Mostrando entradas con la etiqueta Educación. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Educación. Mostrar todas las entradas

viernes, 20 de noviembre de 2015

PROGRAMA KiVa


Hace un par de semanas, la revista española XLSemanal (de venta conjunta con ABC y otros periódicos regionales) dedicó su portada al programa KiVa, un proyecto finlandés contra el maltrato escolar creado por Christina Salmivalli, psicóloga de la Universidad de Turku y estudiosa del fenómeno desde hace un cuarto de siglo.

Los resultados son esperanzadores. Según el artículo, Finlandia ha reducido en un 79% los casos de violencia entre menores. El método ideado por Salmivalli le da la vuelta a la tortilla: siguiendo una nueva estrategia social, hace partícipe a todo el colegio ante un caso de maltrato, logrando que el agredido no se sienta solo y angustiado, y que el agresor no saque ningún rédito de su acción. Los detalles del programa KiVa pueden seguirse en el artículo (leer aquí). Varios países, bajo supervisión finlandesa, han implantado este sistema. Llegará a España en enero de 2016. Confío en que sirva para reducir notablemente los casos de violencia escolar, de modo que no tengamos que leer más casos como el de Arancha.

sábado, 6 de septiembre de 2014

SEPTIEMBRE, VUELTA AL INFIERNO


Leo en la web del periódico británico The Independent una noticia sobre acoso escolar firmada por un padre cuyo hijo lleva un año sufriendo el maltrato de sus compañeros. Tras el final de las vacaciones estivales, el joven debe regresar al colegio. En su caso esto significa reencontrarse con sus maltratadores, volver a sufrir un calvario que tendrá consecuencias a corto, medio y largo plazo, y que se agravarán con el tiempo. Puede leerse el texto aquí

El padre reprocha a los responsables escolares que no defiendan a su hijo y la dirección insinúa que la culpa es de la víctima. ¡Bravo por esos educadores de cuarta!

A lo anteriormente citado se suman tres aspectos a tener en cuenta: la percepción subjetiva del acoso, la escasa capacidad actual del profesor ante este tipo de conflictos y, en muchas ocasiones, el silencio del niño acosado.

Se han publicado muchos libros sobre este asunto, pero me sorprende no haber encontrado estudios académicos que analicen el problema y sus consecuencias, su tratamiento y solución; son, más bien, ensayos generales y libros de divulgación. Un par de excepciones, aunque muy parciales, serían los trabajos de Dan Olweus (Conductas de acoso y amenaza entre escolares, Ediciones Morata), profesor de Psicología en la Universidad de Bergen, Noruega, y una de las principales autoridades en la materia; y Rosario Ortega (quien coordina Agresividad injustificada, "bullying" y violencia escolar, Alianza Editorial), catedrática de Psicología y directora del Departamento de Psicología de la Universidad de Córdoba, España, también fundadora del Observatorio Europeo de la Violencia Escolar.


El libro de Oweus se centra demasiado en las estadísticas, especialmente en Escandinavia, y sostiene que, si bien una característica que comparten todos los agredidos es un sentimiento de vergüenza, el que destaca entre los agresores es el de culpabilidad. Con este enfoque se podría considerar al agresor, en varios aspectos, una víctima más: por un lado, porque siente la necesidad de agredir a alguien; por otro, porque se siente mal al haberlo hecho. Juzgar así al agresor me parece bienintencionado y, en algunos casos, será el modo correcto de abordar el conflicto; lamentablemente, no creo que sea la forma acertada en todos ellos. Muchos sujetos violentos no sienten remordimientos ni se plantean siquiera la naturaleza cruel de su hostilidad. Estos chicos, al crecer, se convierten en adultos peligrosos y los encontramos en las empresas, de vecinos de comunidad, a veces de cónyuges o padres, etc. Son un foco de maldad y le amargan la vida al prójimo. Hacerles ver el dolor que conllevan sus actos no sirve de nada. La única solución hoy sería que dejaran de ser quienes son, y eso es imposible.

El texto de Rosario Ortega, en realidad, es un conjunto de ensayos redactados por varios especialistas que tratan el tema desde distintas perspectivas. Es un texto muy recomendable. Permítanme que les detalle el índice que los editores lamentablemente no han incluido en su página web:

- Introducción. Treinta años de investigación y prevención del bullying y la violencia escolar, Rosario Ortega.

Primera Parte: Violencia escolar y bullying.

- 1. Orígenes y primeros estudios del bullying escolar, Erling Roland. Introducción, Primeros estudios y primeras intervenciones sobre bullying, El trabajo contra el bullying en Noruega, el programa Zero contra el bullying en Noruega, Modelo de aplicación del programa Zero, Conclusión y Bibliografía.
- 2. El estudio científico del fenómeno bullying, Virginia Sánchez y Rosario Ortega. Introducción, Los estudios descriptivos: un primer acercamiento al fenómeno y su significado, Dos variables a considerar: sexo y edad, Conclusión y Bibliografía.
- 3. Bullying en la escuela: un fenómeno grupal, Christina Salmivalli y Kätlin Peets. Introducción, el contexto diádico del bullying escolar, ¿De qué modo participa el grupo en el bullying?, ¿Podemos predecir la implicación en el bullying?, Implicaciones para la intervención sobre el bullying, El programa KiVa en Finlandia, Conclusión y Bibliografía.
- 4. Bullying: un fenómeno inmoral, Antonella Brighi y M.ª Luisa Genta. Introducción, La respuesta moral en el comportamiento agresivo, La desconexión del discurso moral, Del razonamiento moral del individuo a los valores culturales, Valores culturales y agresores adolescentes italianos, Conclusión y Bibliografía.
- 5. Bullying en la escuela infantil, Françoise D. Alsaker y Ulrika Louise Vilén. Introducción, Dificultad de la investigación del bullying en la escuela infantil, El proyecto "Caminos hacia la victimización", Preescolares que se involucran en problemas agresor/víctima, El programa Be-Prox: un modelo suizo para afrontar el bullying en la escuela infantil, Conclusión y Bibliografía.
- 6. Bullying entre hermanos, Ersilia Menesini, Marina Camodeca y Annalaura Nocentini. Introducción, La contribución de las relaciones entre hermanos al contexto familiar, Relaciones entre hermanos: factores relacionados y ajuste personal y social, El bullying en casa y en la escuela, Conclusión y Bibliografía.

Segunda Parte: Nuevas formas de violencia juvenil, contextos y poblaciones vulnerables.

- 7. El uso violento de la tecnología: el cyberbullying, Joaquín Mora-Merchán, Rosario Ortega, Juan Calmaestra y Peter K. Smith. Introducción, Los orígenes del cyberbullying, ¿Qué es el cyberbullying?, Hechos y cifras. ¿Qué podemos aprender de la investigación? Implicaciones educativas, Conclusión y Bibliografía.
- 8. Violencia sexual y cortejo juvenil, Javier Ortega-Rivera, Virginia Sánchez y Rosario Ortega. Introducción, Sexualidad y cortejo en la adolescencia, Cuando el cortejo se hace violento, El fenómeno de la violencia sexual, ¿Es la violencia sexual un fenómeno emergente?: la prevlencia del fenómeno, La violencia sexual en el contexto de la pareja, Conclusión y Bibliografía.
- 9. Sociedades pluriculturales y violencia escolar racista, Claire Monks, Rosario Ortega y Antonio J. Rodríguez. Introducción, Victimización y diferencias culturales: del insulto racista a la exclusión social, Victimización racista y autoestima, El efecto de la diferencia cultural (grupo mayoritario versus grupos minoritarios) sobre la autoestima personal y cultural en escuelas inglesas y españolas, Conclusión y Bibliografía.
- 10. Pobreza, subdesarrollo y violencia escolar, Rosario del Rey, Eva M.ª Romera y Rosario Ortega. Introducción, La pobreza y el subdesarrollo en el mundo actual, Naturaleza y tipos de violencia en las poblaciones pobres, La respuesta a la pobreza y a la violencia, Conclusión y Bibliografía.
- 11. La apropiación de la identidad: una forma cruel de violencia, Andrea Smorti y Livia La Torre. Introducción, La construcción de la identidad, Los procesos histórico-culturales de la apropiación de la identidad: el caso argentino, Los procesos psicológicos de la apropiación de identidad: un estudio sobre las historias de los hijos de los desaparecidos, Conclusión y Bibliografía.

Tercera Parte: Intervención psicoeducativa contra el bullying y la violencia escolar.

- 12. Construir la convivencia para prevenir la violencia: un modelo ecológico, Rosario Ortega, Rosario del Rey y Francisco Córdoba. Introducción, Convivencia escolar y claves para su análisis, Dificultades de la convivencia, La educación de la convivencia, Claves para la construcción de la convivencia, Más allá de la gestión ordinaria de la convivencia: afrontar los riesgos, El modelo "Construir la convivencia para prevenir la violencia", Conclusión y Bibliografía.
- 13. El modelo ABC para prevenir y afrontar el bullying. Introducción, Evitar la agresión, ser tolerante y cuidar de otros: el ABC contra el bullying, Fases, estrategias y elementos clave del proyecto ABC, La política del ABC en relación con las familias y con la comunidad en general, La evaluación del programa ABC, Conclusión y Bibliografía.
- 14. Sociología y violencia escolar: Un enfoque contextual, Erick Debarbieux y Catherine Blaya. Introducción, ¿Es la violencia escolar una violencia de intrusión?, Las causas escolares de la violencia en la escuela, Factores comunitarios y escolares: un sistema, El entorno y la vinculación social como factores de protección, Consecuencias para la acción educativa, Conclusión y Bibliografía.
- 15. Evaluación de programas de intervención: El proyecto "Beispiel des WiSK", Christiane Spiel, Dagmar Strohmeier y Moira Atria. Introducción, Criterios de calidad en los programas de prevención e intervención, La evaluación científica, La evaluación en el ámbito de la prevención de la violencia, WiSK: programa para el desarrollo de habilidades sociales en la escuela, El "proyecto aula" del programa WiSK, La evaluación del "proyecto aula" de WiSK, Conclusión y Bibliografía.

Ni de lejos se ha dicho la última palabra sobre el acoso escolar. Muchos expertos abordan su estudio con una candidez sonrojante. Las medidas para frenar la violencia en las aulas son controvertidas. ¿Qué hacemos con los agresores? ¿Qué convierte a una persona en una amenaza para el prójimo? ¿Es posible que las víctimas puedan seguir adelante con sus vidas como antes?


El etólogo, neurólogo y psiquiatra judío Boris Cyrulnik, nacido el 26 de julio de 1937 en Burdeos, Francia, respondió a esta última pregunta hace unos años. Su caso es un ejemplo de superación: siendo niño, perdió a sus padres tras ser deportados durante la II Guerra Mundial. Logró sortear la muerte y su experiencia vital le motivó a estudiar psiquiatría y luego a dedicarse a trabajar con niños afectados por un trauma. Ha popularizado el concepto de resiliencia. Escribió varios libros. En España los han publicado  Gedisa y Debate. De ellos querría destacar dos, quizá los más conocidos: Los patitos feos y, sobre todo, Morirse de vergüenza. El miedo a la mirada del otro. En el segundo libro, que en ocasiones parece una sucesión de aforismos, vemos muchos ejemplos de cómo el sentimiento de vergüenza es un producto psicológico. Se trata, entre otras cosas, de una cuestión de actitud. Imaginemos dos grupos de emigrantes. Uno añora su tierra y lamenta su situación actual en el extranjero, el otro ve en el país de adopción una nueva oportunidad. Según el autor, pasado un tiempo, el primer grupo permanece aislado, sus hijos son malos estudiantes y algunos han caído en la delincuencia; el segundo se ha sabido adaptar, sus hijos se han integrado y han podido desarrollarse profesionalmente. En el caso expuesto no quiero ver que un grupo fue capaz de abrirse camino y otro no, más bien que, a pesar de las dificultades, es posible reengancharse al tren de la vida. Eso es muy importante: nunca es tarde. Ahora bien, ¿por qué hay personas que no pueden superar las adversidades? ¿Por qué su resiliencia es baja? Para eso no existe una respuesta o, al menos, no una fácil.


Tim Guénard es otro ejemplo de superación. Relató su vida en un libro que se ha convertido en superventas: Más fuerte que el odio. Cómo escapar de un destino fatal y convertirse en un hombre feliz a pesar de la desgracia. Invito al lector a que conozca la experiencia de este francés. En Youtube hay un vídeo en el que se presenta al público.

Mi recomendación a los padres es que vigilen la evolución de sus hijos, que los visiten en el patio de la escuela siempre que puedan para ver desde lejos si juegan con el resto de sus compañeros; que comprueben si tienen moratones, si alguien hizo dibujos o escribió palabras malsonantes en su material escolar; que se fijen si durante los fines de semana no tienen con quién jugar o prefieren quedarse solos (cuando ésta no era su actitud habitual). Si notan que algo no va bien, pregunten al chico con discreción y quéjense en el colegio, pues tienen motivos para hacerlo. No sientan vergüenza, que de eso suelen valerse los que intimidan. No esperen heroicidades por parte de nadie: el resto del grupo puede tener miedo y no desea complicarse la vida, tal vez ignora el problema o lo contempla desde la distancia y la apatía. Puede que en el colegio, incluso, detecten un silencio cómplice; en ese caso, cambien inmediatamente a su hijo de centro porque la batalla ahí está perdida. A veces, uno no necesariamente ha de encajar a la fuerza, sino que debe encontrar su lugar en el mundo.

Dedicaré más entradas a este tema en el futuro. Por hoy vale con lo escrito. Mis mejores deseos a todos los escolares que la próxima semana comienzan una nueva singladura académica.

Ahora me dirijo a ti, joven lector, por si hubieras encontrado este blog buscando ayuda. Lo que te voy a pedir es muy difícil, especialmente a tu edad, pero es importante que lo hagas. Antes de nada quiero decirte que no tengas miedo, que no se te pase por la cabeza tirar la toalla, pues tienes una larga y hermosa vida por delante, que yo y muchos más te creeremos y te apoyaremos: ¡¡no estás solo!! Lo que sucede en tu clase o en tu colegio no es un reflejo de toda la sociedad. Lo que te pido es que encuentres un momento en el que te sientas cómodo con tu padre o tu madre. Si vives con tus abuelos o con otro familiar, dirígete a uno de ellos. Díselo, cuéntale que en tu colegio alguien te molesta y no temas ponerte nervioso, llorar o sentir miedo. El miedo y la vergüenza nos acompañan toda la vida, pero lo importante es no hacerles demasiado caso. Descuida, eso no agravará tu situación. Al contrario, la solucionará. Los agresores dicen eso: "No se lo digas a nadie o...". ¿Sabes por qué lo repiten constantemente? Porque, mientras tú no digas nada, ellos podrán seguir molestándote. No creas que van a dejarte en paz si tú no les pones freno. Pueden seguir así durante años. No se lo permitas. No te conviertes en blando si pides ayuda. Al contrario. Ellos serían los primeros en hacerlo. Tú no tienes por qué soportar ningún tipo de maltrato, ¿de acuerdo? Los maltratadores suelen ser, a su vez, víctimas de alguna injusticia; otras veces, sencillamente, son así, pero ése no es tu problema: es el suyo. Ese familiar al que pidas ayuda hablará con el jefe de estudios y ellos pondrán fin a esa situación. Si, a pesar de eso, alguien siguiera molestándote, vuelve a hablar con tu familia y también con tu tutor. Recuérdalo: tú no tienes por qué ser la víctima de ningún maltrato. Sé fuerte y rompe tu silencio. No recurras a la violencia. Las personas fuertes e inteligentes rara vez se pelean. De veras, no hay nada que temer. Pide ayuda, que los adultos se ocuparán del resto. Y tú no dejes de estudiar :)

Por otro lado, si quienes te hacen daño no son tus compañeros (o no son ellos solamente), sino alguien en casa (por ejemplo, tus padres o algún otro familiar), entonces, por favor, pide ayuda a algún adulto en quien confíes. Lamentablemente las personas mayores no tenemos poderes especiales (vamos, que no leemos el pensamiento) y no siempre podemos detectar todo lo que le sucede a los menores, así que debes dar el primer paso y hablar. Te preguntarás cómo es posible que tu padre y/o tu madre te peguen o te insulten, que no te presten atención y no cuiden bien de ti. No puedo darte una respuesta precisa.

En esta entrada te he mostrado el ejemplo de varias personas que lograron dejar atrás un pasado difícil. Tú también lo conseguirás. En realidad, todos podemos cambiar si queremos. ¡Ánimo! Recuerda: pide ayuda. No tienes que seguir sufriendo en silencio.

viernes, 11 de julio de 2014

WIE JEDE BLÜTE...


Si no aprendes alemán, no pasa nada; pero, si lo haces, te pueden pasar muchas cosas. ¿Por qué perdérselas? 

El conocimiento tiene un impacto positivo en la vida. Hay que elegir el saber necesario, el que es bueno para nosotros porque nos sirve. Es indudable que el sistema educativo debería mejorar porque se ha convertido más en una herramienta de adoctrinamiento mediante el cual hacer sumisas a las futuras generaciones que en una actividad primordial para el desarrollo completo de la persona. 

Pondré un ejemplo: si a un niño no se le examina de las cosas fundamentales, ¿por qué el sistema educativo está obsesionado con verificar que el alumno memorizó a corto plazo lo que es secundario? Si el chaval no aprueba los numerosos controles a los que es sometido, ¿por qué se sanciona al educando y no al sistema educativo? 

¿Son los contenidos curriculares los idóneos? En las clases de Lengua y Literatura los alumnos memorizan un conocimiento inútil, perdiendo así un tiempo precioso y la oportunidad de aprender verdaderamente lo que se espera de esta asignatura. El conocimiento académico se basa en la lengua, pues éste no sería posible sin el uso de las palabras; es, por lo tanto, prioritario que los jóvenes dominen el castellano. Para ello tienen que usar diariamente un diccionario y una gramática. El resto consiste en leer y escribir. 

Uno de los mejores ejercicios que existen es el dictado. ¿Recuerdan cuándo fue la última vez que su hijo les dijo que hoy había hecho uno en clase? Otro instrumento imprescindible es la biblioteca. Lamentablemente, los escolares no la usan y, a veces, ignoran que exista en su centro educativo. No siempre esto ha de ser malo porque, de entrar en ella, lamentarían sus injustificables carencias, aunque éste es el menor de los problemas, pues las bibliotecas públicas cubren ese déficit. Habría que añadir, además, lo que la familia buenamente pueda aportar en cada hogar para uso y disfrute privados. 

Otra actividad que ha dejado de hacerse o ha perdido su incuestionable valor es la redacción de trabajos. Estos deberían fomentarse, pues permiten al joven implementar su propia agenda escolar, su autonomía académica, su imaginación y capacidad intuitiva, su curiosidad por aprender y, además, suponen el ejercicio de las habilidades básicas (conocimiento y uso del idioma), permiten la consolidación de la personalidad al dar libertad al sujeto para resolver problemas y dar una respuesta personal y satisfactoria al tema propuesto. Estos trabajos pueden hacerse en grupo y luego exponerse en clase. Esto, bien llevado por un profesor atento (si no está saturado por la masificación del aula), permite que los alumnos colaboren, sintiéndose parte de una estructura, y que desarrollen valores importantes para una sociedad sana. 

La lectura de los textos en voz alta es otra actividad básica que se está perdiendo. Al unir las asignaturas de Lengua y Literatura en una sola y restarle, además, horas lectivas, el Estado priva a los docentes de algo imprescindible para el desarrollo de su actividad: tiempo, que es precisamente lo que se necesita para leer en clase una lista de libros que todos los escolares deberían conocer. En su lugar, el sufrido profesor tiene que enseñar cronológicamente el nombre de los principales escritores y repetir las cuatro características de cada movimiento. No hay tiempo para más. Pregunta: si el alumno no lee ningún libro, ¿de qué le sirve saber quiénes los escribieron y sobre qué tratan? ¿No sería mejor dedicar todo el tiempo a leer? ¿Ustedes prefieren que sus hijos sepan de memoria (durante unos días, pues el conocimiento inútil se olvida pronto) cosas que sólo han visto superficialmente o que hayan leído 30 libros al final del curso escolar? ¿En cuál de los dos casos propuestos un alumno conocerá mejor nuestra literatura? No importa tanto el número de libros como el hecho de haber leído. Hay que estimular esta necesidad. ¿Cuántos analfabetos funcionales con graduado escolar no leerán nada el resto de su vida? ¿Quieren eso para sus hijos? Supongo que no. Septiembre está a la vuelta de la esquina y se nos ofrece una nueva oportunidad para hacer bien las cosas. ¡Muevan ficha!

Ésta es la base: el conocimiento de la naturaleza y funcionamiento de las palabras, la adquisición de nuevo vocabulario, el refuerzo de lo aprendido con ejercicios básicos (dictados y redacciones), lectura en voz alta de textos y uso de la biblioteca para la consulta bibliográfica. Si se consiguen los mínimos, lo siguiente es aprender un segundo idioma, después un tercero, luego el cuarto... Porque leer en español abre muchas puertas, pero leer en varios idiomas, abre muchas más. Como Hesse escribió en Stufen, la vida no quiere que nos quedemos mucho tiempo en un mismo ámbito y nos empuja a seguir avanzando. Una bonita traducción al castellano la podrá encontrar aquí, pero es más hermosa aún en el original, tal vez.

sábado, 16 de abril de 2011

LEER EN CLASE

Un excelente profesor de ética recomendaba a sus alumnos leer directamente a los autores (especialmente en su lengua materna) y prescindir de los manuales de historia de la filosofía. Consideraba mucho más valiosa la consulta directa de Aristóteles que lo que Wilhelm Capelle o Nicola Abbagnano pudieran contarnos acerca del estagirita. Seguramente por eso le prestaba gran atención a la exactitud del texto y dedicaba varias horas al significado de una sola palabra.

Sin ser especialista en filosofía ni un lector habitual de Aristóteles, recuerdo su seminario con admiración y gratitud. Fue, sin lugar a dudas, una de las mejores experiencias que me llevé de mi paso por la universidad.

Cuando los alumnos de ESO y Bachillerato se quejan de que el libro de texto tiene muchas páginas y que es imposible estudiar de memoria tantos temas para un examen, me acuerdo de las palabras de aquel profesor.

Los jóvenes suelen quejarse con motivo, aunque casi nunca llevan razón. Es cierto que no se puede memorizar una lista larga de autores que no se han leído y un montón de características que se ignoran por completo. Para remediar esos males y sofocar los conatos de algarabía que frecuentemente se producen en nuestras aulas, lo mejor que puede hacer el profesor es darles la razón y pedirles con total cordialidad que cierren sus libros y que se los lleven a casa. A partir de entonces, no se verá ni una página más de teoría. En su lugar, los alumnos llevarán un clásico (de esos que dicen "de lectura obligatoria en las aulas") y se leerá en voz alta durante toda la clase hasta que se termine. Cuando acaben la lectura de ese texto, los alumnos leerán otro de similares características. Así hasta agotar la lista de autores fundamentales de un periodo.

La clase está encantada. Algunos alumnos eufóricos reconocen haber descubierto su vocación. Bueno, paciencia. Después de un mes, el profesor puede pedir a sus alumnos que traigan nuevamente el libro de texto. Al día siguiente, éste les pide que lean el tema que trata el periodo que ellos han estudiado leyendo directamente a los autores. ¿Qué sucede minutos más tarde? Indignación generalizada. Se oyen comentarios como "Esto es una mierda, profe", "aquí no viene nada" o "qué payasada, chaval". El profesor guarda silencio y les pregunta: "Imaginad que vosotros fuerais el profesor. ¿Os parecería suficiente para la educación de vuestros alumnos exigid que se limitaran a estudiar el contenido de este tema?". Los alumnos: "Noooo", "es insuficiente", "ni de coña", "esto no vale para nada", "deberían leer los libros como hemos hecho nosotros"...

El profesor ya no necesita poner ningún examen. Sabe que todos han aprobado con creces. La calificación ni importa; es más, no se puede poner. Simplemente los chicos han aprendido y pueden seguir adelante. Así debería ser en todas partes, pero resulta muy difícil lograrlo cuando sólo hay cuatro horas a la semana de asignaturas como Lengua y Literatura. Leer, sumar y hacer ejercicio físico son la base de la educación. No podemos dedicar menos de dos horas a la semana a la lectura de nuestros clásicos. Nuestros hijos crecerán como salvajes, ignorando la belleza y las lecciones que atesoran miles de libros que, en el mejor de los casos, sólo recordarán por su título. Recuerden: sus hijos, la sociedad futura que, entre otras cosas, habrá de cuidarles. Véanlo, al menos, por el lado egoísta. Derek Curtis Bok sentenció: "Si usted cree que la educación es cara, pruebe con la ignorancia". No le faltaba razón.

Para corregir la falta de horas, podríamos empezar por eliminar los exámenes. ¿A qué acuden los alumnos al colegio: a aprender o a examinarse? ¿A examinarse de qué si no tienen tiempo de aprender nada como Dios manda? No estaría tampoco mal que se introdujeran asignaturas optativas como latín y griego, también disponibles para los alumnos que decidieron estudiar ciencias, aquellos que luego tanto lamentan no haberlas cursado durante la etapa escolar cuando ya en la universidad deben enfrentarse, por ejemplo, a la terminología. En los colegios se pierde mucho tiempo en otras tareas de las que podríamos prescindir. No digamos ya lo de las vacaciones estivales...

La educación es la base de todo, pero no vale cualquier tipo de educación.

lunes, 14 de febrero de 2011

EL BLOG DE HARVARD UNIVERSITY PRESS

De los últimos blogs que he descubierto, querría destacar el de la editorial de la universidad norteamericana de Harvard, que a su vez ofrece enlaces a las distintas bitácoras de importantes editoriales universitarias de los Estados Unidos. Pueden conocerlo pinchando aquí.

viernes, 10 de diciembre de 2010

INFORME PISA

Brevemente, algunas reacciones en la prensa internacional acerca del demoledor informe Pisa de este año:

· Prensa alemana y austriaca ·

Der Spiegel (1) - Die Zeit (1) - Frankfurter Allgemeine (1, 2 y 3) - Der Standard (1)

· Prensa británica e irlandesa ·

The Economist (1, 2 y 3) - The Daily Telegraph (1, 2, 3 y 4) - The Guardian (1 y 2) - The Irish Times (1, 2 y 3)

· Prensa francesa ·

Le Figaro (1) - Le Monde (aviso: enlace muy lento 1) - Libération (1, 2 y 3)

· Prensa italiana ·

Corriere della Sera (1) - Il Giornale (1) - La Repubblica (1)

· Prensa norteamericana ·

Time (1) - The New York Times (1 y 2) - The Washington Post (1, 2 y 3)

viernes, 19 de noviembre de 2010

miércoles, 27 de octubre de 2010

EL MENOR E INTERNET: INFORME DE ABUSOS Y PELIGROS

Según el informe "Risks and safety on the internet" realizado por The London School of Economics and Political Science, el 41% de los jóvenes españoles menores de 16 años hace un uso abusivo de internet (v. páginas 34 y 35).

Más alarmante me parecen los resultados acerca del acoso infantil (v. a partir de la página 67): el 5% de los chicos sufre bullyng más de una vez por semana y el 10% lo ha experimentado ocasionalmente. Estos datos me parecen demasiado optimistas. Sólo hay que echar un vistazo a las escuelas. Muchos niños comienzan a sufrir el acoso de sus compañeros en los primeros cursos y éste dura hasta el final de su escolarización, produciéndose las agresiones y amenazas tanto físicas como verbales a diario. Imaginen el horror que padecen miles de niños durante más de una década. Generalmente ellos lo ocultan por pudor, por nobleza o por miedo. Temen hacer daño a sus padres confesando el sufrimiento que padecen cada día en la escuela. A veces callan imaginando terribles represalias por parte de sus agresores tras la denuncia. Lo peor es la complicidad cobarde del resto de los compañeros y el silencio de profesores y dirección que prefieren mirar a otro lado.

Los capítulos 6 y 8 del estudio están dedicados a los riesgos asociados a la pornografía, tanto el visionado de imágenes explícitas como el envío o recepción de mensajes de contenido sexual. Resulta preocupante que, cada vez que las autoridades atrapan a los miembros de una red de pederastas, siempre aparezcan varios maestros entre los inculpados. Asociado a esta lacra, el capítulo 9 habla de los contactos que los jóvenes hacen en internet y el peligro que corren cuando se citan en persona. Yo sinceramente no entiendo cómo pueden suceder estas cosas. Sólo puedo culpar a los padres: es su negligencia, sumada a la actitud imprudente e inmadura de los hijos, la única responsable de que ocurran estos males. Cada tanto la sociedad enmudece con los pormenores del asesinato de un menor a manos de sus compañeros de clase, pareja sentimental o conocido del barrio. ¿Cuántos casos se habrían evitado si los mecanismos de detección propios de una social sana hubieran funcionado correctamente? Pero en la nuestra está fallando el principal: la familia. No hace falta ser una lumbrera para darse cuenta (y cuando uno está delante de treinta chavales lo detecta al instante) de que los niños conflictivos son casi siempre víctimas de una familia desestructurada y que su actitud es una llamada de auxilio que casi nunca recibe la atención necesaria. Falta de motivación, malas notas, ausencias injustificadas, mala actitud, comportamiento llamativo, trato irrespetuoso, aislamiento social (bueno, depende del contexto: esto a veces puede ser síntoma de lucidez)... señales evidentes de socorro, síntomas inequívocos de un malestar.

El buen profesor no puede limitarse a la enseñanza de su materia siendo testigo de estos graves problemas. Debe actuar y asumir un riesgo, pero éste es incomparablemente menor que el que sufre el alumno. Bien merece el esfuerzo si a cambio ve salir del atolladero a un joven inocente.

jueves, 16 de septiembre de 2010

DÉFICIT DE ATENCIÓN E HIPERACTIVIDAD: LA DIETA FEINGOLD

Benjamin Feingold fue un alergólogo infantil que propuso una dieta pensada para personas con problemas de atención e hiperactividad. Consideraba que podía existir una relación directa entre dichos trastornos y la alimentación. Su dieta eliminaba los aditivos y los salicilatos. Sus estudios demostraron que muchos niños mejoraban tras seguir las pautas alimentarias prescritas y que empeoraban al abandonarlas.

El llamado "trastorno de atención con hiperactividad" es uno de los motivos principales de fracaso escolar. Muchos docentes tienen niños con TDAH y no siempre saben cómo actuar correctamente ante los desafíos que conllevan la educación de estos jóvenes y su integración satisfactoria en el grupo. Los padres suelen acudir al colegio para reunirse con los tutores y con el equipo de orientación psicopedagógica. Se hace un seguimiento del alumno y se ponen en marcha las mejores estrategias. Pero todo eso no cura el TDAH. Benjamin Feingold demostró que su programa no sólo aliviaba el TDAH, sino que también disminuía los rigores de otros problemas de salud como el asma, la depresión, el desorden obsesivo-compulsivo, los terrores nocturnos y la urticaria, entre otros.

Todo lo que ingerimos tiene un efecto en nuestro organismo. La nutrición, por lo tanto, juega un papel determinante en nuestra salud. Apostar por el conocimiento detallado de los beneficios y riesgos de los alimentos que consumimos puede mejorar nuestra calidad de vida. Ahora están de moda los libros de divulgación médica que inciden en los beneficios de una alimentación saludable. Auténticos superventas como Alimentos que curan, Comer sano para vivir más y mejor o El detective en el supermercado. ¿Quién no se preocupa hoy por estos asuntos? El doctor Feingold nos legó un precioso trabajo que merece la pena ser conocido.

domingo, 2 de mayo de 2010

LOS LADRILLOS DE LA BIBLIOTECA JUVENIL (ENTRADA REVISADA)

Publica hoy el diario EL PAÍS en su suplemento dominical un artículo de Rosa Montero titulado "Cómo convertir El Quijote en un ladrillo". La autora relata la conversación que mantuvo con un joven profesor de Literatura. Éste lamentaba que sus alumnos de ESO y Bachillerato tuvieran que leer a su edad clásicos como La Celestina o el Cantar de Mio Cid.

Comparto la queja, pero no queda otra solución. La enseñanza obligatoria no comienza a los treinta años (desgraciadamente). Por lo tanto, en algún momento de su adolescencia los alumnos de ESO y Bachillerato deberán conocer los textos clásicos de nuestra literatura. Es posible que El Quijote no se digiera bien a los dieciséis años, pero ¿cuándo se estudiará si no? También podríamos reprochar al profesor de Matemáticas o al de Física que sus alumnos no tienen la madurez suficiente para aprender el temario de sus respectivas asignaturas. ¿Qué hacemos con los chicos entonces? ¿Nos conformamos con leerles cuentos y luego meterles en la camita hasta las cinco de la tarde?

No vería mal que se añadiese una hora de lectura diaria dedicada a los clásicos juveniles. Por otra parte, la actual asignatura de Lengua y de Literatura debería dividirse: por un lado, el temario de lengua; por otro, el de literatura. Lo mismo en el caso de Geografía e Historia, Física y Química, y Geografía e Historia. En Literatura, excepto en Bachillerato (y sólo por la exigencia de la prueba de Selectividad), prescindiría de exámenes. Es más importante leer con el alumno que forzarle a memorizar listas de autores y títulos. La literatura es como la música o la pintura: siempre lo más valioso es conocer la obra.

Sí es posible leer El Quijote y otros muchos títulos a los catorce años. Para ello se necesita un ambiente escolar saludable, estímulo familiar, acuerdos sociales en materia educativa y buenos recursos al alcance de todos.

sábado, 20 de marzo de 2010

UN IDIOMA

El inglés es la llave maestra que abre la puerta de todos los deseos.

domingo, 29 de noviembre de 2009

YO NO SOY TU COLEGA, SOY SU PROFESOR

El diario EL MUNDO publicó el viernes pasado un texto de Rafael Martínez-Simancas titulado "De Don José a Pepe-tronco". Se puede leer haciendo click aquí (v. página tres del pdf). El autor ha reflejado en este breve y sentido artículo la amarga realidad en las escuelas e institutos de España.

Doña Esperanza Aguirre, Presidenta de la Comunidad Autónoma de Madrid, ha logrado sacar adelante el anteproyecto de Ley de Autoridad del Profesor. Medidas urgentes (luego se demostrará si acertadas o no) para frenar la indisciplina en los centros de educación y el acoso que sufren los profesores por parte de sus alumnos.

Estaría bien que, aprovechando la iniciativa legal, se añadiera una subida del sueldo a todos los docentes, que se pusiera freno a los abusos que la Dirección de muchos centros privados comete con sus profesores (una expresión moderna de una vieja injusticia: la esclavitud laboral) y que la sociedad respetase y valorase más a los docentes. Estas tres proposiciones no arreglarán el problema, pero ayudarían a sobrellevarlo. Y ¿cuál es, entonces, la naturaleza del conflicto? Una que, lamentándolo mucho, parece no tener solución: el propio ser humano.

viernes, 13 de noviembre de 2009

CEREBROS ATROFIADOS (ENTRADA REVISADA)

Si me pidieran una definición improvisada de la palabra prejuicio, respondería que es la comunión de varios vicios o, específicamente, el resultado de unir la ignorancia y la violencia con el miedo y la soberbia. La ignorancia y la violencia suelen entenderse bien y crean monstruos a cualquier edad. Si el miedo -la respuesta a esa frustración- se aplaca con dosis de soberbia, el sujeto se convertirá en un peligro para sí mismo y para los demás. De ahí la importancia de educar a las personas desde la infancia.

El espíritu de nuestro tiempo sopla en la dirección equivocada y ha arrastrado a miles de adolescentes hacia la desidia. Entendería que un lector (tal vez demasiado temprano) de Cervantes criticase sus páginas, pero ¿cómo se puede condenar lo que no se conoce? La mayoría de los alumnos no quiere leer a Cervantes; en realidad, no quiere leer nada. ¿Somos nosotros y son ellos conscientes de las consecuencias de una educación tan pobre? El problema se agrava cuando el profesor descubre que a buena parte de su alumnado le desagrada, además, la música clásica, la geografía, el cine, la historia... Quizá la educación obligatoria y los exámenes hayan convertido el estudio en un medio y no en un fin.

No sé por qué me viene a la cabeza el recuerdo de aquel profesor alemán que intentaba inculcar unos valores humanistas en una juventud trastornada que soñaba con ir a la guerra y purificar la raza. ¿Se acuerdan de Ödön von Horvath y su Jugend ohne Gott?

Una humilde proposición: separemos las asignaturas de Lengua y Literatura. En la segunda, la teoría puede servir de conocimiento y comprensión de los textos, pero lógicamente debería invertirse la mayoría del tiempo en leer. Y leer es como dormir: debemos hacerlo a diario. No basta con cuatro horas lectivas a la semana de las que hay que dedicar dos a la materia de lengua y dos a la de literatura. De este modo, el joven se acercará a los clásicos nuevamente y ¡quién sabe! nosotros le ayudaremos a borrar un prejuicio más.

"No deje que se le arrugue el cerebro" es el título de una noticia que Sandra Fernández ha firmado el pasado domingo para el suplemento MAGAZINE del diario español EL MUNDO. Según el neurólogo Félix Viñuela, director de la Clínica de la Memoria del Hospital Nisa de Sevilla y experto en envejecimiento cognitivo, pasar demasiadas horas ante el televisor, soportar durante años un trabajo estresante, padecer trastornos del sueño, sufrir problemas emocionales más o menos severos (desde la depresión hasta un desengaño amoroso), tomar la jubilación anticipada y -esto último aún por comprobarse- el empleo abusivo de las nuevas tecnologías (internet, telefonía móvil, videojuegos, etc.) son hábitos que influyen decisivamente en el envejecimiento de nuestro cerebro. Ese deterioro conlleva falta de memoria, dificultad para resolver problemas, pérdida de la orientación, incapacidad de mantener la atención y problemas al expresarnos.

¿Cómo podemos evitar la degeneración de nuestra memoria y, con ella, la de nuestro cerebro? La respuesta es tan sencilla como evidente: entrenándolo. ¿Cómo? Al parecer, cada persona necesitará un entrenamiento individualizado, pero hay un calentamiento básico común: la lectura. En palabras de Félix Viñuela, "la mente se ejercita con hábitos intelectuales saludables como la lectura. Hay que leer, lo que sea, el periódico mismo, y participar en actividades asociadas a la lectura como [el] teatro o [las] tertulias".

En definitiva, la oferta audiovisual seca nuestro intelecto, no así la lectura. Sería oportuno recormendar el número de noviembre de Revista de libros, cuya portada está dedicada a Wikipedia. Manuel Arias Maldonado, profesor de Ciencias Políticas en la Universidad de Málaga, dedica cinco páginas al tema. En nuestra sociedad, cada vez más idiotizada, internet se ha convertido en el nuevo oráculo de Delfos al que se acude para "interrogar a los dioses" acerca de miles de cuestiones, la mayoría banales (sería interesante una reflexión acerca del significado de los verbos saber, conocer(se) y aprender). Si Wikipedia es la herramienta de consulta más usada de internet y todos los docentes, investigadores e intelectuales han mostrado su inquietud al respecto, fomentar esta tendencia puede conducirnos a una situación muy preocupante. En cierto sentido, internet ha matado el espíritu crítico de la sociedad. El estudiante se ha convertido en un usuario que consume el conocimiento y lo deglute igual que una hamburguesa insana. No hay objeciones, dudas, críticas... Es la consecuencia de nuestro sistema educativo.

He comenzado la lectura de Estructuras de la mente: la teoría de las inteligencias múltiples, del psicólogo norteamericano Howard Gardner. Defiende la idea de que no tenemos un único cociente intelectual, sino que contamos con varias inteligencias distintas. Hasta ahora se han distinguido nueve: la inteligencia lingüística, la lógico-matemática, la espacial, la musical, la corporal-cinestésica, la intrapersonal, la interpersonal, la naturalista y, últimamente, la espiritual. No me convence mucho esta teoría. Para mí, las nueve inteligencias sólo son la manifestación única de esa compleja maquinaria llamada cerebro y podríamos ampliar el número de inteligencias hasta igualar el de las capacidades o habilidades del ser humano, lo que resultaría costoso y, finalmente, innecesario. En cualquier caso, trátese de inteligencias o habilidades, lo que deberíamos tener muy claro es que hay que ejercitar cada una de ellas o, de lo contrario, terminarán atrofiándose.

¿Qué futuro les espera a nuestros jóvenes sin la belleza sublime del conocimiento? ¿Estamos gestando una generación de tiranos, de personas insensibles, de futuros dictadores y sometidos? Sería una crueldad cruzarse de brazos ahora.

viernes, 18 de septiembre de 2009

EL TALENTO Y LA VERDAD (ENTRADA REESCRITA)

Estaba leyendo el excelente blog de don Pedro Jesús Teruel cuando he tropezado con esta cita de Carlos V a propósito de los cambios arquitectónicos introducidos en la Catedral de Córdoba:

Habéis destruido lo que era único en el mundo y habéis puesto en su lugar lo que se ve en todas partes.

No conocía la cita, que me ha gustado mucho: es digna de un emperador y casi lo es también de Chesterton y de Wilde. ¿No se podría aplicar hoy a tantas cosas? Por ejemplo, a la educación. El profesor debería fomentar el talento propio de cada alumno y enriquecerlo después con un poco de estudio. ¿Acaso tiene la escuela una finalidad distinta? Los rígidos planes de estudio se han apartado de ese propósito.

A ningún joven le explican por qué tiene la obligación de ir a clase diariamente ni cuál es el motivo de que deba estudiar los contenidos de cada asignatura. Bastaría con decir que somos nosotros los que nos obligamos a que ellos tengan el derecho de asistir al colegio hasta la edad adulta y que, de ese modo, tenemos la garantía de que ningún chaval se pierda la oportunidad de conocer las cosas bellas que hay en el mundo. Si ellos no fueran a la escuela, no estarían jugando en el parque o haciendo lo que les apeteciera. La experiencia nos enseña que, lejos de esa imagen feliz, los niños que no son escolarizados trabajan como adultos toda la jornada y crecen sin los derechos fundamentales que, en cambio, sí disfrutan la mayoría de los jóvenes españoles. Por lo tanto, se les haría ver que ellos son muy afortunados al poder ir a clase y que su deber es estudiar, entre otras cosas, para tener la formación necesaria con la que un día presionarán a aquellos que no permiten a sus hijos una infancia digna.

Tampoco estaría mal que el buen profesor enseñara a sus alumnos que el ser humano es curioso por naturaleza. Les refrescaría un poco la memoria recordándoles la edad de la primera infancia, cuando seguramente torturaban a sus padres con una incesante serie de preguntas acerca de cualquier cosa. El célebre "¿por qué?". Debido a ese gran deseo de conocer, los adultos decidieron crear escuelas donde los niños recibirían respuestas a todas sus interrogantes. El problema de la escuela es que los profesores dan un montón de respuestas a preguntas que los alumnos nunca han formulado y que no entienden porque les quedan demasiado grandes para su edad. Y ésa es la razón de que los niños dejen de preguntar por qué cuando llega el momento de ir a la escuela. En cierto sentido, se podría afirmar que la actual educación obligatoria mata el interés natural del ser humano o, en el mejor de los casos, lo atrofia irreversiblemente.

En clase no debería haber libros de texto ni filas de pupitres. El aula debería estar pensada para grupos reducidos. La palabra alumno desaparecería al igual que plan de estudios. Los niños hablarían con su maestro y éste respondería a todas sus preguntas. Cuando los niños se cansaran de preguntar, el profesor les enseñaría lo que considerase oportuno, pero sin llamarlo nunca lecciones. Por supuesto, no habría tampoco exámenes. La cantidad de tiempo precioso que se pierde con esa loca ocurrencia... los exámenes. ¿Acaso nos examinan cuando aprendemos a andar, a montar en bicicleta, a reconocer los sabores de los alimentos, a hacer amistad con otras personas o a otras tantas cosas mucho más importantes que aprender de memoria el teorema de Tontinos de Culea para ponerlo bien en la hoja de ejercicios y que nos den, a cambio, un positivo? Un positivo, ¡qué memez!

Estoy por creer que ningún escolar debería pisar el colegio hasta bien cumplidos los treinta o cuarenta años. En verdad que la educación actual es, en muchas ocasiones, una tortura insufrible para los niños. Claro que, al reparar en la suerte que corrieron otros chicos menos afortunados, uno no sabe ya ni qué pensar...

He cambiado el contenido de esta entrada. El título carece ahora de sentido. Para no cambiarlo y para que siga valiendo, repetiré que el profesor debe alimentar el talento innato del alumno con el fin de moldear en él lo que es diferente a todos y lo que no podrá repetirse jamás, y añadiré a eso que la regla que debe presidir tal educación es la verdad, madre del conocimiento, de la honradez y de la dignidad.

Un autor que debería leerse en Educación para la ciudadanía: Erich Fromm.

jueves, 17 de septiembre de 2009

UN NUEVO ACUERDO EN MATERIA EDUCATIVA PARA ESPAÑA

Ödön von Horváth nació el 9 de diciembre de 1901 en la actual ciudad croata de Rijeka. En tiempos del escritor, la localidad pertenecía a Hungría y se conocía por el nombre italiano de Fiume -al parecer, el mismo que recibía en húngaro. Falleció en la inmortal París, el uno de junio de 1938, durante una tormenta: Horváth paseaba por los Campos Elíseos cuando una rama de plátano se desprendió y lo golpeó violentamente en la nuca.

Se le recuerda como dramaturgo. Los historiadores de la literatura citan, entre sus obras más importantes, su primer éxito teatral: Italienische Nacht (La noche italiana, 1931). Luego llegaría su obra más importante: Geschichten aus dem Wienerwald (Historias/Cuentos del bosque vienés, 1931), por la que recibió el Premio Kleist. Otras piezas importantes son Kasimir und Karoline (Casimiro y Carolina, 1932), Glaube Liebe Hoffnung (Fe, amor, esperanza, 1932), Don Juan kommt aus dem Krieg (Don Juan regresa de la guerra, 1937) o Der jünsgste Tag (El día más joven, 1938). El autor, que simpatiza con el socialismo, desenmascara la identidad del pequeño burgués y enfrenta la ideología política de izquierdas al emergente fascismo europeo.

También es autor de las novelas Ein Kind userer Zeit (Un hijo de nuestro tiempo, 1938) y Jugend ohne Gott (Juventud sin Dios, 1938). Al margen de que podamos simpatizar o no con su crítica a la clase media (el egoísmo, la brutalidad o la hipocresía no son males exclusivos del burgués, sino defectos del ser humano que pueden aparecer en cualquier contexto social y político), Juventud sin Dios es una obra excelente que debería prescribirse en las aulas de Educación para la ciudadanía. Yo conocí el texto hace años y he olvidado parcialmente su argumento. Creo, no obstante, que todos los lectores compartimos, durante las páginas de aquel relato en primera persona, la angustia creciente de ese pobre e indefenso maestro que intentaba en vano inculcar unos valores universales en una juventud trastornada por el odio. Permítanme que cite unas líneas de la reseña editorial, a ver si les suena a algo reciente:

Ambientada en los momentos de ascenso del nazismo y con una trama policiaca, narra las dificultades de un maestro para educar a los jóvenes en el humanismo, cuando la sociedad entera ha perdido los más elementales principios morales. Con un estilo duro, de lenguaje deshidratado y esquemático y narración ceñida a lo esencial, Horváth va más allá de la crítica a un sistema en concreto y ataca a la esencia misma de los sistemas totalitarios.

¿En qué tipo de sociedad vivimos hoy que el relato de hechos tan funestos nos parece la crónica de un suceso actual? ¿No hemos aprendido nada de la historia?

Hace unos días, doña Esperanza Aguirre, Presidenta de la Comunidad Autónoma de Madrid, comunicó públicamente su deseo de convertir al profesor en "autoridad pública". De ese modo, se intenta revalorizar el papel social del docente y otorgarle un poder necesario para reestablecer su desacreditada autoridad en las aulas.

Nadie ignora cuál es la situación actual en los colegios españoles. Hace tiempo que se tocó fondo en la enseñanza. ¿Qué más puede suceder? La medida que pretende tomar la señora Aguirre ha sido demandada desde hace años por el colectivo laboral más castigado socialmente. Se producen más bajas por depresión o estrés en el profesorado que en las fuerzas de seguridad nacional. Y es muy fácil comprender por qué: ¿de qué forma un profesor puede imponer su autoridad cuando debe enfrentarse sin ningún medio al desafío constante de decenas de alumnos conflictivos que se saben impunes? ¿Se imaginan que el ejército español tuviera que luchar sin armas? "Impongan su autoridad", les dirían. Y si no pueden, es que no valían para la guerra. Ése es el pensamiento que gobierna los sesos de muchos y pésimos jefes de estudios en este país: creer que un adulto podrá doblegar la maldad de sus alumnos con la simple presencia.

Mientras no existan mecanismos coercitivos del delito en las aulas y la sociedad avale las decisiones tomadas por los profesores, nadie podrá hacer frente con éxito a nuestra juventud. Lejos de eso, terminaremos siendo acaudillados por nuestros propios hijos. De hecho, esto ya ocurre. Se dan casos de adolescentes que, con solo doce años, hacen en casa lo que se les antoja. ¿Cómo un padre puede sentir temor de su hijo? Ver para creer.

Los suizos Hermann Hesse y Robert Walser publicaron respectivamente sus novelas Unterm Rad (Bajo las ruedas) y Jakob von Gunten con tres años de diferencia. La novela de Hesse, en 1906 y la de Walser, en 1909. En ambos textos hay una condena amarga de la educación recibida, aunque la crítica es de distinta naturaleza. Han transcurrido cien años desde la primera edición de las dos novelas y el panorama en las escuelas ha cambiado mucho. Ya no hay profesores severos que aterrorizan a sus alumnos y les infligen castigos físicos. Sin embargo, la violencia persiste. Ahora la ejercen los alumnos contra sus maestros y, ésta parece una constante de la vileza juvenil, contra algunos compañeros de clase. Se ha pasado de poner al niño mirando a la pared, de rodillas y sujetando pesados libros en cruz a pegar una paliza a la profesora mientras alguien graba el dudoso triunfo que luego colgarán en internet.

De las lágrimas de los alumnos de Albert Lory (Charles Laughton en Esta tierra es mía, 1943) en su discurso final a las de cualquiera de nuestros profesores de hoy se ha producido una patética involución. No se trata de que uno de los bandos sufra, sino de que ambos se beneficien de los fines que persigue esa curiosa sociedad compuesta por treinta chavales que se aburren y un adulto que les enseña a no aburrirse.

Y volvemos al mismo problema de siempre: hay personas que no pueden convivir con otras bajo el poder de determinadas circunstancias. El mal no lo provoca la sociedad, el dinero ni la política educativa, aunque contribuyan en gran medida. Hay jóvenes con problemas personales que deben ser aislados hasta que estos logren superarlos. El asunto es que nunca se solucionan y, con dejar pasar el tiempo, no encontrarán salida por sí solos.

Veamos un ejemplo:

Un joven violento se ha convertido en el cabecilla de un grupo. A sus órdenes, los chicos la lían en clase. El resto del alumnado no lo impide porque tiene miedo, simpatiza en parte con sus compañeros o le da igual lo que ocurra. De un grupo de treinta alumnos, en cada clase estamos perdiendo a diez alumnos interesados en la materia, a dos o tres chicos brillantes y, sin duda, el talento de algún superdotado. Y todo por culpa de un chico conflictivo. El profesor no puede expulsar de clase al alumno problemático. Si lo castiga un día por la tarde, el joven se enfadará más. Por experiencia sabemos que ese tipo de sanción no sirve de nada. Podemos intentar hablar con él después de clase. Al día siguiente se le habrá olvidado todo lo que hayamos comentado. Si hablamos con los padres, el alumno igualmente se encrespará y, en ocasiones, el profesor corre el riesgo de que el padre defienda al hijo o reconozca que no puede hacer carrera de él. Llegados a este punto, ¿qué puede hacer el docente? Nada. Si traslada el problema a la junta de profesores o al jefe de estudios, seguirá sin resolver el problema. Lo más probable es que su director le dé un aviso y le recuerde que debe imponer su autoridad. Pero ¿cómo? El pez se muerde la cola. Si el maestro no tiene herramientas para acabar con el conflicto, pierde autoridad. No puede imponer su autoridad porque carece de medios. No hay solución.

Yo apartaría al joven del grupo e investigaría qué problema tiene.

- Muchas veces se tratará de una carencia afectiva. Llama la atención en clase porque en su casa no encuentra la suficiente. Resolveremos el problema llenando ese vacío.

- Puede deberse a un problema familiar: los padres discuten y el niño se rebela interiorizando la violencia conyugal que después manifestará en clase con agresividad e impotencia. Mientras los padres no logren un entendimiento maduro, el joven mantendrá su actitud. No olvidemos que el niño conflictivo, en realidad, es una víctima.

- Tal vez el joven necesite atención psiquiátrica porque sufre un mal nervioso o un daño mental. En este último caso, evidentemente el chico no puede permanecer en su clase y necesitará ser atendido en un lugar especial.

- El joven es inmaduro y compensa su inseguridad en el seno de una pandilla. Las malas compañías han convertido a este chico introvertido en un fanático. Lógicamente no es feliz y sabe que no ha logrado superar su miedo. ¿Cómo expresa su impotencia? Con agresividad. Seguramente, además de enfrentarse a su profesor, hace daño a algún compañero, algún niño bueno y feliz, su imagen opuesta. En este caso hay que fortalecer su autoestima, el profesor deberá descubrir en él algún talento y lo tratará con afecto. La tarea debe compartirse con el psicólogo del centro y con los padres. Cuando el niño se sienta más seguro, probablemente desistirá.

- El niño es malo por naturaleza. Nada funciona con este joven. Ha ido de centro en centro, se acumulan las expulsiones y ha repetido demasiados años. ¿Qué hacer? Desde luego estamos ante un caso límite. Es preciso crear lugares para personas como él. En otro ambiente, siguiendo un plan de estudios flexible y adaptado a sus características personales, buscando en la enseñanza un fin diferente, siguiendo muy de cerca su evolución y con más paciencia que un santo, podemos confiar en el milagro. Ahora bien, desde luego que en un centro "normal" no debemos esperar ningún éxito.

Como vemos, el profesor siempre debe involucrarse activamente en la formación personal de sus alumnos. Es una tarea que excede su horario de trabajo y muchas veces roza la labor del asistente social cuando no la que podría ejercer un familiar. Seguro que a los profesores no les falta motivación, pero estos no pueden desempeñar una tarea tan exigente si están al cuidado de tantos alumnos, sin la consideración social que merecen y recibiendo por todo ello un sueldo tan bajo.

Me parece muy bien la propuesta de S. M. el Rey Don Juan Carlos I cuando afirmó en su discurso de Inauguración del Curso Escolar 2009-2010 que hay que prestigiar a los profesores y alcanzar un acuerdo sólido en materia educativa. La naturaleza de dicho pacto y la nueva consideración del maestro deben trascender su propiedad nominal y convertirse en una realidad de iure. Así tanto en la enseñanza pública como en la privada.

El tema da para mucho más. Estas palabras sólo fueron un punto de partida.