sábado, 24 de mayo de 2014
EL VALOR DE UNA IDEA
martes, 27 de diciembre de 2011
COMPRAR, TIRAR, COMPRAR... PENSAR
jueves, 28 de abril de 2011
NUEVOS LECTORES DE LIBROS ELECTRÓNICOS
He leído cientos de comentarios en amazon acerca de la fragilidad del Kindle, el libro electrónico que vende en exclusiva el gigante norteamericano. Todas las críticas coinciden en ese punto, además de señalar que el servicio de atención al cliente no suele solucionar el problema [Nota: Al parecer, Kindle no permite modificar el tamaño de los PDFs, otro problema añadido]. Tal actitud ha provocado una gran frustración a los compradores de este lector electrónico. Enfado y decepción comprensibles. También me parece digna de elogio la transparencia de amazon, que permite la publicación de reseñas desfavorables.
La dos únicas alternativas razonables que se me ocurren hoy al modelo DX 3G Graphite (que, de funcionar bien y vender libros en español, sería el mejor libro electrónico del momento) son el Reader PRS-650 Touch Edition (seis pulgadas, 249 euros) de Sony (tiene un leve defecto indicado por varios usuarios en internet: estamos leyendo un texto y decidimos consultar la página de inicio, donde figura la portada del libro; al retomar la lectura, en la pantalla se sigue viendo bajo el texto la imagen del libro, aunque menos nítida) y un modelo nuevo, a la venta, por ejemplo, en las tiendas de la Fnac, llamado bq Avant XL (sin comentarios críticos ni favorables por el momento, nueve pulgadas, 379 euros).
He tenido en mis manos la versión Pocket del Reader (Sony) y me parece demasiado pequeño. El hermano mayor es una maravilla, pero seis pulgadas me siguen pareciendo pocas para leer cómodamente un texto. En cambio, el modelo de bq tiene nueve y la cosa cambia. También es casi cien euros más caro que el de la firma japonesa, un precio excesivo, pero se maneja muy bien, siendo casi tan grande como el Kindle DX. Ese tamaño extra permite la lectura cómoda, aunque se agradecería un lector en DIN A4.
Parece que las editoriales poco a poco van introduciendo parte del catálogo en formato digital. El problema es que la oferta sigue siendo muy pobre y la diferencia de precio con la edición en papel no es muy grande. Si las editoriales no espabilan, al sector le sucederá lo mismo que les pasó a las industrias musical y cinematográfica. Hoy los lectores de libros electrónicos admiten la lectura de PDFs y ya sabemos lo fácil que es escanear un documento en casa. Si, además, podemos guardar estos libros en tarjetas SD y en discos duros externos, el final de muchas editoriales se dibuja en un horizonte inmediato.
miércoles, 27 de octubre de 2010
LA DIGNIDAD DE LAS LETRAS
La Biblioteca Nacional de España acaba de presentar en sociedad un nuevo proyecto cultural llamado "Quijote interactivo". Los responsables han escaneado las ediciones del clásico de Cervantes publicadas en Madrid en 1605 y 1615. A partir de ahora, cualquier internauta podrá consultar gratuitamente el texto íntegro en formato facsímil [pero no sólo eso, pues también se puede ver la página que estemos leyendo en su versión moderna pinchando en "T(ranscripción)]". Se han cuidado detalles de bibliófilo, como el ruido al pasar las hojas del texto, tan real como si tuviéramos en nuestras manos la edición en papel. Se ha incluido información cultural, música, vídeos y una galería de imágenes. Permite hacer zoom en toda la página y hasta se puede imprimir. ¿Quieren probarlo? Sólo tienen que hacer click aquí. La página tarda en cargarse, pero merece la pena esperar un poco.
Internet recupera su dimensión y trascendencia hoy gracias a Cervantes. ¿Acaso merece la red de redes otro uso mejor?
domingo, 4 de abril de 2010
EL CAPITAL HUMANO Y LA DOCILIDAD
El arte nunca es un medio, sino un fin; por lo tanto, la publicidad no puede considerarse una creación artística a pesar de sus méritos estéticos ya que se trata del medio que una persona utiliza persiguiendo un fin comercial: la venta del producto promocionado por el anuncio. Cuando nos muestran un espacio publicitario, la finalidad del mismo arruina el logro artístico porque éste se pone al servicio de otro interés: su belleza es aparente, no hay verdad en su discurso; en realidad, aquél trata de sugerir las mismas emociones que el arte, pero (en todo caso) no para nuestro deleite, sino para convencernos de que debemos poseer el objeto mostrado (entendido como un bien). Esta forma grosera de entender la belleza ("si tienes dinero, compra su belleza y hazla tuya") promueve la sustitución de los valores del ser por aquellos del tener: no soy atractivo, pero tengo una mujer hermosa; soy una persona débil, pero mi coche de lujo me hace parecer alguien poderoso; mi vida está vacía, pero llenaré ese absurdo nihilista comprando productos de la nueva temporada primavera-verano, etc.
Se ha dicho que la publicidad crea necesidades ficticias. Hace poco, un joven empleado en un centro comercial me decía: "Es que todo parece más bonito por catálogo". Compramos pensando que el bien adquirido nos hará felices. No importa el número de veces que nos hayamos sentido decepcionados al comprobar que no se cumplieron las expectativas. La publicidad vende ilusiones y éstas no tienen nada que ver con la realidad. Por eso "por catálogo todo parece más bonito": al final, el comercio termina imitando la consecución de otras pulsiones humanas; se convierte en una necesidad biológica que debemos satisfacer periódicamente. Cuanto más nos sugiera un anuncio, más desearemos la compra del producto promocionado. Dice un refrán alemán "Liebe macht blind", que quiere decir más o menos que el amor nubla nuestro juicio (blind significa 'ciego', es decir, literalmente: el amor hace ciega (a la persona)). Es necesario que la publicidad sea muy sugerente, que realce los atractivos del producto, que nos haga soñar... "¿Te gusta conducir?", reza el eslogan de una industria bávara de automóviles. En ese marco, conducir equivale a la más primitiva necesidad humana. Y ahí radica la grosería: el anuncio sugiere un tácito "pues hazlo solamente con nuestra firma de coches". La publicidad también adoctrina. Al fin y al cabo, es la punta de lanza de una tendencia. La moda convertida en filosofía, en falsa filosofía. No me extraña que el capitalismo no pueda funcionar: éste o la humanidad, no hay otra (y, que yo sepa, sin personas no puede haber capital).
Escribí esta entrada después de ver el vídeo de la nueva cámara digital de Sony. Me pasó algo similar, salvando las distancias, cuando vi la web de la firma Montblanc. Supongo que, a pesar de todo, el ser humano es así: necesita sueños, coches potentes, plumas elegantes y cámaras de vídeo de última tecnología para poder conservar aquellos momentos felices de su vida. Visto de lejos, tiene algo infantil la publicidad, al menos aquélla que no persigue hacernos infelices a todos, la que no nos exclaviza, la que desea promocionar un artículo que no es malo en sí mismo y proporciona algún beneficio. Me inquieta pensar que los publicistas hayan pensado también en eso. "Que nuestros anuncios también les conmuevan para que no se rebelen y sigan dóciles".
domingo, 1 de noviembre de 2009
A VUELTAS CON EL LIBRO ELECTRÓNICO
Si el lector desea familiarizarse con el libro electrónico, además de las entradas dedicadas en este blog al tema (v. aquí y aquí), recomiendo la consulta del siguiente enlace: "La biblioteca que va a ti", proyecto web de la Biblioteca del Instituto de Física y Química "Rocasolano" del C.S.I.C.
jueves, 14 de mayo de 2009
EL LIBRO ELECTRÓNICO (II) - DECEPCIÓN [ENTRADA REVISADA]
Hace unos días escribí una entrada dedicada al libro electrónico. Yo aún no tengo ninguno y, visto lo ocurrido hoy, me temo que no lo voy a comprar de momento. La historia es la siguiente:
Llevo tiempo buscando unos manuales de literatura inglesa. Después de varias búsquedas infructuosas, decidí comprarlos al editor a través de su página web. Cuál no será mi sorpresa al descubrir que existe una edición alternativa al paperback/hardcover: la edición digital o ebook. Compruebo los precios y descubro que, por menos dinero que el volumen en rústica, puedo descargar una copia en mi ordenador. Decido comenzar los trámites, que consisten en dar los datos personales, pagar con tarjeta de crédito y bajar varios programas gratuitos de internet para poder leer el texto con un programa especial de Adobe, el "Adobe Digital Editions". Todo me lleva menos de diez minutos.
Hasta ahí todo bien. El problema es el siguiente: el sistema sólo me premite un número limitado de licencias, así que, si decido cambiar varias veces de ordenador o libro electrónico, corro el riesgo de quedarme sin biblioteca electrónica en menos de quince años. ¡No me parece tan rentable!
Otro gran problema: la impresión del texto en papel. Cada editor marca unas reglas distintas. Éstas van desde impedir la impresión de una sola palabra hasta la posibilidad de pasar todo a papel. En el caso de Cambridge University Press, sólo se permite imprimir veinticinco páginas en un plazo de treinta días. ¡Ridículo!
Otro fallo: el corta y pega no funciona bien (todas las palabras aparecen sin espacios en la hoja de Word).
Y, ahora, la locura... Animado por la compra (en realidad, al imprimir el texto, uno puede escanear las hojas y guardarlas después en un pdf, lo que obliga al usuario a tomarse su tiempo, pero es una solución al problema de la única licencia por descarga), decido buscar otro volumen de la editorial inglesa. Comparo los precios y no doy crédito: la edición en rústica (paperback), 15 libras; en tapa dura (hardback), 40 libras; libro electrónico (o eBook format), ¡¡60 dólares!! La edición electrónica, curiosamente, siempre se paga en dólares norteamericanos. Primero, no entiendo cómo es posible que un trozo de cartón duro suponga un incremento de veinticinco libras respecto de la edición en tapa blanda (ni el mejor hilo vegetal lo vale, si es que en la de rústica el lomo se pega con cola); y, segundo, ¿por qué la edición digital cuesta tanto?
Son numerosas las quejas de los lectores ingleses y norteamericanos, que ya vienen avisando de los injustificados precios que sus editoriales piden a los clientes por las ediciones en formato electrónico. Se me ocurren dos razones:
La editorial quiere hacer su agosto o no le interesa la versión ebook. Mil unidades de un libro de trescientas páginas, sin ilustraciones en color excepto la portada (plastificada), de trescientas páginas y cosido en hilo vegetal cuestan 6000 euros. Cuando la edición es mayor, el coste por libro disminuye. Pensemos que el editor no quiere arriesgar en la primera tirada, así que sólo manda editar mil ejemplares. Eso supone que los gastos de imprenta por cada libro ascienden a seis euros. El distribuidor pide el 60% del precio de venta al público, que reparte a medias con el librero. El autor no suele ganar más de un 12%. Con estos datos, sabemos que el editor gana aproximadamente un 40%, de lo que tendrá que restar los gastos de imprenta, Seguridad Social, Hacienda, etc. No le extrañe a nadie que, con estas cifras en la mano, un libro de bolsillo cueste hoy más de 20 euros.
Ahora bien, si el libro electrónico no necesita pasar por una imprenta, el editor no precisa que se distribuya nacionalmente ni que se venda en librerías, ¿cómo se justifica que la edición para los ordenadores sea casi tan cara como la de tapa dura en papel? Y ahí iba yo con lo de "la editorial quiere hacer su agosto o no le interesa la vesión ebook". Sin apenas gastos, pagando lo mismo al autor (que, a todo esto, es el artífice de que exista una rentable industrial editorial), los sellos ganan más y pagan menos. De paso, logran que el ebook se vea impopular, de forma que el lector lo rechazará y volverá al papel (apartando al consumidor de la "temible" versión electrónica, cuyo sistema anticopia vulnera sin problemas cualquier experto), que es lo que más le interesa a aquéllas, pues siguen ganando mucho dinero con el sistema tradicional y, además, continuarán recibiendo pingües beneficios derivados de las subvenciones estatales.
Visto el alarmante abuso que hacen las editoriales hoy, desconfío mucho de que el futuro de la lectura pase por la pantalla de un dispositivo informático. El problema es que a las editoriales se les acabe el chollo y, ante el atropello que cometen con el consumidor, éste se la devuelva en forma de textos fotocopiados, lectura en bibliotecas o, sencillamente, obviando su catálogo.
Ver para creer. Pinchen aquí y comparen los precios ustedes mismos. Otra cosa que no comprendo: ¿por qué en la misma colección unos ebooks son tan caros y otros tienen un precio mucho más asequible? ¿Por qué de algunos títulos sólo se edita la edición en tapa dura, que es prohibitiva para la mayoría de los bolsillos, y no se hace otra en rústica?
Si los lectores estamos en manos de comerciantes mezquinos y usureros, mal vamos... Para nosotros el estudio es como el aire. El acceso al conocimiento debería resultar menos costoso. ¿Qué podemos hacer si sólo tenemos derecho a ocupar trabajos precarios y eso en el mejor de los casos? ¿Quién invertirá en cultura si los precios de los libros están por las nubes y el hermoso sueño de una biblioteca total a precio asequible se desvanece un poco más cada día?
domingo, 10 de mayo de 2009
EL LIBRO ELECTRÓNICO (I)
Parece inminente la implantación del libro electrónico en España. Los precios no son asequibles, pero bajarán. Actualmente existen distintos modelos. Estos son los principales:
Kindle, de la empresa americana Amazon. Acaba de salir su versión DX, que mejora mucho a las anteriores.
Reader Digital Book, de la japonesa Sony. En el enlace se puede ver el último modelo.
iRex Technologies comercializa varios lectores: iLiad, que acaba de evolucionar (el nuevo dispositivo se llama iLiad 2nd Edition), y la serie iRex Digital Reader 1000 (existen dos modelos principales, aunque luego se puede encontrar otro con conexión sin cables). Posiblemente, el iRex Digital Reader 1000SW es el mejor e-book del mercado hoy.
La francesa Bookeen ha lanzado su Cybook Gen3. Al igual que el modelo de Sony, el modelo galo ofrece una pantalla más pequeña que sus competidores: sólo seis pulgadas, lo que reduce mucho el espacio de lectura para mi gusto.
Jinke es una empresa china fundada en 1985. Se dedica al desarrollo de libros electrónicos desde su comienzo. Merece la pena conocer mejor esta compañía asiática. En su web puede leerse lo siguiente:
Tianjin Jinke Electronics Co., LTD founded in 1985, is a high-tech joint-owned enterprise, which cooperates with Nankai University and the Hong Kong Proud Growth Group. Jinke Company is located in Tianjin New Technology Park. It has nearly 200 staff with ninety-five percent holding post-graduate degrees and with twenty percent holding Masters and Doctor Degrees. Jinke Company devotes itself to the research and development and manufacture of electronic book device-eReader. Jinke is the first one of the leading national software companies to be credited with the ISO9001 Quality System Certificate and it is a global leading eReader manufacturer.
Su modelo actual es el Hanlin eReader V3, pero próximamente comercializará la serie V9, que aportará numerosas mejoras y se perfila como uno de los mejores libros electrónicos.
Existen (o existieron) otros modelos, como el de Seiko-Epson (que no veo por ningún lado en sus páginas web oficiales), o el de Fujitsu, que propone un aparato con pantalla a color y tiene un precio prohibitivo.
Los precios varían entre los doscientos cincuenta euros y los setecientos. Cada uno tiene sus particularidades y es decisión última del usuario ver qué modelo le resultará más conveniente comprar. Hoy, incluso el e-book más económico, todos los ejemplares resultan caros. Con el tiempo resultarán más económicos, por supuesto, y también se perfeccionarán: así ha sido siempre en el sector tecnológico. El libro electrónico no iba a ser una excepción. Por ahora, el mayor problema que veo es la escasa oferta editorial dirigida a este formato. Si el e-book va a implantarse en España, la política comercial de la industria del libro debe dar un giro de ciento ochenta grados. Pondré un ejemplo: ahora ya es posible descargar en un libro electrónico cualquier título de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes o de la web Project Gutenberg. Sin embargo, el usuario de e-book no tiene a su disposición las ediciones críticas de ninguna editorial española. Entonces, si lo que el lector desea es manejar la edición de El Quijote que don Francisco Rico publicó en Crítica y que ahora está disponible en Galaxia Gutenberg o El lazarillo de Tormes según la edición de doña Rosa Navarro Durán en Octaedro, no le queda otra que usar la publicación en papel de los respectivos sellos editoriales. Ahora bien, si cualquier libro publicado en papel se pudiera encontrar en formato digital (y, sobre todo, a un precio mucho más económico), la cosa cambiaría.
Yo creo que podría haber tres formatos de libro electrónico: el primero, de bolsillo, para leer literatura en cualquier sitio; el segundo, un formato similar al DIN A4, para además manejar mapas o leer periódicos y revistas, y el tercero, el de mayor tamaño, con un objetivo multiuso (por ejemplo, podría crearse un DIN A3 partido en dos, destinando la pantalla de la derecha a lectura y la de la izquierda a consultas relacionadas o no con dicha lectura: definiciones, mapas, contenido enciclopédico, acceso a internet, anotaciones personales, etc.). Con el tiempo, probablemente, la utilidad del libro electrónico se multiplique, convirtiéndose en algo similar a un portátil. Yo, sin embargo, preferiría que éste se limitara a servir de instrumento de lectura.
Sería un enorme triunfo tener en un dispositivo tan pequeño la biblioteca total que ha producido el ser humano. Este aparato puede convivir perfectamente con el libro en papel. Yo prefiero éste a cualquier otra aproximación; no obstante, las ventajas del libro electrónico son evidentes: ahorro energético y de espacio, acceso inmediato e ilimitado a cualquier texto, comodidad para el estudio y la posibilidad de aprender más en menos tiempo, favorece la higiene, se reducirán los costes (así más gente podrá acceder a la cultura escrita), entre otras.
Problemas que veo al e-book:
- Que las editoriales no reduzcan el precio de los libros o que algunos textos sólo se puedan adquirir por un tiempo limitado.
- Que las empresas tecnológicas nos vendan un sistema actualizado cada poco tiempo y dejen los modelos viejos obsoletos en cuatro días (ahí tenemos el ejemplo vergonzoso de la informática o los teléfonos móviles).
- Que leer en una pantalla de tinta electrónica SÍ afecte a nuestra vista (al menos a largo plazo) igual que las pantallas LCD/TFT decían que no perjudicaban a los ojos y SÍ lo hacen (a corto y largo plazo).
- Que descargar los textos en nuestro lector resulte complicado o haya que resolver un trámite con un tercero (ejemplo: Kindle DX y los envíos a correo electrónico para bajarnos documentos en formato pdf), lo que podría suponer una vulneración de la privacidad del contenido de dicho documento.
- Que se rompa el aparato con facilidad y ¡adiós biblioteca! También contemplo la posibilidad de hurto.
- Que el modelo escogido sea incompatible con algunos tipos de almacenamiento y/o visionado de textos e imágenes. Se podría evitar si los técnicos desarrollan un sistema que convierta cualquier tipo de archivo en uno estándar para e-books, vamos, con un conversor.
Para ir acabando, si tuviera que diseñar mi libro electrónico ideal, pensaría en un formato de lectura similar al DIN A4 (escondería en una plataforma interior el teclado), con una pantalla lo más inocua posible para la vista, que permitiera aumentar y disminuir el tamaño de la letra sin distorsionar los textos con gráficos, con varias baterías (para alargar lo máximo posible la vida del e-book hasta la siguiente recarga) y capacidad para manejar varias tarjetas de memoria al mismo tiempo (así podría portar más libros), que tuviera conexión inalámbrica a internet, que permitiera la lectura de revistas y periódicos, con una contraseña de acceso para mejorar la seguridad del aparato, fabricado contra desperfectos producidos por golpes y arañazos en la pantalla, económico y duradero, con acceso a cualquier texto publicado hasta la fecha (gratis si el libro/revista no tuviera derechos de autor o a un bajo precio en caso de tener que comprarlo en una librería), que permitiera anotaciones con un teclado externo o con un lápiz, que leyese el texto escrito para que el usuario pudiera escucharlo por un altavoz o a través de unos cascos (ideal para personas ciegas o con problemas visuales), con un potente buscador (autor, título, editorial, colección, ISBN/ISSN, palabra clave, tema, etc.), que permitiera tener abiertos varios libros al mismo tiempo (igual que el sistema de ventanas de Internet Explorer, por ejemplo) y, por supuesto, que, para una vez que nos pusiéramos a hacer algo, el mejor modelo se fabricara en España.
Casi todo lo apuntado ya existe o se estará haciendo posible ahora. El mayor escollo, no obstante, será convencer al sector editorial de que ponga todo su fondo en versión electrónica. El futuro de nuestro planeta está en juego y la industria del papel juega un rol importantísimo. No nos vendría mal frenar la deforestación del Amazonas. Si lográramos este paso, mucha más gente se animaría a leer. Un libro electrónico no se ensucia, no ocupa lugar, no pesa, todas las hojas se leen perfectamente (esos márgenes interiores que no hay ser humano que los lea a veces...), el cuerpo de letra se adapta a nuestras necesidades, las páginas se leerán mejor porque una pantalla DIN A4 es más del doble de grande que la caja del texto de la mejor edición de cualquier clásico literario en papel, se puede subrayar o anotar a antojo y luego borrar sin dejar huella... ¿no sería el instrumento soñado por cualquier lector?