se abordaron ambas, cómo trataron sus directores una problemática similar. Insisto en que me sobrecogió la frialdad de la cinta alemana, sin duda, su rasgo más sobresaliente.]

En la foto de la izquierda, Christiane, con su novio Detlev (Thomas Haustein). Es éste quien la introduce involuntariamente en el mundo de la heroína. Christiane, enamorada de Detlev, comienza a imitarlo. Siempre va a su encuentro. Quiere probar y experimentar las mismas cosas que él. A la derecha, la pandilla de amigos a la salida de la discoteca.

La madre de Christiane busca a Detlev en la estación de tren después de haber encontrado a su hija inconsciente en el suelo del lavabo de casa. No se entiende bien por qué razón no llama a una ambulancia para que un médico examine a su hija en el hospital. Resulta increíble la actitud de la madre: no sé qué sorprende más de su actitud, si el candor con el que ignora lo que le está pasando a su hija o su indiferencia. De hecho, en la escena siguiente, después de haber econtrado la jeringuilla, aquélla deja a Christiane en la cama. Su estado físico es lamentable, pero la madre desaparece de escena. ¿Cómo se entiende esto?

Ahora solos en casa, Detlev y Christiane pasan la noche en la habitación de ésta. Juntos intentarán desengancharse de la heroína. Las dos imágenes forman parte de una durísima y larga escena que muestra a los adolescentes en pleno síndrome de abstinencia. Después de horas de terrorífico sufrimiento, a Christiane le sobreviene un violentísimo vómito con sangre (hematemesis), sin duda uno de los momentos más dramáticos de la película. Sería interesante que pasaran estas escenas en las aulas, especialmente ahora que España se ha convertido en uno de los países donde más se consume cocaína y heroína. Habría que decir que Christiane empieza tomando drogas sintéticas y fumando marihuana. Los especialistas médicos están cansados de repetir que el consumo de pastillas y marihuana, ya de por sí peligroso para la salud, supone sólo la primera etapa de la drogodependencia y que de ahí se salta a otro tipo de sustancias de las que ya es muy difícil salir. Tal es el caso de los chicos de este film.

Hacia el final de la historia, Christiane acaba de cumplir catorce años. No es una noticia feliz: siendo tan joven, ella ha entregado ya su vida a la heroína. Necesita urgentemente dinero. Para conseguirlo, ha desvalijado la casa de su madre y se ha visto obligada a prostituirse con adultos. En la escena de la izquierda, vemos a un joven en los lavabos públicos que acaba de arrebatarle la dosis a Christiane y que se inyecta la aguja en el cuello en presencia de una aterrorizada anciana que no acierta a comprender lo que está viendo. A la derecha, la imagen de la desolación, la verdadera cara de la heroína, el punto muerto de una espiral que se aleja cada vez más de la vida. Uno se pregunta dónde está la madre de esta chica en esos momentos, dónde el resto de la familia, sus vecinos, los servicios sociales...

La noticia de la muerte de Babsi, la amiga de Christiane. El titular reza así: "Berlins jüngste Drogentote. Sie war erst 14!" ("La víctima por sobredosis más joven de Berlín. ¡Ella tenía solamente 14 años!").

...

Báilame el agua es el título de una película española que se estrenó en el año 2000. Su pareja protagonista estuvo formada por los excelentes Unax Ugalde y Pilar López de Ayala. Está basada en una novela que lleva el mismo título y que fue escrita por el joven Daniel Valdés (Calambur Narrativa).

Christiane F. y Báilame el agua comparten varios puntos, pero no son películas idénticas. En el caso de la española, se refleja la actitud rebelde de cierta juventud española de clase media (media-alta). Los dos jóvenes deciden emprender una vida nueva lejos de sus padres, quiero decir, han optado así, aunque la jugada les va a salir muy mal. En el caso del largometraje alemán, los jóvenes de Bahnhof Zoo no han elegido. Viven lo que les ha tocado vivir y lo aceptan, aunque su actitud sorprenda al espectador. Ellos no escogieron su vida, sino que les vino impuesta por las circunstancias. Para sobrellevarla, se refugian en la marginalidad y caen en el abismo de las drogas. No sé si el espectador de Báilame el agua, después de ver la película, se pregunta por qué razón la pareja protagonista decide dar ese rumbo a su vida, pues en el hogar no les falta de nada. Los muchachos de Christiane F. se han visto arrastrados por la corriente. Son víctimas. Pero quién o qué les conduce pendiente abajo. Ahí está la tesis (si es que la hay; en cualquier caso, se deduce inmediatamente) demoledora de la película alemana: el estilo de vida de la sociedad moderna. Y los males de esa cultura son los matrimonios rotos, los hogares vacíos, la insolidaridad de las gentes, el anonimato en la ciudad, la falta de ilusión y expectativas del individuo, la carencia de los valores tradicionales y un largo etcétera que todos conocemos bien. Hoy la familia no habla, apenas coincide en casa. Los matrimonios no aguantan, tal vez porque la pareja se equivocó al casarse tempranamente o porque el egoísmo moderno no soporta cortapisas ni sacrificios, y la unión que se consumó años atrás y que dio a luz a uno o varios hijos ya no existe. Desgraciadamente, los niños pagarán las consecuencias de esa negligencia. Son las víctimas de sus progenitores. Los niños de la estación del zoológico caen en el mundo de la droga por eso. Ésa es la denuncia. En la vida de los niños vemos la consecuencia de todos los vicios de la sociedad adulta. ¿Qué más da enfocar la historia narrando las vicisitudes de un hijo ignorado por sus padres que contar la vida de unos padres irresponsables que se olvidaron que debían cuidar a su hijo? La primera opción siempre es más humillante para los adultos, pues son de ellos las faltas y las carencias de sus hijos. El director hace responsable a la madre de Christiane de lo que le sucede a ésta.

Hoy en día millones de niños han sido abandonados a su suerte. Lo sabemos todos: en los países del Este se drogan con pegamento, duermen junto a las alcantarillas y algunos se prostituyen para poder comprar más pegamento; en China miles de bebés son abandonados en ornafanatos terroríficos donde no reciben nunca una caricia, donde nadie les canta una canción, donde jamás un adulto les consuela; en África los niños empuñan fusiles, matan y se drogan o caminan con prótesis en las piernas porque pisaron una mina mientras jugaban en el campo y en Hispanoamérica, como en tantos países de Asia, los niños juegan a un juego que no entienden y que, si sobreviven a él, les marcará de por vida... el problema es que la prostitución infantil no es ningún juego. Tampoco lo es trabajar durante todo el día cargando ladrillos o cosiendo bonitos balones de fútbol con los que nunca se jugará porque se han cosido para otros niños más afortunados. Niños todos a los que se les robó la infancia, la ilusión y la inocencia; en definitiva, el derecho a ser niños. Sin duda alguna, ése es el mayor crimen que ha perpetrado el ser humano. Lo pagaremos caro.

También sabemos que aquí, en el lado próspero del mundo, muchos niños sufren abusos en la escuela, en casa, en la calle... Niños que desconfían de sus padres, desamparados, que encontraron una falsa compañía en el televisor, vejados por personas anónimas en internet, estafados por sus seres queridos, ignorados y torturados por sus compañeros de juegos, solos, más solos que la una, pensando en suicidarse con tal de acabar con su infierno, los niños miserables de la clase media... y los de la clase baja y la alta... porque en todas partes cuecen habas. Pero de eso escribiré otro día.

Dos enlaces: comprar el dvd de Christiane F. en alemán y/o comprar el libro en alemán.

Un saludo a los lectores de EL BLOG ILUSTRADO.

lunes, 12 de mayo de 2008

TITULARES DE LA PRENSA INTERNACIONAL

Acaban de llegarme estas tres publicaciones:

DIE ZEIT, nº 20, 8 de mayo de 2008 - Letras Libres, nº 80, mayo de 2008 - THE NEW YORKER, 5 de mayo de 2008

En unos días me gustaría escribir una entrada relacionada con sus contenidos. Como dos de ellas son semanales (DIE ZEIT y THE NEW YORKER), puede que para entonces los lectores de EL BLOG ILUSTRADO no las encuentren en los quioscos. Por eso quise adelantarles hoy este post y dejar para más adelante los comentarios. En cualquier caso, ustedes encontarán una extensa parte de los temas del semanario alemán si pinchan aquí. El texto íntegro del reportaje de la revista americana puede igualmente leerse aquí y la edición española de LETRAS LIBRES se descarga en pdf aquí.

Justo cuando se cumplen sesenta años de la proclamación del Estado de Israel (14 de mayo de 1948), el semanario alemán DIE ZEIT alerta a sus lectores sobre la cada vez mayor influencia de la extrema derecha en el país. Para frenar este avance, DIE ZEIT ha abierto un portal en internet: http://www.netz-gegen-nazis.de/. Merece la pena dedicar unas horas al número de la revista mexicana Letras Libres.

...

Por su parte, THE NEW YORKER analiza el ilícito y despreciable negocio de la trata de menores con fines sexuales. Recomiendo la siguiente página web de ACNUR como punto de partida: http://www.acnur.org/index.php?id_pag=2038.

viernes, 21 de marzo de 2008

LILJA 4-EVER (ENTRADA REVISADA)

LILJA 4-EVER es el título de una película sobre la que hoy querría escribir unas líneas. Si usted no vio aún este largometraje, le ruego que se haga con una copia y que no siga leyendo esta entrada hasta que no haya visto la cinta.

Le recordaré el argumento: Lilia es una adolescente que vive con su madre en algún lugar de la antigua Unión Soviética. Su madre tiene un novio con quien decide trasladarse a los Estados Unidos de Norteamérica. Lilia está muy emocionada por la noticia, pues cree que viajará con ellos. Sin embargo, un día se entera de que ella no va a acompañarles: vivirá sola hasta que su madre le envíe dinero para que pueda comprar su billete. Ese dinero no llegará nunca. Tampoco volverá a saber de su madre salvo cuando recibe un aviso de la oficina de asuntos sociales. Al acudir a la cita, Lilia se entera de que su madre ha renunciado a ella. A partir de entonces, deberá valerse por sí misma. Todo se complica cuando aparece la tía de Lilia reclamando para sí la casa donde vive la chica. Desesperada por su situación económica, Lilia acompaña a una amiga a una discoteca. Allí acuden adultos en busca de chicas muy jóvenes. Aunque Lilia no quiere, finalmente aceptará el trato con algunos hombres a cambio de dinero. En una de esas noches, Lilia conocerá a un joven que quiere ayurdarla. Parece un buen muchacho. Sus intenciones son nobles y, poco a poco, Lilia se enamorará de él. Juntos hacen planes de futuro: su novio tiene pensado viajar con ella a Suecia, donde podrán trabajar en el campo. El único amigo de Lilia se llama Volodia y es unos años más joven que ella. Éste la advierte de las auténticas intenciones del novio, pero Lidia cree que Volodia dice todo eso porque siente celos. Unos días después, Lidia y su novio parten hacia el aeropuerto. Volodia, triste y solo, después de haber sido repudiado por su padre, decide ingerir unos medicamentos y muere. La película da un giro entonces: de camino al aeropuerto, el novio de Lidia busca una excusa para no acompañarla en el viaje a Suecia. Al parecer, su abuela se encuentra muy grave y él tiene que quedarse unos días con ella. No obstante, el jefe de su novio le ha asegurado que esperará a Lidia en el aeropuerto. Al llegar ésta a Suecia, pronto descubrirá la verdad: su novio era un señuelo y el jefe de éste, un proxeneta. Lidia, como el espectador ya imagina en ese momento, ha caído en las redes de una mafia. Prostituida sin ningún tipo de piedad, la joven Lidia empieza a perder toda esperanza. En sueños, habla con Volodia. Son los momentos más amargos de la película. Al final, Lidia consigue escapar del piso en el que está retenida tras recibir una paliza de su proxeneta. Corre sin rumbo por la ciudad. Al llegar a un puente, toma la decisión más grave y salta desde la barandilla. Una ambulancia la traslada al hospital, pero pierde la vida en el trayecto. En una escena final, el director permite un juego: en él, Lidia rectifica los errores que ha cometido en sus últimos tres meses, se vuelve buena con su anciana vecina, le dice adiós a su falso novio y, en compañía de su fiel amigo Volodia, juega a la pelota en la terraza de su casa.

.. .. ..

Oksana Akinsjina interpreta el papel de Lilia, "la joven que te va a robar el corazón", como leí en un blog. Luego se encargará el director de que también te lo rompa. Hay cuestiones técnicas de LILJA 4-EVER que no me convencen, pero no quiero tratarlas. Yo prefiero quedarme con la historia. Me sorprende que la Europa rica no haga nada al respecto. Lejos de acabar con el tráfico de personas, parece que ese negocio va en aumento. Las mafias se están asentando en todos los países de la Unión Europea. Algunos amigos hispanoamericanos me preguntan si Europa no habrá decidido suicidarse. Lo mismo leo en muchos periódicos. La respuesta es sencilla: "Sí". Teniendo el dinero, la fuerza militar, el peso de la ley, la soberanía histórica, en definitiva, contando con todos los instrumentos posibles, Europa ha optado por la enajenación. Esta crisis de ideas y valores, política, social y humana nos va a conducir a la ruina.

El problema de fondo, no obstante, reside en que este negocio resulta rentable porque la sociedad lo demanda. Así que, si traer adolescentes de la Europa del Este para su prostitución es un buen negocio, debe tratarse de que aquí hay demasiadas personas que desean pagar a cambio de lo que ustedes ya se imaginan. Vicio y enfermos siempre ha habido, ahora bien, ¿tanto como ahora? Da miedo pensarlo.

Yo me pregunto a qué esperan esas personas multimillonarias. Si yo fuera uno de esos ricos banqueros o de aquellos opulentos comerciantes, sin duda no tendría ningún reparo en ordenar viajes semanales a distintos países del mundo. Cargaría los vuelos con mujeres y niños. Los traería a España y aquí recibirían un trato humano. Las mujeres podrían aprender buenos oficios y los niños recibirían una excelente educación. Si tuviera que arruinarme en el empeño, bien habría aprovechado ese dinero.

Siendo nosotros más, más nobles, más fuertes y ricos, teniendo de nuestra parte la ley y sabiéndonos en la obligación de actuar, no entiendo cómo unos pocos sinvergüenzas pueden hacer de nuestro mundo un lugar tan lóbrego. Una vez más, triunfa la servidumbre voluntaria. Una vez más, la cobardía nos doblega.

.. .. ..

En las dos imágenes de arriba, Lilia y Volodia, en distintos momentos de la película. ¿Cuál prefieren? De nosotros depende que la vida de millones de personas no sea como la de la izquierda. Yo opto por la imagen de la derecha.

Cuatro enlaces:

1. Médicos Sin Fronteras.

2. Proyecto Esperanza.

4. Acnur.

La Iglesia Católica debería hacer más. Si es preciso, hay que exigirle un esfuerzo sobrehumano porque no esperamos otra cosa de ella. ¿Cuántas vidas podría salvar el dinero recaudado de la venta de un Caravaggio? ¿Y cuántas más si la Iglesia vendiera parte de su hacienda? Todo lo que tenemos un día vamos a perderlo. El tiempo mismo reducirá todo a cenizas (también los tesoros más preciados). Si pudiéramos comprender ese hecho y profundizar en ello hasta verlo con absoluta lucidez, nuestra compasión despertaría. Lo que no podemos pasar por alto es el sufrimiento humano. Es preciso esperar más de quien ha sido llamado por Dios para estar con el necesitado. Dad, vosotros que seguís al Pescador, y seréis recompensados como no imagináis.

Me consta que mucha gente se esfuerza por combatir el tráfico de personas y la prostitución internacional. Hay departamentos de la policía, contamos con la Interpol, el Parlamento de la U.E. también se ha propuesto acabar con esas prácticas y estoy seguro de que la Iglesia hace mucho más de lo que imaginamos. No obstante, no parece que todo ello sirva aún. No es bastante. Si cada uno de nosotros vemos al prójimo como a nosotros mismos, ¿no nos abrasa su desesperación, no nos muerde la rabia al contemplar cómo vive, cómo sufre? Si nosotros fuéramos él, ¿no querríamos que nos ayudaran urgentemente? ¿Qué ocurre cuando la persona necesitada sufre y nadie acude a socorrerla? ¿Qué se le pasará por la mente? ¡Qué cosa tan terrible! Se me ocurrió ayer que, tan dispuestos como estamos los españoles para ciertos maratones-show televisados donde se recauda dinero para las víctimas del enésimo huracán caribeño, acaso íbamos a fallarle a esas pobres criaturas de la Europa del Este? Con el dinero recaudado de un día entero de generosidad, ¿qué podría hacerse? Si se recaudaran diez millones de euros, ¿en qué podrían invertirse? ¿En construir una casa para cien personas, en fletar un avión militar de la ONU para llevar a cien niños rusos a esa casa española, en pagar durante el tiempo necesario a los empleados responsables del cuidado de esas criaturas? ¿Y si no llegase? ¿No hay voluntarios en la Cruz Roja que quieran dedicar su tiempo a dar de comer a esos niños; no hay centros comericales en España como El Corte Inglés, Carrefour o Alcampo que pudieran dar comida y ropa a esas criaturas a cambio sólo de una impagable gratitud; no hay fundaciones sociales de mil entidades bancarias dispuestas a correr con el gasto del agua, la luz y el gas que se consuma en ese edificio; no hay acaso miembros de Médicos Sin Fronteras que quieran atender sanitariamente a esos niños pobres del Este; no hay acaso humanidad en todos y cada uno de los españoles que voluntariamente podrían contribuir de muy diversas maneras para que ese edificio y esos niños fueran una realidad? ¿Acaso no se podrían construir cien edificios más igual que ése? ¿Se imaginan? Una ciudad llena de niños felices. Futuros hombres de paz. En lugar de eso, hoy sólo hay jóvenes prostituidas, niños huérfanos de toda esperanza drogándose en las frías calles de tantas ciudades del mundo, personas frustradas porque ven el dolor y no pueden hacer nada por calmarlo, gentes despiadadas (también ellas son víctimas) lucrándose, gobiernos enteros avergonzados por su ineficacia (cuando no por su cobardía, su terrible cobardía) y millones de seres humanos incrédulos que no entienden lo que está pasando hoy en el mundo.

(Con mi agradecimiento a M. H. por sus acertados comentarios y valiosas aportaciones durante la revisión del texto)

jueves, 1 de febrero de 2007

EL INFORTUNIO DE LA VIRTUD

Me preguntaba, queridos lectores, cuándo sabremos a ciencia cierta en qué consiste eso que llamamos "belleza". El otro día me informaban sobre la proporción áurea y unos índices biológicos que parecen andar detrás de nuestras afinidades.

Yo recordé una imagen y quise rescatarla para todos vosotros. El cuadro es conocido como "La odalisca" y lo pintó Mariano Fortuny en 1861. Es un óleo sobre cartón y actualmente se encuentra en el Museo de Arte de Cataluña.

En la cultura turca, las odaliscas eran exclavas sexuales al servicio de su amo. La imagen, por muy sugerente y exótica que nos parezca, me resulta lamentable: el proxeneta y la prostituta a la fuerza. También me vienen a la memoria unas páginas dramáticas de Naguib Mahfuz en El callejón de los milagros, cuando la joven y guapa chica descubre que el chulo de turno sólo la quiere para que se prostituya en la calle. Uno no olvida su final, tampoco las lágrimas que caen por su tierna mejilla.

¿Cuántas mujeres habrán llorado igualmente desconsoladas por la opresión bruta de un hombre sin escrúpulos? Ambos son víctimas, pero no puedo dejar de simpatizar con la mujer: sí él no puede conocer otro destino, ella al menos sí.

¿Veremos ahora el cuadro con otros ojos? ¿Cuánto tiempo más deberá pasar hasta que la sociedad cure de su ceguera?