Hoy la Biblioteca Nacional cumple 300 años. ¡¡Felicidades!!
jueves, 29 de diciembre de 2011
lunes, 26 de septiembre de 2011
EL BIBLIOBURRO
Hace tiempo abrí por primera vez La biblioteca de noche, de Alberto Manguel. De todas las imágenes que vi en ese libro maravilloso, la del biblioburro fue la que más me llamó la atención. Hoy le explicaba a una profesora de la antigua Checoslovaquia la anécdota de esa simpática iniciativa. Decidí enviarle un enlace a su correo electrónico. Era un vídeo de Youtube. Hoy quise conocer la historia de esa iniciativa y descubrí una historia emocionante.
Don Luis Soriano era un maestro rural que leía cuentos a sus alumnos. Pronto descubrió cómo los libros podían transformar la realidad de los lectores, especialmente la de los niños. Decidió crear el biblioburro, una red de préstamo editorial parecida a nuestro Bibliobus, compuesta inicialmente por 70 volúmenes que portaban dos asnos, llamados con gran acierto cervantino Alfa y Beto. Los dos animales y el buen hombre se acercaban a zonas rurales de Colombia alejadas de una biblioteca. Tras escuchar una lectura de cierta novela de Juan Gossaín, don Luis se puso en contacto con la emisora para pedir un ejemplar de la obra. A cambio recibió un generoso donativo que superaba con creces las espectativas iniciales. Hoy el biblioburro distribuye más de 4000 ejemplares y pronto se terminará la construcción de un pequeño edificio que alojará la primera biblioteca fija de don Luis Soriano. Pueden encontrar más datos en Wikipedia.
Uno siempre busca esa historia sencilla, de pocas páginas, que llegue a muchos lectores y le permita a su incrédulo autor dedicarse finalmente a la escritura, encontrando así su lugar en el mundo; pero la realidad es la mejor narradora: no se puede competir con ella. ¡Qué tipo tan grande, don Luis Soriano a lomos de sus borricos ilustrados! En verdad es Hispanoamérica una Castilla elevada al cuadrado, fecunda, mágica, dilatada, sorprendente, entrañable, trágica y esperanzada. No sé si puede haber una imagen más triste, pobre y humana que la de un hombre arrastrando dos asnos con libros. Con qué alegría corren los niños para pedir un libro cuando ven acercarse a don Luis. Ya le gustaría a más de un profesor ver reflejado un ápice de esa chispa en los ojos de sus abúlicos alumnos. ¿Qué hemos hecho mal en Europa?
Lo más bonito de la historia de don Luis es que no necesita un fiel escudero ni precisa serlo de nadie. Él es, en compañía de sus dos burritos, una epopeya superior, más digna de ser un día contada que la de otros caballeros que por el mundo fueron tras sabe Dios qué. ¡Cuántos horizontes despejados no habrá puesto la naturaleza a su paso! ¡Cuántas estrellas que contar en el firmamento!
lunes, 8 de agosto de 2011
SUCURSALES EN LA TIERRA
Tres revistas interesantes que el lector seguramente conoce: London Review of Books, The New Yorker y The New York Review of Books. La suscripción permite la consulta de todos los artículos publicados. El interesado encontrará textos firmados por algunas de las figuras más relevantes del siglo XX.
Se da la casualidad de que la primera cuenta con una librería en Londres, justo enfrente del Museo Británico. Algún lector la ha identificado con el paraíso. Quien haya tenido la oportunidad de visitarla no considerará que se trate de una afirmación desmedida. Probablemente el cielo admita distintas versiones de sí mismo.
Recibir periódicamente estos ejemplares en nuestro buzón puede convertirse en una de las rutinas más satisfactorias que nos ofrezca la vida, aunque un espíritu rural quizás encuentre excesiva su cuota de frivolidad. Recuerdo una escena de la película El desafío (The Edge, de 1997, con Anthony Hopkins, Alec Baldwin y Elle McPherson): Anthony Hopkins llega con el resto de la expedición a las instalaciones desde la que partirán en breve. El propietario posee una librería repleta de gastados ejemplares de The National Geographic. Me pregunto si tiene sentido apartarse de la gran ciudad y suscribirse a revistas como las arriba mencionadas. Recibir The National Geographic tiene mucho más sentido. En cualquier caso, es agradable sentir la autosuficiencia de una cabaña bien surtida de libros, revistas y mapas.
Un gabinete ideal tendría mesas grandes (son muy útiles las extensibles), buenas estanterías, excelente iluminación, todo tipo de material estilográfico, variedad del mejor papel, archivadores, ordenador con conexión a internet, equipo multifunción y, por supuesto, sillones confortables. La colección bibliográfica debe incluir revistas y atlas (creo que la prensa literaria y la geográfica son un híbrido excelente: una rastrea el mapa humano; otra, el terrestre). No debería faltar, bajo ningún concepto, un apartado para ver cine. Y, hablando del séptimo arte, me despido por hoy: son las 12 y empieza Arriba y Abajo.
miércoles, 8 de diciembre de 2010
LOS DÍAS Y LOS LIBROS
sábado, 15 de mayo de 2010
MILES DE LIBROS (ENTRADA REVISADA)
Bibliotecas llenas de fantasmas (Des bibliothèques pleines de fantômes, Éditions Denoël, 2008), de Jacques Bonnet, es un breve ensayo acerca de los hombres que han dedicado su vida a coleccionar miles de libros. Es también un texto sobre esas inmensas bibliotecas privadas. La primera edición española, publicada por la editorial Anagrama, es de abril de 2010.
La bibliomanía es el término con el que nos referimos al gusto exagerado por coleccionar cientos de títulos. Se trata más de un culto al objeto en sí, a lo material, que a su contenido. De hecho, algunas bibliotecas contienen más volúmenes de los que su dueño puede leer. Por eso se cree que esta afición esconde algún mal psicológico (bibliomanía significa exactamente 'obsesión por los libros'). A mí no me gusta esa consideración y, aunque comparto el criterio, prefiero el nombre de bibliofilia, que es 'el amor por los libros'. Pero, claro, en su exceso reside irremediablemente la enfermedad. Por otra parte, el bibliófilo no amontona pilas de volúmenes, es más selectivo y, sobre todo, focaliza su interés en cierto tipo de libros con unas características muy concretas.
El texto de Bonnet cuenta un montón de anécdotas jugosas. La de Fernando Pessoa, que abre el libro, me ha parecido floja. Tampoco me han interesado los pasajes en los que habla de su biblioteca ni cuando menciona a tantos autores desconocidos. El ensayo se divide en nueve capítulos más el prólogo. "Decenas de miles de libros", "Bibliomanías", "Guardar y ordenar" y "Prácticas de lecturas" me han gustado mucho. "Leer las imágenes" y "Fantasmas de biblioteca" también se leen con placer. Bonnet descubre varios libros interesantes al lector (algunos de reciente publicación): La casa de papel, de César María Domínguez; Cómo hablar de los libros que no se han leído, de Pierre Bayard; La carne, la muerte y el diablo en la literatura romántica, de Mario Praz; Estudios sobre iconología, de Erwin Panofsky o Libros en llamas: historia de la interminable destrucción de bibliotecas, de L. X. Polastron, cuyo título me hizo recordar la obra de Fernando Báez Historia universal de la destrucción de libros.
Me quedo con muchos pensamientos. Citaré cuatro, no necesariamente en orden ni tampoco los mejores:
Sin preparación, sin conocimientos, sin lectura, en arte "no se ve nada".
Sólo la pared de mi dormitorio en la que se encuentra la cabecera de la cama ha quedado siempre libre debido a un viejo trauma: me enteré, hace muchos años, de las circunstancias en las que murió el compositor Charles-Valentin Alkan, apodado el "Berlioz del piano"; lo encontraron muerto el 30 de marzo de 1888, aplastado por su biblioteca.
Siento la necesidad de tener a mi disposición todos los libros y todas las pinturas, músicas o películas como otros tantos elementos de libertad interior.
El libro es la valiosa materialización de una emoción, o la posibilidad de sentirla algún día, y separarse de él sería correr el riesgo de crear un grave vacío.
... ... ... ...
Yo también comparto la idea de que una biblioteca, cuanto más completa mejor, es una garantía para su poseedor, un seguro que da paz al que por naturaleza es inquieto de espíritu y, por lo tanto, tiene un deseo ávido de satisfacer su curiosidad. Ese fervor por el conocimiento, esa imperiosa pulsión intelectual es la que lleva a ciertas personas a rodearse de libros y, con suerte, de personas que le puedan ofrecer una conversación a la altura de su biblioteca. Llenar las paredes de una casa con miles de libros no es una tarea caprichosa: es una de las ocupaciones más entretenidas y fascinantes que conozco.
domingo, 22 de marzo de 2009
LAS BIBLIOTECAS PÚBLICAS Y EL NOBLE ARTE DE LAS CIENCIAS HORTÍCOLAS
Me ha parecido interesante la siguiente noticia publicada en la página web del diario inglés The Guardian: "Time to go into battle to save our world of books". Yo prestaría atención a los datos finales. Al compararnos con las cifras del Reino Unido, uno creería que, sin duda, se cometió un error al publicar los siguientes datos:
There were 328.5 million visits to UK public libraries in 2007/8 compared with just over 345 million in 1997 – almost 20 million fewer visits per year.
En España, según la "Encuesta de hábitos y prácticas culturales 2006/2007", basada en una investigación por muestreo dirigida a dieciséis mil personas (con un margen de error en los datos del 1 %), sólo el 31,2 % de la población española entró en un museo el año pasado. A la biblioteca fue el 17,6 % y a conciertos de música clásica, el 8.4 % (a la ópera sólo el 2,7 %). Si desean conocer todos los datos, pinchen aquí y, si sólo quieren acceder al resumen general del estudio, hagan click en este enlace.
Cuando uno lee el Manifiesto de la IFLA/UNESCO sobre la biblioteca pública y compara los propósitos de ésta con la utilidad que le damos en este país, basándonos en los datos de la encuesta del Ministerio de Cultura, sabiendo, además, que no sólo se acude poco a la biblioteca sino que se compran muy pocos libros, llega a una triste conclusión: España es un país de borregos. El otro día expresó su sospecha José Antonio Marina en un documental emitido en el segundo canal público de la televisión española: si un país paga mucho por un jugador de fútbol, pero invierte poco en comprar buenos investigadores, ¿qué resultado nos ofrece esa balanza? Pues que se trata de un país de idiotas. El programa, emitido en Documentos TV, no está disponible en TVE a la carta, por supuesto (para los cuatro que usan internet en España, nos van a poner un documental... pega más La hora de José Mota o Vivir en tiempos revueltos), aunque hay que reconocer que fue flojo, pero la web del programa nos ofrece un escueto resumen (lo que ya es triste) que puede verse pinchando aquí. La fuga de talentos... ése es un tema interesante para otro día: el gobierno español los forma aquí y, una vez listos para ser productivos, les da una patada en el culo. Gesto del que se benefician los gobiernos extranjeros, que no pagaron un duro por su educación, pero que después de formados, los contratan para que enriquezcan a sus naciones (la de los gobiernos extranjeros, no la de los investigadores, por supuesto).
Las bibliotecas públicas, a criar malvas...
viernes, 6 de marzo de 2009
INTERNET ARCHIVE
Internet Archive es el nombre de un portal norteamericano que aloja miles de documentos académicos: desde los fondos del National Yiddish Book Center (v. tb. aquí) hasta la Orson Welles Shakespeare Collection, pasando por cientos de grabaciones de carácter cultural o películas de todos los tiempos (en este caso, se trata generalmente de avances y adaptaciones antiguas). Personalmente, mi interés por esta página se limita al apartado de los libros. Muy interesante.
sábado, 3 de enero de 2009
LAS VIEJAS BIBLIOTECAS
Cuando al atardecer paseo por la ciudad, las luces de los domicilios demoran mi paso. Entonces me fijo discretamente en el interior de alguna casa. Su dueño quizás ha dejado las cortinas descorridas o las ventanas están parcialmente abiertas, lo que se dice entornadas, para que se ventile la estancia. A veces, si hay suerte, puedo ver la biblioteca. Suele ocupar una habitación de tamaño medio y es un placer cuando todas las paredes están tapadas por un hermoso mueble de madera oscura. Personalmente, las librerías en color blanco me desagradan. En ocasiones, no es frecuente pero aún se ve, las estanterías, que en esos casos no tienen puertas de cristal, se han pintado de verde. Un verde botella bastante alegre. Suelen ser baldas largas, están abombadas por el peso de los libros y estos se han colocado con descuidado esmero y, a diferencia del mueble de anticuario, éstas han sido trabajadas a medida por un ebanista del barrio. Me gustan mucho porque no suelen dejar demasiado espacio entre los anaqueles: es como ver un muro de papel, un muro que no divide, sino que cobija (no obstante, se sabe de casos en los que la librería sepultó a su desgraciado dueño).
domingo, 26 de agosto de 2007
LA HEMEROTECA DIGITAL Y ÁLBUM SALÓN
No es muy necesario afirmar a estas alturas que la Biblioteca Nacional debería ser uno de los edificios de mayor orgullo para las gentes de cada país. Ahora bien: que parte de los fondos de la propia biblioteca se puedan consultar desde casa a través de internet, eso ya me parece novedoso y digno de divulgación.