Mostrando entradas con la etiqueta Cine (ciencia ficción). Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Cine (ciencia ficción). Mostrar todas las entradas

viernes, 20 de marzo de 2015

ME LO PONE LÍQUIDO, POR FAVOR


Paidós acaba de publicar Ceguera moral. La pérdida de sensibilidad en la modernidad líquida, de Zygmunt Bauman y Leonidas Donskis. El título original se publicó en inglés en 2013. Debemos al primero de los autores el concepto de modernidad líquida, que podría considerarse esa ausencia de valores sólidos del hombre actual, inmerso en la vana búsqueda de una satisfacción plena, una especie de egoísmo radical. Supe del concepto cuando, hace un par de años, cayó en mis manos un ejemplar de Amor líquido. Acerca de la fragilidad de los vínculos humanos. ¿No cree, lector, que es un título muy inspirado, casi lírico? Su argumento, por el contrario, resulta demoledor. 

Hemos convertido la amistad y los afectos en algo que se puede manosear un rato y luego tirar al contenedor de basura. 

El Poder Judicial de España publicó su informe sobre las demandas de disolución matrimonial en 2014. La tabla con los datos puede consultarse en la propia web de la institución. En total, se iniciaron 133.441 demandas el año pasado. Se cree que este año aumentará el número de rupturas. La pregunta es, entonces, ¿para qué diantres se sigue casando la gente? Porque le hace ilusión, obviamente.

Recuerdo ahora los versos dedicados al mar en Diario de un poeta recién casado. Como un océano enfrentado a sí mismo, pero por desgracia muy distinto al que escribió JRJ, veo yo esta sociedad pueril y caprichosa en la que nada es ya lo que parece, pues en nada puede uno poner su confianza y a duras penas sobrevive nuestro herido corazoncito, intentando no ahogarse llevado por la marea lejos de la anhelada tierra firme. Quizás estas palabras despierten en usted el deseo de ver nuevamente Waterworld y descubrir una lectura insospechada de tan (injustamente) vapuleado largometraje.

viernes, 27 de febrero de 2009

SUNSHINE

Hoy he visto Sunshine (2007), del director inglés Danny Boyle, recientemente oscarizado por su película Slumdog Millionaire. La primera es una cinta de ciencia ficción. Se supone que, en el futuro, el Sol se apagará progresivamente. Por lo tanto, la superficie terrestre se congelará, haciendo la vida imposible en nuestro planeta. Para solucionar el problema, se envía una nave con una carga explosiva que reactivará el núcleo solar (se dice algo como "una nueva estrella nacerá en el interior de otra"... en fin, ni idea). El caso es que la tripulación del Ícarus fracasa en su intento y no se vuelve a saber de ella. Se decide enviar una segunda nave, en este caso se llamará Ícarus II. A bordo, seis hombres y dos mujeres.

...............

Si he de ser sincero, poco más importa saber. Todas las películas del género funcionan igual. Los espectadores renuevan inocentemente su capacidad de sorpesa, su deseo de aventura y, una vez más, crean un vínculo con los protagonistas, haciendo suyos el miedo y la angustia de saber que se alejan de casa y que quizá no puedan volver a ella. La colosal Ícarus II es un puntito en mitad de la nada, una mota insignificante acercándose al Sol, pero en ella la humanidad ha confiado la suerte de su destino. Eso, para nosotros, es mucho.

...............

Querría destacar el mensaje de estas películas: el valor del sacrificio, del que da su vida por los demás. ¿Reflexionará el resto que se salva si es digno de merecer ese honor? Y, al fin y al cabo, largometrajes como Sunshine me hacen pensar si vivimos plenamente.

...............

Robert Graves no explica bien el significado de Ícaro (hay varios pasajes de Los mitos griegos en los que uno no entiende nada si no es poco menos que erudito en la materia, lo que me parece un desacierto por parte del autor). Quizás el interesado encuentre una explicación mucho más asequible en alguno de los espléndidos ensayos de Mircea Eliade, quien no le va en zaga al autor inglés. Básicamente, el mito cuenta la historia de Dédalo, arquitecto que crea un ser a petición de Pasifae, la mujer de Minos, rey de Creta, y luego diseña el laberinto donde aloja a la criatura, que no es otra que el célebre Minotauro. Dédalo y su hijo Ícaro son encerrados por Minos como castigo, pero aquél crea unas alas para escapar de su prisión. Aunque el padre previene a Ícaro para que no vuele demasiado alto, pues el Sol quemaría la cera con la que se han construido las alas, ni tampoco demasiado bajo, pues las olas del mar mojarían las plumas y la humedad le impediría seguir volando, éste comienza a ascender fascinado por el fulgor del astro hasta que su luz quema las alas y cae al agua, donde muere. Se dice que este mito pretende enseñar cuáles son nuestras limitaciones. El Sol sería el conocimiento. Todo aquél que ambicione ir demasiado lejos, fracasará en el intento y lo pagará con su vida. Ícarus II viajará al mismo centro del Sol, lo que supone una arrogancia y un atrevimiento por parte del ser humano y, si seguimos el hilo del mito, su supervivencia en la Tierra le va en el intento. La película se deja ver, aunque considero innecesario el giro que el guionista da a la cinta hacia la mitad. ¿Logrará el Ícarus II completar satisfactoriamente su misión? ¿Qué precio nos impondrán los dioses?

domingo, 28 de diciembre de 2008

SOYLENT GREEN


Soylent green fue el título de una película norteamericana producida en 1973. En España se llamó Cuando el destino nos alcance. Está protagonizada por un acertadísimo Charlton Heston, una joven Leigh Taylor-Young y Edward G. Robinson, que fallecería al poco de terminarse el rodaje de la cinta. Este último cambiaría de registro en su última interpretación y, lejos de ser el tipo duro que representó incansablemente en la década de los 30 y 40, interpretará ahora a un anciano bueno y sabio que descubre una verdad demasiado difícil de sobrellevar.

..........

La película se convirtió en una obra de culto para los aficionados a la ciencia-ficción, las distopías literarias y sus versiones cinematográficas. Hay momentos en que recuerda a Fahrenheit 451, por ejemplo, el interior de la casa de los protagonistas, donde estudia Sol Roth cualquier viejo libro que llegue a sus manos, se parece a la biblioteca de la mujer que fallece en el incendio de su casa hacia el final de la obra de Truffaut.

.........

No faltan en nuestro tiempo, en nuestra generación, películas que recrean una final más o menos apocalíptico, desastroso o, en el mejor de los casos, desapacible. Estoy recordando títulos como Soy Leyenda, La isla, Gattaca, Paycheck o la última versión de El planeta de los simios; sin embargo, si exceptuamos títulos como Madmax (y ya tiene sus añitos, la verdad [Nota del 1/1/2009: Por supuesto que tiene sus añitos, como que es de la quinta de Soylent Green]), la primera entrega de Matrix o alguna rara excepción, ¿pueden compararse, indistintamente de que los libros en los que estén basados sean (o no) excelentes, con aquellos clásicos de hace tres o cuatro décadas? ¿Se convertirá Matrix en una obra de culto pasados veinte años? No sabré contestar a esa pregunta. Puede que el cine de los setenta tampoco se recuerde entonces de la misma forma que hoy cayeron en el olvido grandes películas de hace treinta años (y, por mucho que se esfuercen diarios españoles como LA RAZÓN o ABC al rescatar semanalmente los mejores clásicos a un precio ridículo, cuando no gratis, para sus lectores fieles, siguen sin interesarnos). Siempre habrá excepciones, por supuesto, pero es innegable que los gustos cambian y ciertas tendencias cinematográficas terminan cansando al más correoso amante del séptimo arte.

En cualquier caso, quédense con este título y, por qué no, regálenlo y regálenselo para Reyes. Siempre es agradable compartir de madrugada una película como ésta en compañía de un ser querido y un buen chocolate a la taza. La felicidad y el horror van de la mano. Hay sensibilidades a las que les podrá ofender este largometraje (no quieran conocer el argumento: es mejor seguirla sin mayor conocimiento de la trama). Tampoco se trata de Holocausto caníbal, aunque estoy seguro de que la analogía le hará sonreír a más de un malicioso cinéfilo. En fin, después de ver cómo decapitan a un ser humano en las noticias de las 3 sin aviso ni censura, ¿qué ridícula hipocresía puede hacernos creer que al ciudadano occidental aún hay imágenes o historias que le quitan el apetito o le revuelven las tripas? En cierto modo, yo creo que ya vivimos en alguna distopía. Algún infeliz biólogo, con más miopía que soberbia, considera que la mayor de todas es haber nacido: Dios no existe, la vida carece de sentido, la conciencia humana es un error evolutivo... en fin, una alegría. Supongo que el buen hombre no renunciará a su paga de Navidad. Como buen hipócrita, claro. Porque el tío se lo ha currado, eso hay que reconocérselo.

domingo, 18 de marzo de 2007

TEATRO, NOVELA Y CINE

María Mercedes Romero Peña puede ser considerada la voz más autorizada sobre el teatro español de las primeras décadas del siglo XVIII. La Fundación Universitaria Española acaba de publicar una parte de su impresionante tesis doctoral. El libro se titula El teatro en Madrid durante la Guerra de Independencia, 1808-1814. Mis mejores deseos de futuro para esta prometedora joven.

... ... ...

Un par de novelas/autores para (re)descubrir a partir de la semana que viene:

Herman Hesse: Bajo las ruedas

La crónica de una estancia en el infierno y el final trágico de una joven vida. Otros libros del autor: Siddhartha, Demian, El lobo estepario, Leyendas medievales, El último verano de Klingsor, Peter Camenzind o El juego de abalorios. Herman Hesse nació hace ciento treinta años, el dos de febrero de 1877 en Calw (sur de Alemania). Hijo de una familia de misioneros protestantes, el éxito de Peter Camenzind en 1903 le permitió vivir con independencia económica. Vivió cerca del Lago Constanza y viajó a la India. Su obra tiene algo de autobiográfico y los protagonistas de sus libros, un trasunto de sí mismo, una especie de alter ego del autor. La búsqueda del yo, el contacto con la naturaleza y la sociedad hostil son constantes de su literatura. En 1946 recibió el Premio Nobel de Literatura. Sus acuarelas son celebradas por su colorido y delicadeza, y acompañan páginas imperecederas del propio Hesse. Fue un hombre de fuerte personalidad. Nunca dejó sin contestar cada una de las cartas que le llegaban diariamente a su domicilio. Falleció en Montagnola, Suiza, el nueve de agosto de 1962. Herman Hesse es uno de los autores alemanes más leídos de todos los tiempos. Gunnar Decker escribió un ameno diccionario sobre la vida y la obra del autor titulado HESSE-ABC. Lo publicó la editorial Reclam en 2002. Existe un portal en internet dedicado a la memoria del escritor. Facilito la versión en castellano: http://www.hermann-hesse.de/es/

Joseph Roth: La leyenda del santo bebedor

Joseph Roth escribió esta novelita en 1933. Se la considera su testamento autobiográfico y literario. Nació en Brody, actual Ucrania, en 1894. Falleció en París a finales de mayo de 1939 sin conocer los horrores de la II Guerra Mundial, pero habiendo condenado los excesos del régimen nazi. Dio cuenta de ello en sus artículos de prensa. Hoy se han recogido varios volúmenes en los que denuncia abiertamente los crímenes de la Alemania hitleriana y de su dictador: El Anticristo, El juicio de la historia o La filial del infierno en la tierra son buenos ejemplos. Relató a sus contemporáneos el ocaso de una civilización y el final de un orden social: la caída del imperio austrohúngaro. Lo que le sucedió fue la banalización del mal y la democratización de la vulgaridad. Los lectores del autor recordarán breves piezas como Confesión de un asesino, Hiob o sus célebres Marcha Radetzky y La cripta de los capuchinos. Podríamos acabar estas líneas afirmando: Joseph Roth o el triunfo de la melancolía.

Naguib Mahfuz: El ladrón y los perros

Sorprenderá a muchos que, pasados un par de meses de la muerte del Premio Nobel egipcio Naguib Mahfuz, aún no se haya hecho eco de la noticia ninguna publicación especializada de nuestro país y que no se le haya rendido ningún homenaje. A la espera de que llegue y se le haga justicia, hoy recomiendo a los lectores de EL BLOG ILUSTRADO un par de novelas del autor: El ladrón y los perros está basado en un hecho real que conmocionó a la opinión pública de El Cairo; El callejón de Midaq (o de los milagros) narra la historia de las gentes de un viejo callejón de la gran ciudad egipcia, sus miserias, aspiraciones, sueños y desdichas. Esta última novela es un fresco mosaico de los fondos de El Cairo: sus personajes perduran en nuestra memoria vívidos y reales como la triste vida que les tocó vivir (el tipo que lesiona las extremidades de los mendigos para que puedan ganarse la vida pidiendo una limosna que luego pasa él mismo a recoger, la joven muchacha que sueña con un futuro de lujo y termina prostituyéndose para el proxeneta que le había prometido medrar, el dueño del antiguo bazar y sus sueños de enamoradizo frustrado, el barbero Abbas...). Quizá de menor consideración sean, entre otras, El café de Qushtumar, a donde acuden cuatro viejos amigos para hablar sobre el paso del tiempo y cómo les fue en la vida; Amor bajo la lluvia o La guerra de Tebas. La llamada Trilogía de El Cairo le valió al autor reconocimiento mundial como el gran narrador de la literatura en árabe de nuestro tiempo. Amenazado de muerte por considerarle hereje un grupo extremista, vivió recluido en su casa durante el final de su vida. Falleció el treinta de agosto de 2006 a los noventa y cuatro años de edad en su ciudad natal. El Cairo ha enmudecido con su pérdida. La literatura de nuestro tiempo, también.

Ray Bradbury: Fahrenheit 451

Tres novelas fundamentales del siglo XX con un denominador común: 1984, Fahrenheit 451 y Un mundo feliz. En una sociedad futura, los bomberos ya no apagan incendios, sino que los provocan. Leer se ha convertido en una actividad ilegal y los libros son pasto de las llamas. Algunas personas esconden bibliotecas en sus casas y los hay que viven libres en el bosque: cada uno de estos ha memorizado un libro y se les conoce por el título y no por su nombre de pila. La historia narra la conversión de Montag, un joven bombero que un día decide pasarse al bando contrario cuando descubre la pasión de la lectura que le había sido arrebatada por un estado que le privó del derecho a decidir bajo el supuesto de que la lectura hace infelices a las personas. El resultado es un mundo aséptico cuyo principal pasatiempo es ver la televisión interactiva que cuelga de todas las paredes de la casa. Algunos de los pasajes de este libro son antológicos. François Truffat llevó al cine esta poderosa novela con gran acierto y fidelidad.

Christopher Isherwood: Adiós a Berlín

Bastaron dos novelas al inglés Christopher Isherwood para convertirlo en un escritor de culto y de éxito mundial. Adiós a Berlín está inspirada en la estancia del autor en la capital alemana antes de los trágicos años de la II Guerra Mundial. Berlín está presente en los personajes, ahorrándose el autor la topografía de las avenidas y parques de la harapienta ciudad a excepción de un par de ocasiones, sobre todo cuando describe la zona elegante donde reside uno de sus alumnos adinerados. El señor Isherwood vive en la casa de Frau Schroeder, donde siempre falta comida y hace un frío espantoso. Allí convive con otros inquilinos: la cantante bávara Fräulein Mayr, Frau Kost... Sin embargo, Isherwood hará amistad sincera con la joven Sally Bowles, quien se enamorará de él y con quien pasará todo el tiempo. Otros personajes entran en escena, pero es la relación de Sally y el autor la que da sentido a la novela. Una adaptación musical de Adiós a Berlín se llevó al cine: la oscarizada Cabaret. Si Truffaut acertó con su versión de Fahrenheit 451, no menos éxito cosechó Bob Fosse con su versión del clásico inglés. Liza Minnelli, Michael York y Helmut Grien dieron forma a tres protagonistas eternos, la forma exacta de los sueños.

John Kennedy Toole: La conjura de los necios

Ignatius Reilly es, por derecho propio, uno de los protagonistas literarios de la novela norteamericana del siglo XX. Eso a pesar de que los libros no debieran adscribirse a ninguna corriente literaria ni agruparse en función de caprichosas diferencias políticas o idiomáticas: el escritor escribe al margen de dichas consideraciones. Pero resulta cómoda su ubicación si concedemos validez al protocolo académico e historicista. Bueno es aceptarlo, aunque tampoco le demos demasiada validez. Consideraciones metaliterarias aparte, fue la madre del autor, de John Kennedy Toole, quien se puso en contacto con Walker Percy para que leyera la novela que había escrito su difunto hijo. Lo que continuó fue la crónica de un éxito editorial y de crítica sin parangón. El contenido de la novela tampoco permite establecer comparación alguna. La comedia, que poco a poco se nos atragantará como un nudo en la garganta, deviene en tragedia. Texto autobiográfico de un joven que terminaría suicidándose en 1969 a los treinta y dos años de edad; tal vez sus páginas recojan aquello que no supo decir a su madre, una forma de justificación, un "yo acuso" a la sociedad que le tocó en desgracia soportar. John Kennedy Toole también es autor de otra novela: La biblia de neón.

Libros, libros y más libros... A nosotros nos es tocado pasar, ellos perdurarán. A veces, mirando a través de la ventana, me gusta soñar con las generaciones venideras, ilusionarme fútilmente con todo lo que un día mis ojos no verán. ¿Cómo recibirán nuestros biznietos el legado que hoy transmitimos a nuestros hijos? ¿No pensaron que somos el fruto de la ilusión de miles de generaciones? ¿Imaginaron los días que vivió un ancestro ignoto, tal vez una tatarabuelo? Tan lejano y misterioso, tan determinante y cercano. Nosotros, que somos textura tejida por los hilos de la Historia, pasaremos... Disfruten, queridos amigos de EL BLOG ILUSTRADO, de sus días. Nos volveremos a ver por aquí en breve: dicen que hay vida más allá de los cincuenta centímetros que me separan de la pantalla del ordenador. Ahora deseo redescubrir el barrio y quizás haga una incursión al centro de la ciudad. Hasta el jueves.

viernes, 23 de febrero de 2007

LA TEMPERATURA A LA QUE ARDE EL PAPEL


Debo a la atenta curiosidad de un buen amigo venezolano la sorprendente noticia de que las personas que incendian bosques son luego incapaces de prender fuego a un libro; es más, sufren si piensan en dañarlos. Me narraba el hecho de un interno al que su psiquiatra le había permitido hacerse con varios volúmenes para su consulta personal: “Imagínate: la biblioteca de un pirómano”, concluía.

El DSM-III introdujo un grupo de patologías mentales que llamó «trastornos del control de los impulsos». El cuadro incluye la piromanía, la cleptomanía, el juego patológico, el trastorno explosivo intermitente y la tricotilomanía (de esta última me gustaría escribir otro día). Hoy nos detendremos en la piromanía. Julio Vallejo Ruiloba, en su libro Psiquiatría para no expertos, escribe a propósito de ésta:

“Se desconoce la prevalencia y la causa, que probablemente es polifactorial (factores educativos y ambiente familiar, fijación plaquetaria de serotonina, personalidad especial -búsqueda de sensaciones- y sistema dopaminérgico)”

La persona que sufre este mal siente un impulso que exige el cumplimiento de su necesidad: incendiar. Lo que me llama la atención es que aquélla sea luego incapaz de doblar la página de un libro, mucho menos de quemarla. Es un misterio por ahora, pero no deja de resultar paradójico.

La anécdota me recordó que existe un librito escrito por Ray Bradbury titulado Fahrenheit 451. Su historia nos habla de una sociedad en la que está prohibido leer. Montag, el protagonista, es un bombero, pero su cometido no es apagar fuegos, sino quemar libros. No obstante, un día sentirá curiosidad por leer uno y entonces su vida cambiará.

Existe una versión cinematográfica llevada al cine con gran acierto por el director François Truffaut y protagonizada por Oskar Werner (¿Recuerdan Las sandalias del pescador?) y Julie Christie, que hace el papel de la mujer de Montag y el de una joven que seduce a éste y le invita a leer.

Tanto el libro como la película pueden considerarse dos obras maestras del pasado siglo XX. Hoy es viernes: todos tenemos un largo fin de semana para disfrutarlas en compañía de los seres queridos o en la bendita soledad de cada uno. Yo, en los hábitos de mis lectores, no entro.

Portada de la edición española y carátula del largometraje



Montag con sus compañeros de trabajo y, poco después, descubriendo la felicidad en la lectura clandestina de David Copperfield



Montag estudiando diversos volúmenes en su hogar y hablando con Mildred, la mujer de éste, sobre el valor del contenido de los libros tras ser descubierto por ella



Montag, con su superior, momentos antes de quemar una biblioteca, y la dueña de los libros, que se hace prender antes de ver cómo los bomberos le arrebatan sus preciados libros ¿Recuerdan aquello de "Allí donde queman libros, terminan quemando hombres"?



Al final del libro, Montag huye al bosque, donde hay personas que se las conoce por el libro que han memorizado. En las dos instantáneas, las Crónicas marcianas del propio Bradbury y una interesantísima edición de la República de Platón