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lunes, 26 de septiembre de 2011

EL BIBLIOBURRO

Hace tiempo abrí por primera vez La biblioteca de noche, de Alberto Manguel. De todas las imágenes que vi en ese libro maravilloso, la del biblioburro fue la que más me llamó la atención. Hoy le explicaba a una profesora de la antigua Checoslovaquia la anécdota de esa simpática iniciativa. Decidí enviarle un enlace a su correo electrónico. Era un vídeo de Youtube. Hoy quise conocer la historia de esa iniciativa y descubrí una historia emocionante.

Don Luis Soriano era un maestro rural que leía cuentos a sus alumnos. Pronto descubrió cómo los libros podían transformar la realidad de los lectores, especialmente la de los niños. Decidió crear el biblioburro, una red de préstamo editorial parecida a nuestro Bibliobus, compuesta inicialmente por 70 volúmenes que portaban dos asnos, llamados con gran acierto cervantino Alfa y Beto. Los dos animales y el buen hombre se acercaban a zonas rurales de Colombia alejadas de una biblioteca. Tras escuchar una lectura de cierta novela de Juan Gossaín, don Luis se puso en contacto con la emisora para pedir un ejemplar de la obra. A cambio recibió un generoso donativo que superaba con creces las espectativas iniciales. Hoy el biblioburro distribuye más de 4000 ejemplares y pronto se terminará la construcción de un pequeño edificio que alojará la primera biblioteca fija de don Luis Soriano. Pueden encontrar más datos en Wikipedia.

Uno siempre busca esa historia sencilla, de pocas páginas, que llegue a muchos lectores y le permita a su incrédulo autor dedicarse finalmente a la escritura, encontrando así su lugar en el mundo; pero la realidad es la mejor narradora: no se puede competir con ella. ¡Qué tipo tan grande, don Luis Soriano a lomos de sus borricos ilustrados! En verdad es Hispanoamérica una Castilla elevada al cuadrado, fecunda, mágica, dilatada, sorprendente, entrañable, trágica y esperanzada. No sé si puede haber una imagen más triste, pobre y humana que la de un hombre arrastrando dos asnos con libros. Con qué alegría corren los niños para pedir un libro cuando ven acercarse a don Luis. Ya le gustaría a más de un profesor ver reflejado un ápice de esa chispa en los ojos de sus abúlicos alumnos. ¿Qué hemos hecho mal en Europa?

Lo más bonito de la historia de don Luis es que no necesita un fiel escudero ni precisa serlo de nadie. Él es, en compañía de sus dos burritos, una epopeya superior, más digna de ser un día contada que la de otros caballeros que por el mundo fueron tras sabe Dios qué. ¡Cuántos horizontes despejados no habrá puesto la naturaleza a su paso! ¡Cuántas estrellas que contar en el firmamento!

lunes, 8 de agosto de 2011

SUCURSALES EN LA TIERRA

Tres revistas interesantes que el lector seguramente conoce: London Review of Books, The New Yorker y The New York Review of Books. La suscripción permite la consulta de todos los artículos publicados. El interesado encontrará textos firmados por algunas de las figuras más relevantes del siglo XX.

Se da la casualidad de que la primera cuenta con una librería en Londres, justo enfrente del Museo Británico. Algún lector la ha identificado con el paraíso. Quien haya tenido la oportunidad de visitarla no considerará que se trate de una afirmación desmedida. Probablemente el cielo admita distintas versiones de sí mismo.

Recibir periódicamente estos ejemplares en nuestro buzón puede convertirse en una de las rutinas más satisfactorias que nos ofrezca la vida, aunque un espíritu rural quizás encuentre excesiva su cuota de frivolidad. Recuerdo una escena de la película El desafío (The Edge, de 1997, con Anthony Hopkins, Alec Baldwin y Elle McPherson): Anthony Hopkins llega con el resto de la expedición a las instalaciones desde la que partirán en breve. El propietario posee una librería repleta de gastados ejemplares de The National Geographic. Me pregunto si tiene sentido apartarse de la gran ciudad y suscribirse a revistas como las arriba mencionadas. Recibir The National Geographic tiene mucho más sentido. En cualquier caso, es agradable sentir la autosuficiencia de una cabaña bien surtida de libros, revistas y mapas.

Un gabinete ideal tendría mesas grandes (son muy útiles las extensibles), buenas estanterías, excelente iluminación, todo tipo de material estilográfico, variedad del mejor papel, archivadores, ordenador con conexión a internet, equipo multifunción y, por supuesto, sillones confortables. La colección bibliográfica debe incluir revistas y atlas (creo que la prensa literaria y la geográfica son un híbrido excelente: una rastrea el mapa humano; otra, el terrestre). No debería faltar, bajo ningún concepto, un apartado para ver cine. Y, hablando del séptimo arte, me despido por hoy: son las 12 y empieza Arriba y Abajo.

miércoles, 8 de diciembre de 2010

LOS DÍAS Y LOS LIBROS


Dedico estas semanas al estudio de las primeras culturas. Hasta la fecha, sólo en castellano, he encontrado seis ediciones del Gilgamesh (las de Andrew George en Debolsillo, Jean Bottéro en Akal, Joaquín Sanmartín en Trotta, Stephen Mitchell en Alianza, Jorge Silva Castillo en Kairós y Federico Lara Peinado en Tecnos). Todas son necesarias y se complementan, pero el investigador se vuelve loco con tantos libros, aparte de que no siempre están disponibles en librerías o bibliotecas y adquirir un ejemplar de cada título resulta costosísimo para el bolsillo y luego conlleva los problemas de logística e higiene en el hogar propios del amante del conocimiento impreso.

Sería estupendo que existiera una única edición de cada título que albergara las aportaciones y diferencias encontradas por todos los traductores, editores y estudiosos de la obra. De ese modo, bastaría con acudir a esa única edición para, de una vez, tener todo al alcance. Quizá sea posible con el libro electrónico e internet. Sin embargo, habría que actualizar nuestra biblioteca periódicamente, problema menor comparado con el que nos presenta hoy la cultura en papel. Ahora bien, ¿quién aprobaría esa edición y daría el visto bueno a las siguientes incorporaciones? ¿Qué riesgos correríamos al poner toda la cultura en un dispositivo electrónico susceptible de ser infectado por un virus? Todo esto me recuerda bastante a Wikipedia. Se me ocurre una pega mayor: ¿qué modelo de sociedad es necesario para que todos los individuos trabajen por un bien común? El occidental está muy lejos de esa utopía. Lo más parecido a eso que podemos imaginar es una secta religiosa o el comunismo. Prefiero quedarme como estoy.

Mientras escribo estas palabras miro la nueva montaña de libros que compré recientemente. No sé si podré leerlos todos algún día. Me angustia ver esa pila de papel. Producir tantos títulos al año no implica necesariamente un progreso, al contario, agobia al lector. Creo que se leería más si se editara menos y, sobre todo, si existieran colecciones de fondo y no editoriales que descatalogan libros a los pocos meses de haberlos puesto a la venta. También podemos optar por construir gigantescas bibliotecas en todas las ciudades o bien escanear los libros y almacenarlos en un sitio virtual al que se acceda pagando una pequeña suma cada vez que se consulte un texto. Podemos optar por resignarnos y aceptar que sólo podemos leer una parte minúscula del conocimiento. Ojalá en la otra vida Dios lo haya solucionado todo. El Paraíso bien podría ser este mundo, pero sin sus defectos. Ya imagino las estanterías del Cielo, construidas con nubecitas blancas, y a John Malkovich tomándose un Nespresso mientras dialoga feliz con nuestro autor favorito, quien ha recobrado la vista y dice que todo le parece ahora estupendo, pero que tendrá que negociar lo del puesto de bibliotecario, que una cosa es imaginar la biblioteca de Babel y otra muy distinta fatigar sus innumerables pasillos.

sábado, 15 de mayo de 2010

MILES DE LIBROS (ENTRADA REVISADA)

Bibliotecas llenas de fantasmas (Des bibliothèques pleines de fantômes, Éditions Denoël, 2008), de Jacques Bonnet, es un breve ensayo acerca de los hombres que han dedicado su vida a coleccionar miles de libros. Es también un texto sobre esas inmensas bibliotecas privadas. La primera edición española, publicada por la editorial Anagrama, es de abril de 2010.

La bibliomanía es el término con el que nos referimos al gusto exagerado por coleccionar cientos de títulos. Se trata más de un culto al objeto en sí, a lo material, que a su contenido. De hecho, algunas bibliotecas contienen más volúmenes de los que su dueño puede leer. Por eso se cree que esta afición esconde algún mal psicológico (bibliomanía significa exactamente 'obsesión por los libros'). A mí no me gusta esa consideración y, aunque comparto el criterio, prefiero el nombre de bibliofilia, que es 'el amor por los libros'. Pero, claro, en su exceso reside irremediablemente la enfermedad. Por otra parte, el bibliófilo no amontona pilas de volúmenes, es más selectivo y, sobre todo, focaliza su interés en cierto tipo de libros con unas características muy concretas.

El texto de Bonnet cuenta un montón de anécdotas jugosas. La de Fernando Pessoa, que abre el libro, me ha parecido floja. Tampoco me han interesado los pasajes en los que habla de su biblioteca ni cuando menciona a tantos autores desconocidos. El ensayo se divide en nueve capítulos más el prólogo. "Decenas de miles de libros", "Bibliomanías", "Guardar y ordenar" y "Prácticas de lecturas" me han gustado mucho. "Leer las imágenes" y "Fantasmas de biblioteca" también se leen con placer. Bonnet descubre varios libros interesantes al lector (algunos de reciente publicación): La casa de papel, de César María Domínguez; Cómo hablar de los libros que no se han leído, de Pierre Bayard; La carne, la muerte y el diablo en la literatura romántica, de Mario Praz; Estudios sobre iconología, de Erwin Panofsky o Libros en llamas: historia de la interminable destrucción de bibliotecas, de L. X. Polastron, cuyo título me hizo recordar la obra de Fernando Báez Historia universal de la destrucción de libros.

Me quedo con muchos pensamientos. Citaré cuatro, no necesariamente en orden ni tampoco los mejores:

Sin preparación, sin conocimientos, sin lectura, en arte "no se ve nada".

Sólo la pared de mi dormitorio en la que se encuentra la cabecera de la cama ha quedado siempre libre debido a un viejo trauma: me enteré, hace muchos años, de las circunstancias en las que murió el compositor Charles-Valentin Alkan, apodado el "Berlioz del piano"; lo encontraron muerto el 30 de marzo de 1888, aplastado por su biblioteca.

Siento la necesidad de tener a mi disposición todos los libros y todas las pinturas, músicas o películas como otros tantos elementos de libertad interior.

El libro es la valiosa materialización de una emoción, o la posibilidad de sentirla algún día, y separarse de él sería correr el riesgo de crear un grave vacío.

... ... ... ...

Yo también comparto la idea de que una biblioteca, cuanto más completa mejor, es una garantía para su poseedor, un seguro que da paz al que por naturaleza es inquieto de espíritu y, por lo tanto, tiene un deseo ávido de satisfacer su curiosidad. Ese fervor por el conocimiento, esa imperiosa pulsión intelectual es la que lleva a ciertas personas a rodearse de libros y, con suerte, de personas que le puedan ofrecer una conversación a la altura de su biblioteca. Llenar las paredes de una casa con miles de libros no es una tarea caprichosa: es una de las ocupaciones más entretenidas y fascinantes que conozco.

domingo, 22 de marzo de 2009

LAS BIBLIOTECAS PÚBLICAS Y EL NOBLE ARTE DE LAS CIENCIAS HORTÍCOLAS

Me ha parecido interesante la siguiente noticia publicada en la página web del diario inglés The Guardian: "Time to go into battle to save our world of books". Yo prestaría atención a los datos finales. Al compararnos con las cifras del Reino Unido, uno creería que, sin duda, se cometió un error al publicar los siguientes datos:

There were 328.5 million visits to UK public libraries in 2007/8 compared with just over 345 million in 1997 – almost 20 million fewer visits per year.

En España, según la "Encuesta de hábitos y prácticas culturales 2006/2007", basada en una investigación por muestreo dirigida a dieciséis mil personas (con un margen de error en los datos del 1 %), sólo el 31,2 % de la población española entró en un museo el año pasado. A la biblioteca fue el 17,6 % y a conciertos de música clásica, el 8.4 % (a la ópera sólo el 2,7 %). Si desean conocer todos los datos, pinchen aquí y, si sólo quieren acceder al resumen general del estudio, hagan click en este enlace.

Cuando uno lee el Manifiesto de la IFLA/UNESCO sobre la biblioteca pública y compara los propósitos de ésta con la utilidad que le damos en este país, basándonos en los datos de la encuesta del Ministerio de Cultura, sabiendo, además, que no sólo se acude poco a la biblioteca sino que se compran muy pocos libros, llega a una triste conclusión: España es un país de borregos. El otro día expresó su sospecha José Antonio Marina en un documental emitido en el segundo canal público de la televisión española: si un país paga mucho por un jugador de fútbol, pero invierte poco en comprar buenos investigadores, ¿qué resultado nos ofrece esa balanza? Pues que se trata de un país de idiotas. El programa, emitido en Documentos TV, no está disponible en TVE a la carta, por supuesto (para los cuatro que usan internet en España, nos van a poner un documental... pega más La hora de José Mota o Vivir en tiempos revueltos), aunque hay que reconocer que fue flojo, pero la web del programa nos ofrece un escueto resumen (lo que ya es triste) que puede verse pinchando aquí. La fuga de talentos... ése es un tema interesante para otro día: el gobierno español los forma aquí y, una vez listos para ser productivos, les da una patada en el culo. Gesto del que se benefician los gobiernos extranjeros, que no pagaron un duro por su educación, pero que después de formados, los contratan para que enriquezcan a sus naciones (la de los gobiernos extranjeros, no la de los investigadores, por supuesto).

Las bibliotecas públicas, a criar malvas...

viernes, 6 de marzo de 2009

INTERNET ARCHIVE

Internet Archive es el nombre de un portal norteamericano que aloja miles de documentos académicos: desde los fondos del National Yiddish Book Center (v. tb. aquí) hasta la Orson Welles Shakespeare Collection, pasando por cientos de grabaciones de carácter cultural o películas de todos los tiempos (en este caso, se trata generalmente de avances y adaptaciones antiguas). Personalmente, mi interés por esta página se limita al apartado de los libros. Muy interesante.

sábado, 3 de enero de 2009

LAS VIEJAS BIBLIOTECAS


Cuando al atardecer paseo por la ciudad, las luces de los domicilios demoran mi paso. Entonces me fijo discretamente en el interior de alguna casa. Su dueño quizás ha dejado las cortinas descorridas o las ventanas están parcialmente abiertas, lo que se dice entornadas, para que se ventile la estancia. A veces, si hay suerte, puedo ver la biblioteca. Suele ocupar una habitación de tamaño medio y es un placer cuando todas las paredes están tapadas por un hermoso mueble de madera oscura. Personalmente, las librerías en color blanco me desagradan. En ocasiones, no es frecuente pero aún se ve, las estanterías, que en esos casos no tienen puertas de cristal, se han pintado de verde. Un verde botella bastante alegre. Suelen ser baldas largas, están abombadas por el peso de los libros y estos se han colocado con descuidado esmero y, a diferencia del mueble de anticuario, éstas han sido trabajadas a medida por un ebanista del barrio. Me gustan mucho porque no suelen dejar demasiado espacio entre los anaqueles: es como ver un muro de papel, un muro que no divide, sino que cobija (no obstante, se sabe de casos en los que la librería sepultó a su desgraciado dueño).

A mí me gusta el mueble sobrio y sencillo, con puertas de cristal, que suele alcanzar los dos metros. La madera, en esos casos, es maciza y se ha escogido un acabado elegante, quizás en un tono oscuro. Personalmente no me gustan los detalles dorados. Una cornisa lo distingue del mueble de fábrica. Resulta importante la elección de unos pomos discretos. No es necesaria una cerradura, pero subjetivamente ésta siempre añade un toque de distinción al mueble (parece así que custodiara objetos de enorme valor dignos de protegerse con llave), aunque generalmente no pase de ser un adorno o un complemento y, por lo tanto, sea prescindible. La simetría es fundamental, pero no suele resultar práctica: los libros se editan en distintos formatos, conque ocuparán más o menos espacio en cada caso. Si las baldas no están situadas a la misma altura, entonces convendría que el cristal fuera opaco o que aquella irregularidad se disimulara de algún modo. En los muebles aparadores, me refiero a los de cocina, se puede colocar una cortinilla interior que impide ver el tótum revolútum de platos, vasos, ollas y latas en conserva; no obstante, ese caos universal puede dejarse a la vista en el caso de la librería. Desconozco la razón.

En mis paseos no suelo ver dos tipos de muebles que también me gustan mucho: el aparador de salón y el librero bajo. Si paseamos por Madrid, por ejemplo, en los barrios del centro como Chamberí o los Austrias, las casas son de techo alto y suelen rematarse con un falso balcón en la fachada. Al tener ventanas tan altas, uno puede apreciar los detalles más íntimos de la casa y casi podría ver hasta el tipo de suelo (el otro día aprendí que en la Argentina llaman piso al suelo y que éste suele ser en madera, un parqué formado por listones de la mejor madera que aquí suelen costar una fortuna y con los que allí se equipan casi todos los apartamentos de Buenos Aires o, al menos, los que yo he podido ver hasta la fecha). Si uno camina por los antiguos bulevares, esto es, desde Colón hasta Princesa aproximadamente, los viejos edificios con ese aire tan castizo de la capital hispana no suelen albergar domicilios particulares, sino oficinas, a veces departamentos ministeriales, clínicas privadas o el estudio de algún modisto de renombre; en cualquier caso, inmuebles que han pasado varias revisiones y que han sufrido, por lo tanto, numerosas reformas en su interior. No esperemos allí la estética original del edificio, el viejo salón oscuro ni la librería de toda una vida custodiada por un anciano devorador de gestas históricas, romances decimonónicos y aventuras de ultramar. Lo más probable, lo más triste, es que aquellos hombres oscuros, los que solían caminar como bultos negros en la noche fría de la capital, hayan muerto ya derrotados tras la implacable lucha que siempre gana el tiempo, abandonados en su vejez por hijos ingratos, quizá solteros, sin amigos reconocibles, iluminados por la clarividencia que concede la soledad y la lectura de años, mustios, comidos por la humedad de la buhardilla eterna a la que nunca se asomaron para ver pasar las nubes blancas, el sol regio ni las jóvenes que cruzaban la avenida y pasaban su alegría de una acera a otra cerca de la animada plaza en cuyos cafés, igual que en un tiovivo, desfilaban las modas, las generaciones, las alegrías, los sueños y alguna tristeza. Y no sé por qué razón, aquellos bohemios a su manera se llamaban Sansón, Jacinto, Eliodoro, Salustiano o Gregorio y a algunos los vecinos de la escalera los conocían por su apodo. Todos ellos habrían conocido una existencia más feliz si hubieran bajado, de vez en cuando, al café de la plaza y allí hubieran pasado un rato distraídos y acompañados.

Y es que en el café podemos entretenernos mirando a la gente o leyendo un libro ligero. La ligereza es un don exclusivo del buen escritor y no debe confundirse con la vulgaridad. Chesterton es un ejemplo de lo que escribo. En 2008, con medio siglo de retraso, llegó a nuestras librerías Lectura y locura (Ediciones Espuela de Plata), libro póstumo que recoge numerosas columnas que el autor inglés publicó semanalmente en el periódico Daily News. Cuando uno lee a Chesterton tiene la impresión de estar perdiendo el tiempo, a veces de perderlo con aburrimiento, hasta que encuentra un pasaje ingenioso, un juego de inteligencia o una broma imprevista que justifican sobradamente el intento y rechazan nuestra crítica anticipada. Sin embargo, el lector considerará que muchos de sus libros son excepcionales. Desconozco la razón de esta irregularidad. Los artículos que integran Lectura y locura no representan una excepción: si bien el texto que da título al libro y lo introduce promete bastante, "Mudanza", que es el siguiente, decepcionará al lector, pero "Un cuento de hadas" o "El inglés curioso" lo emocionarán. He notado que las palabras de Chesterton suelen evocar los textos clásicos y al poeta inglés, que bien podrían ser todos y todos podrían ser Shakespeare. La inteligencia del autor crea juegos de palabras, generalmente paradojas, que, sin embargo, yo me resisto a considerar como tales, pues veo en aquellos una verdad revelada de un modo sorprendente y, no obstante, una verdad al fin y al cabo. Nadie diría que resulta paradójico afirmar que "dos más dos son cuatro" por muy poéticamente que se dijera. Por otra parte, todos sabemos que Chesterton hizo una defensa de la fe católica desde la razón, la inteligencia y, nuevamente, el talento verbal. No se trataba de doblar cucharas con insólitos adjetivos: el inglés veía la verdad y nos la contaba tal cual la veía, tal cual era, digamos, de un modo que él considera platónico o simplemente infantil. De hecho, la infancia y el juego son dos constantes en este libro. Quien decida leerlo convendrá conmigo en que las palabras de Chesterton transmiten un optimismo vital. Yo creo que esa sola característica hace merecedor de lectura al autor. Por último, conviene indicar que la editorial El Acantilado ha publicado en español otros muchos ensayos en dos volúmenes (creo que varios de los artículos reunidos en Lectura y locura se encuentran en aquellos): Correr tras el propio sombrero (y otros ensayos) y Lo que está mal en el mundo.



Chesterton despierta la imaginación del lector. Éste, a raíz de una anécdota leída en el libro, ramifica su argumento y crea una historia nueva y original. Por ejemplo, cuando uno se encuentra con el siguiente fragmento:

Todo cuanto podemos hacer es aceptar [...] el principio general de que hay una especie de relación extraña, muchas veces repetida pero hasta ahora aún sin explicar, entre encender la pólvora y oír una fuerte explosión. Es aquí donde podemos percibir la filosofía profunda y sabia del cuento de hadas. El químico nos dice: "mezcle estas tres substancias y se producirá la explosión". El buen mago del cuento de hadas nos dice: "cómete estas tres manzanas y al gigante se le caerá la cabeza" [...] El químico habla en un estilo y un tono particulares que sugieren la existencia de una filosofía abstracta, una especie de relación inevitable entre las tres substancias y la explosión. [...] El método del cuento de hadas, por el contrario, es mucho más filosófico. El mago nos dice: "Haz sólo esta cosa extraordinaria y sucederá esta otra cosa extraordinaria totalmente distinta. Ignoro por qué ocurre, y ni siquiera sé si siempre va a ocurrir. Pero es algo que merece la pena tener en cuenta cuando nos disponemos a matar a un gigante" (Páginas 143-144)

¿En qué piensa el lector a continuación? Probablemente intente recordar si leyó alguna vez un cuento de hadas en el que algún personaje llevara a cabo experimentos según el criterio científico de nuestros días. Al no recordar ninguno, imaginará cómo sería la historia. De repente, el lector se ha convertido en autor y está fantaseando con el argumento inaudito de un intrépido investigador empírico que se enfrenta a los mecanismos de la profunda filosofía del sinsentido que habita en el universo literario de los cuentos de hadas. Forzosamente recalará en el misterioso puerto de la novela gótica. Allí su navío echará el vuelo y generará monstruos como el Dr. Frankenstein, el Capitán Nemo o el pobre Inventor, padre de Eduardo Manostijeras. Parece que la literatura reprobase al científico y maldijese su obra. Seres inocentes y extraños en un mundo hostil donde padecen la condena que no les fue impuesta sufrir a sus hacedores. Criaturas malditas... Igualmente, la realidad no ve con buenos ojos a aquellos que ven en la naturaleza una magia oculta, una sorpresa constante. Por eso aquélla se encarga de hacer tempranamente adultos a los niños, pues todos saben que la infancia es la edad de la fantasía y, forzosamente, ha de durar poco tiempo aquí, entre nosotros. Si el lector es benévolo, inventará una historia fabulosa en la que ambos mundos convivan armoniosamente. Creo que el musical es una aproximación. Yo, sin embargo, prefiero adentrarme en el universo literario e imaginar las peripecias de un científico entre magos y hechiceros. Imaginen a los pacientes de ese posible doctor: pudiendo curar las caries de sus pacientes con una piruleta mágica, estos optarían por la angustia del quirófano y el empaste dental.

Creo que la ciencia es un castigo a nuestra soberbia. Como dejamos de creer que podíamos cubrir largas distancias con sólo desearlo, el hombre tuvo que estudiar el modo de desplazarse y así estudió física, mecánica, ingeniería y otras disciplinas para "descubrir" el avión, el tren, el carburante o la electricidad. Por supuesto, sería mucho más práctico entrar en el armario de la habitación y decir tres veces "Qué tiempo tan excelente hizo ayer en Londres" para salir nuevamente de allí a tres mil kilómetros de distancia. Pero, en fin, cualquiera contradice a uno de esos locos de bata blanca...
Para terminar, referiré las palabras que escribió un autor que no consigo recordar ahora: "Y, sin embargo, creo que la cortesana sabe mucho más que yo". De eso precisamente escribiré en otra ocasión.

domingo, 26 de agosto de 2007

LA HEMEROTECA DIGITAL Y ÁLBUM SALÓN


No es muy necesario afirmar a estas alturas que la Biblioteca Nacional debería ser uno de los edificios de mayor orgullo para las gentes de cada país. Ahora bien: que parte de los fondos de la propia biblioteca se puedan consultar desde casa a través de internet, eso ya me parece novedoso y digno de divulgación.

La página web de la Biblioteca Nacional de España es http://www.bne.es/ Entre sus muchos servicios, encontramos el de la hemeroteca digital. Yo la comienzo a consultar ahora. No tiene un fondo online para caerse de espaldas, pero dejemos pasar unos años y ya veremos cómo crece la criatura; no obstante, a día de hoy ya podemos encontrar auténticas reliquias a las que, de otro modo, muchos de nosotros tendríamos un difícil acceso. ¡Y qué bien contar con una buena impresora digital o, en su defecto, con un dispositivo de memoria portátil donde almacenar temporalmente nuestros documentos para que los impriman en una casa fotográfica o de reprografía profesional! Lo digo porque uno puede imprimirse revistas de finales del siglo XIX hermosamente ilustradas por los grandes pintores de la época, como Ramón Casas, José Cusachs, Pinazo, Santiago Rusiñol, Joaquín Sorolla o Marcelino y Modesto Urgell al lado de las más importantes firmas de entonces: Clarín, Blasco Ibañez, Echegaray, Menéndez y Pelayo, Palacio Valdés, la Pardo Bazán, Pereda, Galdós, Octavio Picón, Luis de Val o Juan Valera. Y no se pierdan la gracia de los anuncios...

Encontré la primera revista ilustrada a color de España: Álbum Salón. Se puede descargar cada número en formato PDF. Una delicia (y gratis). Que disfruten con la búsqueda.

viernes, 26 de enero de 2007

BLAKE, FROMM Y GUTENBERG

Buenos días a todos:
Escribiré hoy sobre tres páginas web que me han gustado mucho. Dos de ellas son simplemente magistrales y la tercera, bueno, tiene un valor más bien testimonial, pero es importante que exista (o, al menos, a mí me lo parece). Vamos a verlas juntos:
http://www.blakearchive.org/blake/: La mejor web que existe sobre William Blake. Digamos que es William Blake (o todo lo que pueda aproximársele). Dice así en la página de inicio:
"A hypermedia archive sponsored by the Library of Congress and supported by the Preservation and Access Division of the National Endowment for the Humanities, the Institute for Advanced Technology in the Humanities at the University of Virginia, the University of North Carolina at Chapel Hill, Sun Microsystems and Inso Corporation. With past support from the Getty Grant Program and the Paul Mellon Centre for Studies in British Art."
Esto ya nos da una idea de lo que nos vamos a encontrar a continuación. Está todo, no falta nada: es impresionante. Pero Ud. tal vez se pregunte: "Vale, ¿pero quién fue William Blake?" Uno de los grandes poetas románticos que dio Albion, esto es, Inglaterra. Unos lo han situado en el "romanticismo anarquista" porque no saben dónde ubicarlo ni cómo catalogar su producción literaria. Digamos que fue "independiente". En la figura de William Blake se da una conjunción: el poeta, el grabador/pintor y, quién sabe, el iluminado (decía hablar con ángeles). Se le tuvo por excéntrico y su desbordante imaginación tiende al misticismo. Al igual que muchos desafortunados, vivió en una época hostil a esa vieja artesanía medieval del libro iluminado. Sus conocimientos como grabador le permitieron hacer realidad un propósito: escribir sus textos a mano en hojas previamente grabadas con dibujos que él mismo realizaba. Existe en su obra una relación íntima entre las imágenes y las palabras. Se cree que el texto es simbolista, oscuro y de difícil interpretación. Lo mismo puede opinar alguien que no hable japonés ante una página del Nihonshoki. Creo, más bien, que existe un problema referencial (el lector no sabe a qué se refiere el poeta) antes que a un complejo universo simbólico o de difícil interpretación. Ni Blake estaba loco ni escribió cosas complicadas; todo lo contrario: era bastante claro. Pero, evidentemente, para leer japonés con fluidez antes hay que aprender el idioma. No obstante, el lector apreciará un íntimo e intenso fulgor que bien puede ser sinónimo de sufrimiento, de agitación, como un malestar enervado por alguna obsesión: es una visión caduca, desordenada de lo que antes pudo ser el Paraíso. Parece que las figuras de las imágenes danzaran ajenas a un incendio y sólo los dioses contemplaran horrorizados el dolor y el final. Tal vez la conciencia en el hombre le otorgue cierta cualidad divina. Borges, en Introducción a la literatura inglesa, escribe:
"Cronológicamente fue contemporáneo de los románticos; mentalmente, de los neoplatónicos, de Swedenborg y de Nietzsche [...] Prefería la venganza al perdón; razonaba que toda persona injuriada quiere vengarse y, si no lo hace, ese deseo insatisfecho -esto anticipa a Freud- irá enfermando su alma [...] Murió cantando"
En su librito Biblioteca personal, a propósito de una noticia sobre la edición de la poesía completa del escritor inglés, concluye: "William Blake es uno de los hombres más extraños de la literatura". Y en la obra que recogieron los investigadores Martín Arias y Martín Hadis sobre el curso que pronunciara Borges en la Universidad de Buenos Aires en 1966, el autor de Ficciones dedica una clase a relacionar la obra de Blake con la del místico y visionario Swedenborg, aquel que afirmó que un hombre no se salvaría por santo que fuera si éste carecía de inteligencia (Swedenborg probablemente careciese a su vez de compasión). Sabido es que a Borges le fascinaba la figura del tigre, así que era de esperar que también incluyera en su lección un comentario sobre el poema "The Tyger" de Blake, donde el animal debe encarnar el concepto del mal absoluto, preguntándose el poeta cómo Dios pudo haber creado, al mismo tiempo, al cordero y al tigre, pues un ser omnipotente y misericordioso no habría permitido que éste comiera a aquél. Y se pregunta en un verso: "Did he smile his work to see?". Eso nos preguntamos muchos vegetarianos a diario. Incluyo los enlaces directos a los poemas "The Tyger" y "The Lamb". La cara del pobre tigre, lejos de inspirar maldad, conmueve (si parece que esté pidiendo un biberón, ¿no?):
Si alguien sabe de algún estudio psiquiátrico sobre la obra de Blake, le agradecería que me lo hiciera saber.
La segunda página web es la del Project Gutenberg, a saber, una biblioteca electrónica donde se pueden encontrar los textos íntegros de unos 20000 libros sin copyright. Al margen de la opinión de los libreros (que comparto), la posibilidad de consultar tantos textos desde casa facilita, como es propio a una herramienta de trabajo, la consulta e investigación de cuantos estudiosos se interesen por un asunto literario, filosófico o histórico. Si cada vez que precisáramos un dato concreto tuviéramos que acudir a una biblioteca o adquirir el libro, poco trabajo podríamos desarrollar como investigadores: sería lento o, en el peor de los casos, lento y costoso. Además, alivia las estanterías de ejemplares que, pasado un tiempo, literalmente están ahí "muertos de la risa". De hecho sé de gente que su biblioteca la echó de casa o que ha muerto sepultada por un alud de libros. No obstante, sostener un libro entre las manos, pasar sus páginas y ver los volúmenes de nuestra colección en los anaqueles tiene algo especial de lo que carece la fría pantalla del ordenador. Bueno, la dirección:
Le propongo un ejemplo (también existe la opción del audiolibro), en concreto, el texto en inglés antiguo del Beowulf:
Por último, la página web de la Asociación Internacional Erich Fromm, una figura clave del pensamiento humanista del siglo XX. La dirección es:
He disfrutado mucho con sus libros y creo estar de acuerdo con todo lo que este autor nacido en Frankfurt am Main el 23 de marzo de 1900 escribió sobre la condición humana y sus problemas. Son clásicos sus obras El arte de amar y El miedo a la libertad, pero creo que el lector no puede quedarse en el conocimiento de esos dos títulos canónicos, sino que podría profundizar un poco más en su obra. Son fundamentales otros libros como Ser o tener, Del tener al ser, Ética y psicoanálisis o su autobiografía Más allá de las cadenas de la ilusión. No obstante, no sé si descreer ahora un poco de su socialismo comunitario humanista, pues existe un obstáculo determinista mayor que hace flaquear su concepto de orientación productiva del hombre y su sociedad. Y éste nos lo está enseñando a diario el conocimiento en el terreno de las llamadas Neurociencias y la Genética. Yo sigo creyendo en los ocho tipos fundamentales de carácter (y sus posibles combinaciones) que defendieron figuras como el filósofo francés René Le Senne. Cada época cambia el nombre de sus enemigos, de sus peores fantasmas; pero la lucha es tan ancestral como el propio hombre. Fromm arrojó algo de luz, de esperanza, proponiendo una salida al determinismo de su época, el freudiniano-marxista: la libertad.
Sed buenos (la maldad es una torpeza propia de imbéciles) y disfrutar de las horas que nos regala la lectura.